Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia

Espero que sepas que te di la mano en cada marcha, cada juicio y cada charla que diste.

Editorial #NoNosQuedaOtra

Texto:
Fotografia: Ricardo Romero


Querida mamá: quiero decirte que estoy orgulloso de vos por todo lo que hiciste durante este tiempo en que no estuve en carne pero siempre lo hice en espíritu. Deseo manifestarte mi más profunda alegría, hoy, que puedo, que me dejan y que aún algunas luces utópicas de esperanza, siguen encendidas. Estoy feliz por todo lo que lograste, vieja. Sé que en estos años dejaste la vida por nosotros y eso nadie podrá hacerlo a un lado. Fueron décadas de altos y bajos, sonrisas y mucho llanto pero, sobretodo, de compromiso con el amor. Amás a tus hijos, mamá y lo sabemos. Imagino que, de vez en cuando, te sentirás sola pero tenés que saber que estuve con vos desde que me tuviste en el útero. Esta lucha, nace y renace con fuerza cada vez que juzgan a un genocida y cada día que un nene entiende de qué se trató el genocidio iniciado oficialmente en marzo de 1976. Como la única batalla que se pierde es la que se abandona, sé que nunca vas a dejar de buscar a quienes quisieron sacarle la ideología cambiándoles de padre. Eso también me llena de alegría, porque cada nieto recuperado es un paso más en el camino de la verdad que nos negaron todos estos años.No me olvido de quienes estuvieron al lado tuyo y, mucho menos, de quienes no. Sé de aquellos medios extranjeros que, mientras un mundial tapaba todo, difundían tu lucha por el mundo. Estuve cuando a alguien se le ocurrió la obediencia debida y el punto final, como también en el juicio a las juntas y durante los indultos. Sentí los caballos pisoteándome como también el gas en los ojos, unos meses antes de que, según el gran diario argentino, “La crisis causara dos nuevas muertes.” Estuve ahí y seguiré estando.Vieja, tenés que saber que, al igual que millones de argentinos, nunca creí que esas idas y vueltas terminarían. Jamás tuve esperanza de poder descansar en paz. Quiero decirte, mamá, que el que vino del sur también te amaba y que por eso llegó, para proponernos ese sueño que creíamos imposible de alcanzar. Aunque al principio fueron gestos, luego devolvió la esperanza a todos nosotros. Celebramos y lloramos de alegría cuando pidió perdón en nombre del estado, el día que bajó los cuadros y cuando trató de sacarle lo que es nuestro a aquellos que se creen los dueños de la palabra.
Ahora, tenemos otro desafío. El de no dejarnos amedrentar por aquellos que nos refriegan banderas terroristas mientras se quejaban de las nuestras en momentos de militancia. Es hora de hacerse cargo de la historia y defender lo conseguido, vieja y vos más que nadie, sabés cómo hacerlo. Espero que sepas que te di la mano en cada marcha, cada juicio y cada charla que diste. Te arropé de noche, las que podías dormir, y te acompañé aquellas en que estuviste en vela por no encontrar una salida posible. La morocha también lo hizo y lo hace, por eso te da tanto amor cuando la ves y dejó la lucha en manos del pueblo, ese que aprende de vos a diario. Paso a paso, en 40 años, siempre quise decirte todo esto. Para que sufrieras menos y supieras que la vida, tarde o temprano, te acerca los sueños para
tomar mate con ellos. Pero también siempre desee agradecerte por todo este tiempo que cuidaste de mis hijos, tus nietos, los herederos de la lucha. Si no fuera por vos, hoy no podría decir lo siguiente: ganamos, vieja ¿Sabés porqué? Porque hay millones de personas que llevan en la sangre los ideales que quisieron suprimir a través de torturas, asesinatos y secuestros. La juventud legó todo eso por lo que caminaste durante este tiempo. Lo porta en cada sonrisa pero también en cada bronca frente a la impunidad. Lo muestra en cada grito de justicia y en cada bandera que pinta para flamear. Lo tiene y es gracias a vos, pura y exclusivamente. Cada día estás más linda, mamá y en todos estos años vi tus cambios como marcas de guerra. A cada arruga le puse fecha y a cada lágrima, los mismos responsables. Sé que no fue fácil y que lo que viene es incierto pero si no cediste ante aquel horror, estoy segura que tampoco lo harás ahora. Deseo
transmitirte mi apoyo desde los ríos, los ex centros clandestinos, las tumbas sin nombre y los cielos a través de los cuales, quisieron matarnos. Pero no pudieron, vieja, estamos acá. Somos Chávez, Milagro, Néstor, Kosteki, Santillán, los pibes de la villa, Evita, Cabezas, Cristina, Luciano, las víctimas de la AMIA, Correa, Trimarco, Evo Morales y muchos más. Somos eso gracias a vos. Por eso te amo y siempre lo haré. Nos vemos mañana en la plaza.

 

 

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