Editorial #NoNosQuedaOtra -16 de Mayo de 2016-

Sos un pedazo de carne al viento que cuando se acerca a revolver la basura se confunde con ella. A eso te quieren someter, a que no puedas, a que no pienses ...

Seamos pueblo o no seamos nada

Texto:
Ilustración: Leandro Gillig


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Raúl tiene un negocio de venta de calzados e indumentaria deportiva. Está hace 20 años en el barrio de Flores. Votó a Macri para “sacar a la otra hija de puta” me dice pero reconoce que nunca se imaginó que en 5 meses se podía hacer tanto daño. El negocio de Raúl no se reduce a un sólo local. Tiene cinco sucursales en la Ciudad de Buenos Aires y otras 4 en territorio bonaerense. Entre los 9 locales, emplea a casi 50 personas. Pero dos ya tuvieron que cerrar. La factura de luz le llegó con un aumento violento que no le dejó otra opción que cerrar. De pagar $4000 pasó a un monto que superaba los 21.000. Raúl me mira a los ojos y me pregunta: ¿Vos qué harías? “Un empleado full time cobra 10 en mano. O echo a dos empleados o cierro. Y yo decidí cerrar, porque además las ventas bajaron un 40% desde marzo y siguen bajando. Una zapatilla buena cuesta $1500. La línea más económica que tenemos sale $849. El mismo modelo costaba $499 en enero de este año”.

Pero el caso de Raúl no es el peor ejemplo. Porque si bien 10 personas se quedaron sin trabajo, todavía puede mandar a sus hijos al colegio, ir al supermercado, conservar su auto y realizar compras. El caso del señor Chang, es también problemático. Cuando le llegó la primera factura de luz hace 25 días, se puso contento. Que la tarifa le haya aumentado de $4000 a $8000 si bien era un gasto significativo no era tan representativo. Lo que Chang no se esperaba era que seguido a esa primera factura le llegara otra a los 15 días por $9000. Porque viste que te vienen en dos partes. Así, el aumento que había sufrido su tarifa era de $13.000 ¿Cómo lo resolvió Chang? Él mismo se ocupa de reponer la mercadería y en el sector de fiambrería hay que tener paciencia, porque es el mismo Chang el que corta el fiambre. Pero aún así quedan gastos por cubrir. A Chang no le quedó otra alternativa que volver a usar el sistema de las cortinas de frío. Apagar las heladeras durante la noche y arriesgarse a que los productos pierdan la cadena de frío y su estado de conservación.

Aún así, el drama del Señor Chang no es el de los peores, porque si bien dejó atrás a la familia del repositor y el fiambrero, la familia Chang puede sostener un alquiler y gozar de las necesidades básicas mínimas. No corre la misma suerte, Adelaida, la kioskera de Avenida Independencia, frente a la Facultad de Psicología. Su pequeño comercio apenas le servía para sostener los gastos de alquiler y comer más o menos bien durante el mes. En febrero de este año tuvo que renovar el alquiler del local y soportar un aumento del 50%. Este mes le llegó la factura de luz. Pasó de $1800 a $7000. Cuando aumentaron los cigarrillos tuvo que dejar de comprar. La gente de Massalin Particulares no vende de a medio cartón y el aumento del 50% la dejó sin efectivo. Pero no sólo está perdiendo clientes por eso. Tuvo que darle de baja al hornito eléctrico y devolver una de las heladeras que le había dado Coca Cola en comodato. Fue la única manera que encontró hasta el momento para ahorrar energía. Tampoco le sirve abrir tan temprano, le conviene usar luz natural. Y en vez de quedarse hasta las 9 de la noche, se va a las seis. ¿Qué le pasa a Adelaida? ¿Le pesan las lagañas, le gusta rascarse la de abajo? ¿Es un ñoqui cristinista? ¡No! Adelaida votó a Macri, me lo confesó porque soy un buen cliente y porque siempre charlamos sin prejuicios sobre cosas de la vida. La hermana de Adelaida, vive en Moreno y le ofreció irse para allá. Adelaida va a cerrar el negocio el mes que viene. La misma suerte, corre su sobrina, Clara, que está en cuarto año de la carrera y vive con su tía Adelaida, que ahora cierra el negocio y se va a Moreno con su hermana que es la madre de Clara. Y Clara, si quiere terminar la carrera, va a tener que venirse de Moreno todos los días. Clara conoció a su novio en la Facultad, Facundo que está en segundo año de la carrera y lo rajaron del trabajo hace dos meses. Su jefe tenía una pyme dedicada a la confección de indumentaria. No un taller clandestino, una empresita con 25 empleados en blanco que se dedicaba a diseñar modelos para grandes marcas de ropa. Su ex-jefe es un gallego de a de veras. Se vino de Galicia en el 2011 y decidió volverse a sus pagos. La empresa se presentó en quiebra. Facundo consiguió una laburito en un taller. Trabaja 14 horas de lunes a sábados y gana $8000 en negro. Dejó sus estudios hace 15 días y alquiló una habitación en un hotel con baño compartido e invasión de cucarachas. Le cuesta $3000 más un plus por el aumento de la luz, el gas y el agua, que la dueña de la pensión tuvo que trasladar a sus inquilinos. La dueña de la pensión, se llama Zunilda. Heredó la propiedad por parte de la abuela en 1995. Durante 20 años, ofició de casera, albañil, carpintera, pintora, limpia pisos y cocinera. Consiguió la habilitación en el año 99. Hace 40 días que está clausurada. Un inspector del Gobierno de la Ciudad clausuró el hotel por supuesta falta de baño para discapacitados. Pero lo cierto es que esa ley es posterior al plano de habilitación que ella tiene correspondiente a una fecha anterior a esa disposición. Eso es lo que Zunilda intentó explicarle a la cuadrilla del Gobierno de la Ciudad que irrumpió en su hotel, pero uno de los inspectores le dijo “Con esa mierda que tenés colgada en la pared, no abrís nunca más”. Primero, la dueña de la pensión sacó el póster de Cristina que tenía pegado en la pared de su cuarto. Pero después de resistir un desalojo, amenazas y torturas por parte de un equipo especializado de la Policía Metropolitana, lo volvió a colgar. Ahora está haciendo los trámites para poner en venta la propiedad y volverse a 9 de Julio, el pueblo que la vio nacer.

El 9 de Julio se cumplen 200 años de la Declaración de la Independencia. En ese martes frío de 1816 se hizo una formal ruptura de los vínculos con la monarquía española y se renunció a toda otra dominación extranjera. ¿Te acordás del bicentenario, en el 2010? Hamartia estuvo los cuatro días cubriendo lo que fue la fiesta más importante en décadas. ¿Te acordás que Mauricio quería ir al Colón y que en TN decían que era peligroso acercarse, que podía haber incidentes? Estuve ahí los cuatro días y en mi vida había presenciado un acto multitudinario tan pacífico. Con la mirada a la altura de los ojos, los brazos sueltos y el corazón contento. Fue algo maravilloso. Me acuerdo lo que sentí en uno de esos atardeceres. Sentí olor a querosén, a pólvora. Porque hacía menos de 8 años había estado ahí, metiendo trapos en botellas, fumando gas lacrimógeno y comiendo limones. Había estado ahí porque era estudiante y la universidad se venía abajo. Porque había un 25% de desocupación, un 50% de pobreza y un asqueroso hábito de lamerle las botas al imperio. Pensé que mucha de la gente que había estado como yo, en el 2001, desesperados, extasiados, perturbados, desmadrados, excluidos, estábamos ahí en ese bicentenario viendo vibrar al pueblo, con un espectáculo de calidad inédita, con la presencia de Chávez, de Lula, de Correa, de Mujica, de Néstor. Me acuerdo la sonrisa de una señora, que bailaba con su nieta a upa, escuchando a Fito. Me acuerdo del pañuelo de las madres iluminado la noche y la industria argentina sobrevolando la avenida. La fuerza bruta del pueblo.

Y acá estamos con apenas 158 días de Macri Presidente y empiezo a sentir ese olor a querosén de nuevo. Y los recuerdos de 2001 entonan la melodía de la calle. Se multiplican las colas para conseguir trabajo, los revolvedores de basura, las persianas bajas, los colchones en la vereda, los bastones psíquicos para sufrir menos, pero seguir andando, el miedo en el que trabaja, la desidia del que no trabaja, los caminantes, los que ya no pueden caminar, la venta de mate cocido, de arroz, del vino en cartón. Porque no son solamente más de mil despidos por día. O la inflación de más del 50%, o los tarifazos en los servicios públicos, los recortes al sector de la educación y la salud. Pensá un poco más allá de los programas que vaciaron, de la economía social que vienen destruyendo, de las millones de personas que saltaron de la mínima inclusión a la pobreza, de la pobreza a la indigencia, de la indigencia a la locura. ¿O qué te pensás? Que el tipo que vive en la calle es simplemente un pobre, un indigente. ¿Sabés el daño que eso produce en la cabeza? Esa es la peor droga del neoliberalismo: destruyen subjetividades, no sos simplemente un número, sos mucho peor que eso. El sistema te excluyó de la mirada del otro, te robó hasta tu propia mirada. Te vació el cerebro, el corazón, el cuerpo. Sos un pedazo de carne al viento que cuando se acerca a revolver la basura se confunde con ella. A eso te quieren someter, a que no puedas, a que no pienses, a que no duermas, a que no te levantes, nunca más.

Hace 158 días que no duermo bien. Y cuando estiro las piernas y me trabo la frazada contra la nariz, siento ese olorcito a querosén. Y cierro los ojos y me acomodo el bocho en la almohada y pienso que estoy perdiendo el tiempo. Que no me alcanza con estar calentito en un colchón duro que me arregla la espalda. Ni abrazar a mi mujer y decirle que la amo. Ni con ver sonreír al enano con esas ganas de vivir que te acarician el alma. No puedo dormir pensando que hay otro cómo el que ahora puede estar muerto de frío, en la calle, con hambre, con ganas de que sus padres tengan derecho a ser padres, puedan darle lo mínimo, sonreír, recuperar esa mueca, ese instinto de vida que se imprime en el rostro de un hombre o una mujer con trabajo, con derecho a soñar, a proyectarse, a vivir una vida, no te digo la vida de un rico, una vida que se pueda vivir, que se pueda elegir al menos el color de una pared, un modelo de zapatillas, una cena, una salida, un postrecito, un paquete de figuritas o un chupetín. Hace 158 días que estamos, cada día, naturalizando a un perverso en el poder. De nosotros, depende recuperar la sonrisa. Dicen que la militancia ñoqui tiene una razón: el dinero. Vamos a demostrarle que la militancia tiene una pulsión: defender la dignidad, la vida, la buena leña, el buen comer, el mínimo derecho a bailarse un tango o una chacarera, en su tierra. Ahora que no somos gobierno, demostrémosle al mundo, que la militancia no tiene razón, tiene corazón. Nuestra vocación de poder es organizar al pueblo y el pueblo tiene hambre de ser. Seamos pueblo o no seamos nada.

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