Reseña del libro de Néstor Piccone

“El gran triunfo de la Ley de Medios es el de haber establecido un piso que ningún gobierno (democrático) podrá derogar.”

La inconclusa Ley de Medios

Texto:


En la era de la comunicación audiovisual, todo artefacto de consumo masivo tiene una pantalla que invoca, que nos habla al oído para que fijemos la mirada en ella. Hace un tiempo Rocambole, el gran diseñador de los discos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota nos dijo que: “En el siglo XXI va a tener lugar una monstruosa batalla y se va a desarrollar en la pantalla”. A nivel mundial, la concentración de los medios de comunicación trajo consigo la unilateralidad y la imposición de contenidos funcionales al poder monopólico. Así, el relato de muchas realidades queda afuera de las pantallas.

El poder inconmensurable de las corporaciones mediáticas ha sido volcado una y otra vez en contra del pueblo, deformando la realidad y construyendo un sentido común en favor de sus propios intereses. A lo largo de toda América Latina las corporaciones mediáticas han apoyado e inteligenciado cuanto golpe o intento de golpe de estado o maniobra desestabilizadora se realizara contra un gobierno popular. ¿Cómo? Construyendo una imagen, un espejo. Lo comprobamos todos los días: ese espejo refleja, la mayoría de las veces, lo peor del ser humano. Su violencia, su indulgencia, su fracaso. Ellos instalan las categorías de debate de la sociedad: a lo popular se lo llama populista, a lo participativo se lo llama demagogia y a la pantalla, realidad.

El libro del Néstor Piccone “La inconclusa Ley de Medios” (colección La Siringa, Ediciones Continente) se vuelve así un libro necesario. Piccone es periodista, psicólogo y militante. Desde ese lugar, elaboró una guía para entender cómo se construyen los discursos. Era preciso que se historizara el recorrido de una lucha tan larga, sobre todo si se pretende entender por qué esta ley despertó la furia de los sectores más concentrados nacionales e internacionales. En el prólogo del libro, Carlos Ulanovsky argumenta que “la genealogía de la ley no es muy diferente de la genealogía de la construcción de poder popular”. Es que la Coalición por una Radiodifusión Democrática organizó durante años debates que concluyeron con los famosos 21 puntos, discutidos en audiencias públicas, foros y en el propio Congreso de la Nación. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual N° 26.522 se conquistó en el 2009. Si bien se han conseguido avances, la ley —al decir de Néstor Piccone— sigue inconclusa. Y no quedan dudas de esto a la luz de los decretos de necesidad y urgencia e intervenciones que apuró el macrismo en los primeros días de gobierno: las corporaciones mediáticas no van a acatar medidas antimonopólicas. El Poder Judicial y el Poder Ejecutivo parecen estar al servicio de los verdugos de la diversidad de voces.

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El debate por la Ley de Medios cristalizó los intereses más espurios de los poderes mediáticos concentrados. El esfuerzo exagerado de Clarín y sus socios por frenar a través de cautelares y difamaciones la aplicación definitiva de la ley dejó en claro que su interés rebalsaba el aspecto económico. Se abría las puertas a un debate mucho más profundo: el del ciudadano común como sujeto activo de la comunicación. Reservar el 33% del espectro para las organizaciones sin fines de lucro habilita a pensar la comunicación desde lógicas no estrictamente comerciales. Así, los grandes medios temían la desaceleración de su hegemonía discursiva. No hay, no quieren, diversidad de voces. Nombrar a Magnetto con nombre y apellido fue un paso importante para acceder a una verdad irreversible. La Ley de Medios es, fue y será mucho más que una Ley porque encarna un debate histórico que no sólo tiene que ver con la distribución de la palabra, sino también con la distribución de la riqueza. “La comunicación constituye un eje transversal de la construcción democrática, razón por la cual la sostenibilidad de la pluralidad de voces no puede quedar supeditada a las reglas del mercado”, sostiene el autor del libro.

Néstor Piccone señala sin reparos a ciertos personajes dentro del gobierno kirchnerista que se sintieron incómodos con la posibilidad de se modificara la Ley de Radiodifusión vigente desde la última dictadura cívico-militar. Apunta directamente a dos jefes de gabinete: Sergio Massa y Alberto Fernández. Ademas, rescata el trabajo del ex Secretario de Medios Enrique Albístur quien, a pesar de las negativas de Fernández (primero) y de Massa (después), “se las ingenió para acercarle a Cristina los borradores elaborados por la Coalición por una Radiodifusión Democrática”.

El autor señala que desde el primer día en el gabinete Massa manifestó su compromiso con las corporaciones. “Tengo un mes para convencer a estos (en referencia a Néstor y Cristina) y olvídense de la Ley de Radiodifusión”, dijo descaradamente en un encuentro con la Coalición. En el libro se desarrolla cómo Massa nunca dejó de trabajar para evitar la Ley de Medios. ¿Cómo se explica su renuncia a la jefatura de Gabinete? “Massa fue eyectado del gobierno nacional por transar con los grupos monopólicos y oligopólicos a los que en el año de su gestión intentó incluir en los Convenios de Cancelación de Pasivos Fiscales, cuya aplicación en principio sólo se planteaba para los medios PyMEs”. Como para que no queden dudas, Piccone se explaya: “Massa justificó la incorporación de Clarín y La Nación al canje de deuda fiscal por un intercambio publicitario”. Además señala que: “En esa ocasión el grupo Uno de Vila-Manzano logró colar 80 millones [al canje de deuda fiscal] y se sumó a los medios chicos que desde la crisis de 2001 arrastraban un mochila fiscal de casi 30 millones, que la devaluación asimétrica de Duhalde les había generado”.

“La inconclusa Ley de Medios” deja en claro también cómo en la historia Argentina las Fuerzas Armadas quedaron entrelazadas a la radiodifusión desde 1923, cuando “el Ministerio de Marina reconoció las frecuencias de cinco radios que trasmitían con permisos precarios y provisorios. Que la Marina fuera esa primera “autoridad de aplicación” se justificaría desde lo tecnológico y no desde lo político”. Piccone afirma que “antes del golpe que destituiría a Yrigoyen, se produjo lo que podría inscribirse como el primer ataque mediático. (…) El golpe, que daría nacimiento a la década infame, fue el primero en ser transmitido por la radio.”

En el libro también se reserva un espacio para la autocrítica sobre la aplicación de la Ley de Medios: “Mientras los oligopolios concentran el poder, tecnología y recursos en unas pocas manos coordinadas, del lado del proyecto nacional y popular la acción sigue fragmentada”. En esa línea, señala que nunca se terminó de establecer de forma clara y contundente cómo se estructuraría el sostenimiento económico de esos pequeños medios que, sin capital suficiente para crecer en infraestructura y profesionalismo, difícilmente saltarían la grieta que los separaba de los grandes grupos concentrados. “El gran triunfo de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es el de haber establecido un piso que ningún gobierno (democrático) podrá derogar”. El gobierno de Mauricio Macri desafía esa afirmación: ¿será que no podrá derogar la Ley de Medios?, ¿o será que no estamos ante un gobierno democrático?

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