La columna de Julieta Dorio - 23/05/16

Sobre meritócratas pero herederos, mecenas de empanadas y docenas de aumentos.

Arte… BAh… O la meritocracia de la empanada

Texto:


Escribe Julieta Dorio

Escuchá la columna completa – 23/05/16

 

ARTE… BAH… O LA MERITOCRACIA DE LA EMPANADA

Imaginate vivir en un país sin memoria…
Donde el saqueo de guante blanco sea una constante cíclica y perfeccionada con los años. Un país en el que para saber cómo pensar tenés que prender la televisión. Un país cuya gente viene con una sonrisa plástica de cajita feliz, porque nos merecemos ser felices (pero de una felicidad salida sólo de uno o dos combos).

Imaginate vivir en un país que no respete sus símbolos…
Donde ya no es obligatorio poner el himno a las 12, porque ya no hace falta saber la hora, ya que ponerla en pantalla es optativo. Un país en el que a la Bandera hay que corregirla por caer sobre la cabeza de quien la está manchando, y se la inmoviliza con piedras para que ya no tenga voz ni voto. Un país cuyo territorio es tan extenso que sobra, y por eso cedemos unas islitas al sur… porque ya no son prioridad.

Imaginate vivir en un país sin cultura…
Donde el arte sólo tiene relevancia si es hecho desde los de arriba para los de abajo, algo así como Arte… Bah… Un país en el que la única cultura admisible es la transmitida por los grandes medios, es decir, la cultura rebaño, o cultura Beeeee. Un país cuyo único objetivo es aniquilar la cultura popular, porque no se puede monetizar.

Imaginate vivir en un país sin división de poderes…
Donde mientras el Congreso vota una ley para frenar la política de despidos, quien lo preside hace que los empresarios firmen una servilleta diciendo 100 veces “No debo”. Un país por el que hace vuelo rasante el capitán Veto y barre esa ley con el dedo, porque no legislan como a él le gusta. Un país cuyos jueces fallan contra esa misma ley argumentando que, además, es anticonstitucional.

Imaginate vivir en un país en el que una empanada tiene más protagonismo que los trabajadores…
Donde te venden un spot de campaña, ya siendo Gobierno, y te explican que muchos trabajadores están detrás de una simple empanada. Quizás para que entiendas por qué tienen que cobrártela mucho más cara. Un país donde la mujer sólo tiene lugar como cosechadora de cebolla explotada o abuela, sin jubilación porque no aportó, con buena mano para el repulgue. Un país cuya gente se hundió tanto en la miseria en estos 6 meses que ya ni siquiera merecen llegar a tener tres empanadas.

Ey… Pst… Dejá de imaginar. Abrí los ojos. Estás viviendo en ese país.
En el país donde el muchacho pérfido, ése que todo lo ve en números, el de “no fueron 30 mil”, le pone esmoquin a la cultura. Y si no te alcanza para alquilar ese esmoquin, bueno, pibe, estás arafue.

En el país cuyos clubes de barrio no ven más futuro que el de cerrar sus puertas a la comunidad, porque no llegan a pagar las tarifas estrafalarias que les llegan de los servicios. Donde un colorado, popular marcador de punta izquierdo, querido por hinchas de Boca, Argentinos Juniors, Racing y Ferro, llega a convertirse en flamante secretario de Deportes de la Nación, desde donde les exige a clubes barriales, sociales y deportivos, que presenten un sinnúmero de papeles para que no corran la suerte de desaparecer del mapa. Y quien les pide que, luego de que cumplan con esos requisitos para poder acceder a la tarifa social aplicada, se sienten a “esperar a que el Presidente saque un decreto, que seguramente lo hará en los próximos días”.

Estamos viviendo en un país en el que las clausuras a centros culturales y bares están a la orden del día. Donde los inspectores del Gobierno de la Ciudad pasan dos veces por semana a un mismo bar a revisar los mismos papeles que siguen estando en orden y revisan con lupa para ver de qué hilacha se agarran para cerrar el lugar. Porque, claro, no es lo mismo la coima que puedan conseguir que el porcentaje recibido por levantar una clausura.

Un país donde los personajes de la cultura realizan un apagón en contra del tarifazo que obliga a teatros, centros culturales y demás a cerrar. Un apagón que jamás verá la luz, porque no será levantado por ningún medio masivo de comunicación.

Un país cuya industria cultural está siendo masacrada por la invasión cultural de importación.

Un país en el que valés menos que una empanada, porque hasta la empanada es meritócrata…

Un país donde vos ya no sos bienvenido.

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