Entre el domingo 20 y el viernes 25 de marzo se sucedieron en Cuba dos hechos de carácter histórico:

Dos situaciones muy diferentes y con distintas connotaciones pero ambas, trascendentes.

Una semana que quedará en la historia

Texto:


 

Entre el domingo 20 y el viernes 25 de marzo se sucedieron en Cuba dos hechos de carácter histórico: por un lado la visita del presidente de los Estados Unidos Barack Obama y por otro el show gratuito de los Rolling Stones. Dos situaciones muy diferentes y con distintas connotaciones pero ambas, trascendentes.

 

La víspera de la llegada de Obama despertó todo tipo de sentimientos en el cubano a pie. La gente hablaba sobre la visita, el momento en que eligió hacerla, las actividades que realizaría, las que no. Especulaciones sobre el futuro de las dos naciones se asomaban en cada conversación y preguntas sin demasiadas respuestas se empezaban a gestar frente a lo que representa uno de los hechos políticos más significativos de las últimas décadas. Porque más allá de la idea político social que cada cubano tenía prácticamente todos coincidían en la enorme importancia que tenía la visita en miras de seguir profundizando las relaciones y frente a la posibilidad que como algo inédito Estados Unidos empiece a pensar en eliminar el bloqueo que ejerce sobre la Isla y que devuelvan el territorio que usurpan ilegalmente en Guantánamo, lugar donde se haya la cárcel que más denuncias tiene referidas a la violación de los Derechos Humanos.

 

El domingo, pasado el mediodía Obama se bajó del avión en tierra cubana. Acompañado de su mujer, su hijas, su suegra, una delegación enorme de miembros de su gabinete y alrededor de 160 periodistas de su país le dijo “Hola” a Cuba y su pueblo a quien no mucho le agradó el hecho que Raúl no se hallara presente en el aeropuerto para recibirlo.  El pueblo quería dejar en claro algunos de sus principios: “somos solidarios y respetuosos” decían muchos. Obama se preparó, a mi entender, para dejar una imagen de él muy positiva en la gente. Nada fue casual. Tuvo gestos de sencillez que  fueron visto con buenos ojos por parte de los cubanos. Todos podían ver a un hombre común, que camina al lado de su mujer, que le lleva él el paraguas para que no se moje, que se sienta a cenar en un restaurante particular como cualquier otro extranjero. La ropa informal de Michelle, la prima dama de los EEUU, también daba cuenta de qué quiso el primer mandatario dejar en Cuba. Todos fueron gestos. Los Estados Unidos se esforzaron una vez más en cuidar su imagen en el sentido más amplio del término y en una tierra que siempre (e irracionalmente) consideraron hostil.

A medida que las actividades se iban desarrollando, tal como estaban previstas, los comentarios se profundizaban y la expectativa de los cubanos  oscilaba entre la esperanza y la preocupación. Esperanza que el bloqueo se levante y las relaciones entre ambas naciones puedan seguir fluyendo y preocupación ante la posibilidad que atrás de todo haya intenciones que puedan atentar contre la soberanía de Cuba.

 

Mientras todo esto pasaba en otro lugar de La Habana se terminaba de montar el gigantesco escenario para que los Rolling Stones brinden un inédito show en el predio de la Ciudad Deportiva. Será que ambos hechos eran muy importantes que en general no se escuchó demasiado a la gente hablar de los músicos británicos, sí en cambio de la calidad de sonido que se decía tendría el espectáculo. Esto continuo así hasta el martes a la tarde, cuando Obama se subió al avión junto a su mujer y con un viento que casi deja a la vista de todos la ropa interior de la primera dama. A partir de ese mismo momento la palabra Rolling Stones se empezaba a escuchar por doquier. Una cosa por vez caballero.

 

El show comenzaría a las 20.30 del viernes 25 de marzo y a partir de las 14 hs podría empezar a ingresar el público. A los cubanos les parecía una exageración llegar tanto tiempo antes y en su mayoría, los locales que fueron lo hicieron por la trascendencia del hecho cultural y no tanto por un fanatismo vinculado a la banda. Diferente fue el caso del público extranjero. Muchos turistas del mundo entero se encontraban vacacionando en diferentes provincias de la Isla pero se organizaron para llegar ese día a La Habana y presenciar el espectáculo. Los argentinos, muchos de los cuales viajaron a Cuba expresamente para ver a los Stones, fueron los responsables de vestir el lugar con las típicas banderas. La gente iba llegando y se iba ubicando y así se fue formando una suerte de picnic. Niños, jóvenes y adultos mayores se disponían a presenciar un hecho cultural que será recordado por siempre. Pasadas las 20.30 hs el show comenzó y la fiebre Stone se hizo sentir. La calidad de las pantallas y con un sonido como nunca antes escuché, los Rolling Stones brillaron gratis para cientos de miles de personas.

Dos horas y media después Mick Jagger se despidió y la gente se empezó a retirar con una auto-organización que solo en Cuba sucede.

 

Fue sin dudas una semana agitada en La Habana que quedará en la memoria de todos. Dos hechos históricos tuvieron cita en el mismo lugar y casi al mismo tiempo poniendo a la Isla en la tapa de los diarios de todo el mundo. Ojala ambas situaciones representen el punto de partido de una nueva etapa tanto en términos políticos como culturales. Cuba no solo no es una amenaza para nadie sino que es soberana y solidaría con los pueblos del mundo entero. Es hora los Estados Unidos deje de castigar al pueblo cubano.

 

  • Facebook
  • Google Plus