La columna de Julieta Dorio - 30/05/16

Símbolos, Memoria y clausuras

Iconoclastas

Texto:


Escribe Julieta Dorio

Escuchá la columna completa – 30/05/16

 

Iconoclastas

Como si no bastara con el desempleo exponencial de diciembre pasado a esta parte… Con el tarifazo en todos los servicios de uso común… Con los DNU que usaron para barrer leyes… Con la censura a periodistas… Con la clausura a la cultura… Con tildar al 49 por ciento del pueblo de grasas, ñoquis, kukas… Con bailar y hacer karaoke en el balcón de Perón y Evita… Con silenciar las cuentas del presidente “aparecidas” en los Panamá Papers… Con revisarnos las redes sociales… Con las listas negras… Con el incremento de la pobreza…Con las causas inventadas por el Partido Judicial… Con que los sindicalistas se hayan abierto de gambas y abandonado a los trabajadores por abultar sus bolsillos… Con la represión… Con el cierre de un departamento clave para asegurar el no adulterio de las muestras de sangre de posibles nietos apropiados por la última dictadura cívico clérico militar… Con los genocidas condenados que ahora gozan de prisión domiciliaria… Con los CEOs aterrizando en carteras ministeriales…

Como si todo eso (y mucho más) no bastara… Vienen por los símbolos. Por la memoria.

Comenzaron con la idea de cambiar los billetes. Cambiar figuritas… ¡Te cambio un prócer por un animalito! ¡Qué lindooo! ¿Quién puede decir que un animalito es feo, no? Hay que despolitizar, porque la política hace a la grieta…

Después bajaron los cuadros de la Casa Rosada y retiraron los bustos. Llamaron a deskirchnerizar el Centro Cultural Kirchner y lo convirtieron en un lugar de recreación para fiestas privadas pagas, que requerían de contraseña…

Destrozaron a Zamba, porque según Lombardi estaba podrido por dentro… Aunque también le cortaron las piernas a su amigo San Martín. ¿Estaría él también con algún grado de podredumbre? Tecnópolis pasó a ser sede de convenciones extranjeras y de recitales pagos.

Luego llegó nuestra fecha patria. El primer 25 de mayo con la corporación Cambiemos al poder… Y, claro… La víspera encontró a la Plaza de Mayo vallada y con policías haciendo de patovicas… ¿Por qué pensamos que iba a ser de otra manera?

El pueblo quiere saber de qué se trata”. 206 años más tarde, el pueblo no puede saber, no puede preguntar, no puede transitar, no puede reclamar. No debe.

El festejo patrio se convirtió en un festejo patricio, en Jumbo y en la Quinta de Olivos, compartiendo el lucro con 400 personas… ¿Dije lucro? Eh… Quise decir locro…

Qué ingenuos fuimos… ¿Cómo pudimos creer todo lo que vivimos en estos últimos 12 años? ¿Cómo pudimos creer todo lo que empezó hace 71 años con Perón? Nos malacostumbraron…

Nos hicieron creer que teníamos derechos. Que podíamos protestar porque la Constitución así lo decía… Que podíamos tener paritarias libres. Que con trabajo podíamos tener un poder adquisitivo que nos permitiría comprar una casa, un celular, una computadora, comer todos los días, viajar al exterior, tener una jubilación (incluso si no te habían hecho todos los aportes o si no habías trabajado en blanco).

Pero no, che… Esto del sinceramiento vino a quitarnos las vendas de los ojos. Le agradezco profundamente a González Fraga por ubicarnos. Por abrir nuestros ojos y por hacernos entender que nada de todo eso fue real. Que todo eso fue una ilusión macabra de un Gobierno populista…

¿No te sentís un idiota mirando las fotos de tus viajes fantasmagóricos? ¿No te sentís un nabo hablando por un celular invisible?

Ubicate, querido. No te corresponde nada de eso. ¿Por qué? Porque sos pobre. Y siempre lo vas a ser. La meritocracia a los pobres no les llega. Aunque se rompan el lomo laburando toda la vida. La meritocracia es para la gente “bien”, no para los cabecitas negras…

Después vino el “logo” del bicentenario de la declaración de nuestra Independencia. Un logo, si… Concepto empresarial. Nada de símbolos, eh… Un logo sin sol. Sin calor. Una especie de agujero blanco. La nada misma. Y por si fuera poco, la canción elegida para el bicentenario es un tema musical de campaña… Juntarnos… Repetido hasta el hartazgo y con gritos en una melodía que atrasa. ¿Y el himno? De él sólo queda la parte que repite: “Oíd el ruido de rotas cadenas”… Las cadenas nacionales, claro. Las de la yegua…

Pero como si esto no bastara todavía, de la mano de Fiat, una empresa automotriz, quieren cambiarle el nombre a las calles… Decinos qué calle te haría feliz, nosotros llevamos el proyecto a la legislatura…Y en su publicidad los autos recorren calles como el Capitán Piluso, Clemente, Olmedo y otras. Están marcando tendencia. Ya Chevrolet había propuesto que nos imagináramos vivir en una meritocracia…

Eso es el Estado hoy. Macri al Gobierno, empresas al poder.

Vinieron a terminar con todo. Con todo aquello que nos sugiera identidad, pertenencia. Vienen con el neuralizador: el rayo luminoso utilizado en la película Hombres de negro para borrar la memoria.

Después de todo son eso. Son hombres de negro.

Y nosotros… ¿Quiénes éramos?

Clausurame

Clausurame. Vení, dale. Pero vení y clausurame la cabeza. Clausurame el pensamiento. Clausurame la imaginación, los sueños, los tabúes, los miedos.

Dale, vení… Clausurame el cuerpo. Clausurame el movimiento. Clausurame las manos, el pelo, los pies, las caderas.

Animate. Clausurame la sonrisa. Clausurame la voz. Clausurame la palabra, los escritos, las canciones desafinadas, los verbos.

¡Dale! ¿Qué pasa? ¡Vení! ¡Dale! Clausurame el sexo. Clausurame lo obsceno. Clausurame el calor, el orgasmo, la transpiración, el incesto.

Dale… ¿Qué esperás? Clausurame los susurros. Clausurame el silencio. Clausurame incomodidades, gritos ahogados, olor a sangre, golpes necios.

Animate. Cruzá la raya. ¡Dale! Sólo animate a cruzarla… Y clausurame las ideas. Clausurame la locura. Clausurame las cadenas, las antiparras, las cicatrices y el tiempo.

Te estoy esperando. Vení a buscarme. Dale. Vení, si te atrevés… Clausurame la libertad. Clausurame la dignidad. Clausurame la impotencia, la desigualdad, la injusticia, los improperios.

No seas cobarde. No te quedes en la anécdota. Clausurame el temblor. Clausurame las certezas. Clausurame la memoria, la vida, la verdad, la historia.

Vení y si te la bancás clausurame el futuro. Clausurame los juegos. Clausurame el amor, la dulzura, la empatía, y donde escribo en el muro.

Clausurame todo. PERO TODO. No dejes una sola cosa sin clausura. Porque si así no lo hicieres, si tan sólo dejaras en pie alguna de todas mis amorfas bellezas, tené la plena certeza de que volveré.

Y volveré por culpa de tu cobardía. Volveré porque al clausurarme la cultura, la plaza y la Patria no me estás desapareciendo. Me estás agigantando. Me estás obligando a dejar salir todos mis monstruos.

La cultura y la Patria no se clausuran. Sabelo. Sólo se dejan en suspenso para que, clandestinas, cobren fuerza y rompan el suelo.

¿Lo sentís? ¿Sentís cómo vibra? Pues bien, aterrate, esto es sólo el comienzo.

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