¿Qué aporta al debate político, social y cultural la temática de género?

Es oportuno, por ello destacar, el poder que tiene el lenguaje en la construcción social y que, la incomodidad que genera la “x” puede compararse con la incomodidad que sienten aquellxs que no se sienten dentro del “ellas” o el “ellos”.

Lo que no se nombra

Texto:
Ilustración: Maite Larumbe


Por Talita de Lázzari

El 11 de Marzo se conmemoró por segundo año consecutivo el “Día Nacional de la Lucha contra la Violencia de Género en los Medios”. Más allá de la mención de la reciente incorporación de la fecha en el calendario feminista para promover la equidad de género en la comunicación, vale la pena recordar que esta fecha fue elegida en conmemoración al 11 de marzo de 2009, cuando se sancionó la Ley 26.485 de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales.

En este contexto podría preguntarse ¿Cómo subvierte el  feminismo las  formas  tradicionales de comunicar? ¿Cuál es la potencia de la comunicación como herramienta  política en  nuestros  propios  contextos? Este manojo de preguntas no busca una respuesta certera, sino una reflexión conjunta acerca de la constitución, la interpelación y el compromiso que atraviesa el cuerpo propio de quienes integran el circuito de producción-circulación- consumo de los productos de los medios y, por otra parte, pretende introducir argumentos acerca de la importancia de generar una comunicación para la igualdad.

De manera general, podemos retomar la “perspectiva feminista” como una construcción impartida por feministas que permite la toma de consciencia de la especificidad de la mujer y la búsqueda de la equidad de género. Puede considerarse como una concepción epistemológica para producir, planificar y comunicar, desarrollando políticas o programas en los que se reconozca la relación asimétrica entre los géneros y que genere un saber crítico en relación a las formas de dominación y subordinación entre los sexos, introduciendo una “ética distinta”: una ética feminista.  No se trata de una visión de las mujeres para ellas, sino una “perspectiva de género” que se nutre de subjetividades, que piensa la igualdad.

Sin embargo, esto puede parecer de menor importancia, si se tiene en cuenta que los primeros cuerpos que envolvieron las pantallas tras la represión impartida en La Plata, fueron de mujeres. Seguidamente que fue encarcelada Milagro Sala -una mujer, dirigente social, luchadora- puesta presa por el Macrismo en absoluta ilegalidad y difamada mediáticamente. Como si fuera poco, todas fuimos afectadas por el recorte en programas de protección y las que estaban a punto de jubilarse, tras años de trabajos precarios, no registrados por haber estado en mayor medida dedicadas al cuidado doméstico, fueron maltratadas y perjudicadas por el cercenamiento del derecho a jubilarse, dado el reciente anuncio del presidente de la suspensión de la prórroga de la moratoria previsional. En este contexto, ¿Qué aporta al debate político, social y cultural la temática de género? ¿Cuál es la agenda que se tiene que proponer el feminismo? ¿Dónde se produce el giro que permite que lxs comunicadores produzcamos enunciados que creen equidad de género y justicia social?

Aquí la responsabilidad asumida tiene que ver con recordar: “La comunicación como herramienta para la Igualdad de Género” y las representaciones discriminatorias de géneros y sexualidades que aluden, estigmatizan, cosifican directamente a las mujeres en los discursos mediáticos. Es parte de la tarea, volver a recordar los derechos establecidos en la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, y realizar como comunicadorxs una tarea pedagógica personal y colectiva sobre el tratamiento responsable acerca de la violencia contra las mujeres en los medios, desbaratando las lógicas patriarcales y promoviendo la equidad.

Como si fuera alguien que viaja en un país extranjero que toma noción de las palabras según su contexto de aplicación, este texto es un paso pequeño pero firme acerca de la importancia del uso de estrategias discursivas que permitan subvertir la dominación sexista en el campo de la comunicación. La cual personalmente entiendo, no se salda simplemente diciendo que realizamos producciones para todas y todos sino pensando realmente en generar estrategias para una comunicación más creativa que proponga producciones que no oculten, subordinen, ni excluyan y que contribuyan, además, a la promoción de la igualdad de género en los medios de comunicación.

Especialmente, ya que la materialidad de las palabras escritas lo permite, vale la pena reflexionar acerca del uso de la “x” para designar a lxs sujetxs, ya que tradicionalmente el sujeto que se usa para hablar, escribir y referir no es neutral, es el masculino generalizante. Si la propuesta es desarrollar una comunicación inclusiva me parece válida la recomendación de generar producciones que permitan ampliar horizontes y expectativas, que nombren, lo que no se nombra y que generen mensajes que dejen abiertas y descentradas las proliferaciones genéricas para que quien lea pueda completarlas, sintiéndose dentro. Esta manera de enunciar haciendo uso del género “x” cuando sea necesario, requiere de un esfuerzo creativo para quien escribe y de cierta predisposición para quien lee, ya que esta intención busca desbordar el texto, dislocar el uso del lenguaje heteronormativo, asumir la convicción política que pregona el feminismo “lo que no se nombra, no existe” haciendo valer el principio de equidad entre diferentes identidades, nombrando contra toda etiqueta y discriminación lingüística. Contrariamente a lo que podría pensarse, el uso de la “x” no implica una posición de neutralidad, sino la adopción de un lugar político plenamente consciente e intencional. No persigue transformar la desigualdad de la invisibilización del genérico masculino en una aplastante unificación bajo una falsa equidad basada en la negación de la diferencia. Sino que exalta la necesidad imperiosa de generar nuevas concepciones lingüísticas inclusivas, en las cuales la monotonía patriarcal y homonormativa se vea sacudida por el ingreso de una diversidad que interpela desde los bordes la estructura misma de la materia prima comunicacional: el lenguaje.

Los argumentos anteriores no reflejan más que una parcialidad, son una provocación para hacer legible otra lectura, ya que muy rara vez las producciones periodísticas y los textos de extendida circulación mediática, proponen una lectura abierta, sino que generalmente realizan una representación alienante acerca de la contribución personal y social de las mujeres, muchas veces niegan o invisibilizan su presencia y de esta forma refuerzan la existencia de sociedades patriarcales y androcéntricas.

La sociedad patriarcal, no solo ha creado mujeres sumisas, sino que ha producido un reduccionismo sexista que condiciona significados, naturaliza visiones, relativiza violencias y situaciones de opresión sobre todxs, pero especialmente, sobre las mujeres. Es necesario por ello, emplear medios discursivos que no reproduzcan jerarquías, que permitan asumir otra sensibilidad social en el decir y demostrar que es posible que todxs aparezcan en los textos.

 Es oportuno, por ello destacar, el poder que tiene el lenguaje en la construcción social y que, la incomodidad que genera la “x” puede compararse con la incomodidad que sienten aquellxs que no se sienten dentro del “ellas” o el “ellos”. Detrás de cada una de estas palabras hay una operación categorial que le arranca a lo que designa lo individual y único. Lo más importante a recordar es que las reglas y sintaxis son representaciones arbitrarias hechas para expresar el pensamiento, sin embargo, nos generan un desafío que debemos asumir a la hora de comunicar: el expresar las múltiples maneras que tiene el cuerpo humano de celebrar y de vivir el mundo.

La manera de nombrar genera “efectos discursivos” que se sedimentan en prácticas, a la vez, produce una frontera e inculcan una norma, que entraña relaciones de poder como “red productiva” que penetra todo cuerpo social y “comunidad lingüística”. Se trata de mostrar los fundamentos que se utilizan para enunciar, como parte de una estrategia política feminista para generar comprensión espontánea de lo que implica nombrar “x” en el relato.

Hay que considerar que mientras algunxs autorxs prefieren el uso del “*”  como llamada abierta para pensar las proliferaciones genéricas, otrxs se resisten y pretenden desactivar el uso del lenguaje inclusivo; en tales casos, objetan que al escribir sujetos dobles, femeninos y masculinos, se entorpece la comunicación, dada la creencia del sentido común que sostiene que la comunicación, se rige a partir de combinación económica de signos.

Recientes publicaciones han realizado recomendaciones representativas para comunicadores acerca del uso del lenguaje y el tratamiento de las situaciones de  violencia en los medios y ha profundizado sobre una base de reflexión teórica sobre la importancia de comunicar y educar nombrando la realidad,  ya que no da lo mismo: incluir que no hacerlo, hablar con un lenguaje de iguales que con un lenguaje sexista, nombrar a partir de la propia identidad sexual, que hacerlo desde otra.

El argumento “técnico”, sostiene que se trata de una propuesta innecesaria, ya que parte de una confusión entre el neutro y el masculino. Es precisamente, en este lugar donde se encuentra el núcleo del debate ya que no es ninguna casualidad que el masculino y el neutro coincidan, sino que este es el resultado de una cultura androcéntrica que hay que barrer.

Tanto el abordaje de la violencia contra las mujeres que se realiza en los medios, como la estructuración lingüística misma del texto conllevan un impacto mucho más profundo del que se suele querer aceptar. El modo en que una cultura, en una sociedad dada, nombra a sus sujetxs es, a su vez, la manera en que les permite crearse. La construcción de subjetividades sucede en el marco de posibilidades que ofrece el contexto. Cuando las mujeres tenemos como únicas opciones ser madres, esposas, sumisas, objetos, culpables, provocadoras, etc, claramente no vamos a contemplar la oportunidad de ser “otras mujeres”.

Como dijo Cristina “No soy neutral, siempre voy a estar del lado de la inclusión social” por eso, es necesario reflexionar acerca de la comunicación ya que las palabras tienen género y número. Así, puede llegar a contemplarse el colectivo del plural, pero no se escapa jamás a la trampa del binarismo masculino femenino.  La x no sólo incomoda por lo impronunciable, sino que incomoda porque desbarata las lógicas patriarcales desde lo más profundo. La pelea del feminismo por la inclusión de la colectiva mujeres en el universo simbólico ya es revolucionaria en sí misma. Pero acarrea un peligro mucho mayor para el status quo, ya que se sigue de una infinita marcha de miles, millones de otrxs que claman con un grito cada vez más fuerte por su derecho a la existencia.

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