Denuncias que son descolonización

No hay mejor plataforma desde la que promover el patriarcado que el ámbito de la cultura, y la cultura del rock no se salva por cool.

¿Qué pasó de distinto?

Texto:


Escribe Martina LoBra

Esta semana se dio a conocer un video en el que una chica llamada Mailén denunciaba una violación cometida por parte de José Miguel del Pópolo, el Migue, cantante y líder de la banda under bonaerense La Ola que quería ser Chau. En el video de más de 10 minutos, Mailén cuenta con detalles la situación traumática que padeció, aporta pruebas, muestra la denuncia policial e invita a que quienes hayan sufrido abusos similares por parte del músico, se animen a decirlo.

Y algo pasó, algo particular pasó. Porque explotaron las redes sociales. Enseguida apareció otro video, grabado por Rocío, ex novia del Migue y ex integrante de la banda, donde narra situaciones similares. Y empezaron a surgir acusaciones contra otros músicos. Y se empezó a destapar una olla.

Porque a Mailén, como a Rocío, no las violó un desconocido por la calle mientras volvían de visitar a su abuelita. Eso sería más fácil de condenar (bueno… depende de cómo estuvieran vestidas, ¿no,Chiche?). El tema es que a ellas no las violó un anónimo fugitivo. Las violó un amigo, una pareja, alguien con quien consintieron en algún momento tener sexo. Y encima, un rockerito. De esos que tienen todo perdonado, porque son ellos, porque son geniales y porque son inimputables.

Y esto hace que toda la vejación haya sucedido en ese terreno sombrío en el que la culpa, la naturalización y el miedo al ridículo tienden a hacernos callar. Porque todas estamos seteadas, por default, para pensar con la mente de Chiche: “Me la busqué”. “Soy una histérica de mierda”. “Me la tengo que bancar, por venir a su casa”. “¿Me está apoyando este tipo en el tren? Prefiero bancármela que quedar como una loca”. “Es un chiste, no seas pelotuda”. “Es un juego”. “Es una canción”.

Y entonces pasa que lo que se animaron a hacer Mailén y Rocío se vuelve más que una denuncia: se vuelve un acto de descolonización. Y más que el escrache a Del Pópolo (que by de way, todavía no sabemos si fue citado a declarar o algo más que recibir escarnio público), lo que me interesa es ver lo que pasa cuando una persona, una sola mujer, se atreve a mover una pieza y poner la cara para denunciar lo naturalizado. A hacerse cargo de que no es normal, por más que sea tu ídolo o tu novio, que alguien decida cuáles son los juegos que querés jugar, que alguien se excite mientras llorás, que te cojan dormida, que se apropien de tu cuerpo.

Y lo que pasa es que pasa algo distinto. Algo distinto que lo que hubiera pasado si hubieran sido violadas por un desconocido en la calle. Porque de pronto, sorpresa, todos tienen un muerto en el placard. Toda una cultura, todo un ambiente se tambalea. Y empiezan a salir a la luz otros nombres. Y no queda nadie en pie. Y empiezan a ponerse en evidencia conductas y discursos sobre los que nadie decía nada. Y más de uno guarda silencio porque no está tan seguro de no ser parte de los acusados. Y ahí nos damos cuenta que lo que hizo Del Pópolo no es tan distinto de lo que hicieron muchos. Y que no es un loquito, sino un hijo sano del patriarcado. Y nos empieza a cerrar cómo puede haber tantos femicidios. Y ahí entendemos cuánto de asesino tiene Tinelli aunque nunca haya matado a nadie, cuánto de asesino tiene Chiche, tu viejo, tu vieja, tu vecino y yo.

Y entonces resulta que hay violadores como Del Pópolo, pero también como Pappo, que admite en un video ser un “pseudoviolador” (si no les suena lo suficientemente ridículo prueben poner el prefijo “pseudo” delante de otra categoría delictiva de agresión física). Pero también hay abusadores, que no usan la fuerza bruta pero se aprovechan de una situación de poder o admiración, como sería Cristian Aldana de El Otro Yo, acusado en varios blogs, entre otras cosas, de convocar a orgías con chicas de 14 años y aprovecharse sexualmente de cualquier chance de poner su pija cerca de una menor de edad que le pasara cerca. Y también hay salvajes pelotudos (quizás los más peligrosos, porque son un montón), como Ciro Pertusi, que compone canciones de loas a Barreda; o como Walas de Massacre, que al otro día de la denuncia de Mailén no tuvo mejor reacción que cagarse de risa ante un estadio lleno, poniendo en duda la integridad moral de ella y no de él, al mejor estilo TN. Y después salió a pedir disculpas, gracias al repudio generalizado, porque si no probablemente se seguiría cagando de risa.

Como nos cagamos de risa todxs, en algún momento, de distintas situaciones hasta que alguien nos pone en vereda. Porque yo bailaba el tema Puto”, de Molotov, hasta que alguien me hizo enterar que era una canción homofóbica de mierda. Y también saltaba con “La Ingrata”, de Café Tacuba,uno de tantos en la lista de temas que empatizan con un femicida. Hasta que en un momento fui yo la que dijo que La sangre de tu hermana” de Flema será muy hitero pero no me da risa. Porque descolonizarse es que de verdad no te de risa.

Lxs músicxs son o somos comunicadores, y cómo tales tenemos un poco menos de derecho a ser unos pelotudos que el resto de la gente. Porque vendemos sentido, no motores. Y de un día para el otro resulta que hay gente que se hace eco de los sentidos que uno produce. Porque una cosa es que el vecino diga que son todas putas, y otra cosa es que lo diga tu ídolo, de una u otra manera, en sus canciones. O en sus actos (todxs fantaseamos con tener una historia de amor con nuestro músico favorito, pero podría jurar que nunca estábamos pensando en que nos metan la pija en la boca hasta vomitar).

No hay mejor plataforma desde la que promover el patriarcado que el ámbito de la cultura, y la cultura del rock no se salva por cool. Pero los tiempos están cambiando, un poco. Ya no pasa como si nada una declaración como la de Pappo, y ya no está el horno para tolerar pseudoviolaciones, abusadores con corazón ni pelotudos que se disculpan.

Me gustaría que todos los días, hombres y mujeres hiciéramos el ejercicio de desempetrolarnos el alma de los sedimentos de machismo que no nos dejan ser iguales. De los que nos hacen pasar por alto situaciones en las que somos víctimas, victimarios y cómplices.

Y quizás esto implique ciertos sacrificios, como quien decide dejar de comer carne o dejar de comprar ropa en la salada. Y quizás tengamos que dejar de reírnos de ciertos chistes, de cantar ciertas canciones, y de idolatrar a nuestros ídolos.

del blog de amartuditu

http://amartuditu.tumblr.com

 

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