La columna de Julieta Dorio

Vienen por todas nosotras. Para darnos una lección. Para adormecernos. Para ubicarnos. Para que no olvidemos que sólo somos una puta costilla.

Ni una más

Texto:
Fotografia: www.fundamentar.com


Escribe Julieta Dorio

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Para tratar de entender lo que está sucediendo en Brasil y en Argentina, como sinécdoque de América Latina, es necesario situarse desde otras coordenadas, distintas y distantes a las que estamos acostumbrados. Cambiar no sólo el foco, sino la lente y el espacio desde donde nos paramos a mirar.
No están yendo (viniendo) por Dilma o por Cristina. Ojalá tuviera esa simpleza, ese sentido tan acotado. Ojalá fuera x corrupción, mal desempeño de la función pública o enriquecimiento ilícito. Resultaría delicioso pensar que van tras ellas (o sus cabezas) por visibilizar a los que menos tienen. A los pobres, a los desplazados, a los que quedan afuera del sistema de forma automática. A los siempre anónimos. A los nadies. Por poner un plato de comida en las mesas más menesterosas. Por haber trabajado para que sus derechos fueran indiscutibles. Por haberles abierto la puerta al trabajo, a la jubilación, a la educación, a la salud. Por integrarlos a una sociedad que los excluía en la práctica, aunque de papeles venía haciendo buena letra. Por permitirles tener dignidad. Pero de fondo no es por eso, aunque así parezca a las claras. No es por la bipolaridad de la Economía. Estado o mercado. Socialismo o Capitalismo. Público o privados. Gente adentro o gente afuera. Civilización o barbarie. Patria o buitres. Conciencia social o tasas de interés. Solidaridad o caridad. Amor u odio. Valores o valore$. Tampoco es por las formas o los colores. Ni siquiera es por los partidos políticos o la ideología. Es mucho más oscuro y retorcido. Tan oscuro y retorcido que hace que se nos escape pensar en la razón más simple y clara. Más primitiva. Van tras ellas por su condición de mujer. Por transgresoras. Por osar irrumpir en un mundo de hombres, como la política. Por no callar. Por ir al frente contra poderosos y plantarse sin guionistas, sin situarse a la sombra de la bendita costilla. ¿Cómo se atreven? ¿Cómo pisan fuerte si tan sólo son mujeres? ¿Cómo no piden permiso?
Es entendible q quieran frenar este intento de matriarcado. De raíz. Como símbolos. No vaya a ser cosa que a otra se le vuelva a ocurrir hacer. Lo mismo hicieron con Eva. La nuestra, no la del cuento de la manzana, la costilla y el pecado (aunque bien podría haber sido…). Destruir sus imágenes en vida, e incluso después de muertas. Lógica feminicida adoctrinadora. Son putas, cancerosas, cancerígenas, sucias, dictadoras, animales, locas, mandonas, mierdas, bipolares, feministas, incultas, yeguas, herejes, inferiores, violentas, frígidas, malcogidas, cobardes, provocadoras, ignorantes, salvajes, rebeldes, descarriadas, fálicas, insurrectas, marimachos, obscenas, contestadoras, indomables, peteras, narcisistas, brujas, desubicadas, busconas, desafiantes, insaciables, sin límites, sin perdón de los hombres (ni de Dios, hecho a imagen y semejanza del hombre). La mujer que se atreva a dar un paso y ponerse al frente, debe ser reprendida y se le debe recordar q su lugar es el de ciudadana de segunda clase. Sin privilegios. Sin honor. Hasta sin orgasmos ni placer. Sin estar autorizadas para dar opinión.
No vienen por ellas. Sino por todas nosotras. Para darnos una lección. Para adormecernos. Para ubicarnos. Para que no olvidemos que sólo somos una puta costilla. Para hacernos callar antes de que abramos la boca. Para que agachemos la cabeza y volvamos a ser envase vacío y rellenable con lo que ellos quieran meter. Cuándo y cómo lo quieran hacer.
No vienen por ellas. Vienen por todas. Vienen bajo la consigna “Ni una más”.

cristinaydilma

ME HABÍAN DICHO QUE NO EXISTÍA (de Jhoana Patiño)

Me habían dicho que no hablara

me habían dicho que no era buena.

Me habían dicho que no valía

que el amor no existía,

y que los golpes me los buscaba.

Me habían dicho que no preguntara

que no soñara

que aguantara

que las mujeres no pensaban

que mi destino era la casa, la cama y la rabia

Me habían dicho que no podía

que no debía

que me quemaría

que me odiarían

Y yo les creí

Y yo lo permití

Y yo lo Cambié

Ébano, 2012

 

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