Basta de violencia machista en el Carlos Pellegrini

Denunciaron la violencia de género y frente al silencio cómplice, pidieron abrir el diálogo. Se organizaron y le pusieron el cuerpo a la lucha feminista, demostrando la vigencia que tiene la consigna NI UNA MENOS a casi de un año de la masiva movilización del 3 de junio del 2015

Ni una Menos

Texto:


Escribe Talita de Lázari

Durante once días la entrada del colegio anunció la lucha con un cartel: “COLEGIO TOMADO”. La escalera estuvo poblada de sillas y lxs estudiantes controlaron el acceso  y la circulación, protagonizando el repudio y la visibilización de la violencia machista de la gestión.

No están solxs, están organizadxs:

El conflicto tiene larga data, arrancó en 2007, cuando un preceptor  golpeó a dos estudiantes. Esa misma persona, fue ascendida como regente. En 2015, se reiteraron agresiones y desde hace pocos días padecieron maltratos docentes de la institución. En el noveno día de toma del colegio Carlos Pellegrini, lxs estudiantes junto a padres, madres y docentes, realizaron un multitudinario abrazo y luego una conferencia de prensa donde leyeron el comunicado e invitaron a realizar una marcha hacia el rectorado de la Universidad de Buenos Aires el día Jueves. Tras visibilizar con fuerza su postura consiguieron un compromiso firmado por el rector Leandro Rodriguez de separar a los victimarios para evitar el contacto con  los estudiantes. Tras ello levantaron la medida de fuerza.

La comunidad educativa organizada expresó en un comunicado su exigencia “la separación del regente Héctor Gómez Mastrogiovanni y del preceptor Fernando Jodara, ambos denunciados por acoso, amenazas, agresiones físicas y psicológicas y hostigamiento” al día de hoy consiguieron el compromiso de hacerse cargo de la situación.

Tras diez días de conflicto el rector de la institución Leandro Rodríguez, el rector de la Universidad de Buenos Aires Alberto Barbieri y el Secretario de Escuelas Medias Oscar García, no dieron respuestas, por eso fueron denunciados públicamente por no cumplir a sus deberes de funcionarios públicos ya que, no tomaron medidas de resguardo y cuidado hacia la comunidad educativa, ni llevan adelante una política favorable a la resolución del conflicto que explícitamente denuncia violencia de género en diferentes formas. Sin embargo, se encargaron de minimizar los hechos, distorsionar mediáticamente la realidad ante la opinión pública, diciendo que “es una opinión de los chicos”, lo cual dejó ver la política de encubrimiento de la institución hacia la violencia de género.

Ellxs no estaban solxs, estaban organizadxs y contaron con el apoyo de docentes,  padres y madres que denunciaban que la escuela no puede premiar a un golpeador ya que es reproducir más violencia.

El más común de los sentidos estereotipa a lxs jóvenes y los coloca contra el ordenamiento de las normas de las instituciones como la familia, la escuela o el estado. Paradigmáticamente, las circunstancias demostraron un pedido de protección de sus derechos de vivir sin violencia y citando normas como Ley 26.485 de “Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”, la Ley 26.061 de “Protección Integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes”, pidieron el cumplimiento efectivo de la  Ley 26.150 del año 2006, que crea el Programa Nacional, y de la aprobación de los Lineamientos Curriculares de Educación Sexual Integral (ESI),  como así también solicitaron la urgente implementación de un Protocolo de intervención lnstitucional ante denuncias por violencia de género, acoso sexual y discriminacion de género en el ámbito de la institución. El rector firmó un compromiso para establecer un Consejo de Convivencia donde lxs estudiantes esperan avanzar hacia mayores logros para llevar a instancias superiores la acusación.

Claramente, lxs estudiantes convocaron a colectivizar el reclamo mediante acciones concretas, realizaron un llamamiento a salvaguardar derechos, pidiendo protección, educación y demostraron plena conciencia de la importancia política de problematizar las situaciones de maltrato y abuso en la escuela.  Denunciaron la violencia de género y frente al silencio cómplice, pidieron abrir el diálogo. Se organizaron y le pusieron el cuerpo a la lucha feminista, demostrando la vigencia que tiene la consigna NI UNA MENOS a casi de un año de la masiva movilización del 3 de junio del 2015 y, a la violencia de género le contestaron con encuentro, debate, movilización en un abrazo fraterno y en una marcha masiva y pacífica como lugar de encuentro por y para todxs. De diferentes maneras pidieron respuestas y una vez más, marcaron presión y pasos a seguir. Por eso esta lucha, es una lucha feminista.

  • Facebook
  • Google Plus