Editorial #NoNosQuedaOtra -21 de Marzo de 2016

El massacrismo ha llegado para abrirle la puerta a los hijos de puta.

Hoy, más que nunca: Nunca más

Texto:


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Quién se atreve a cargarse al hombro / el hambre, de estas chimeneas / quién habrá de forjar la esperanza / sin promocionar, la espera / quién será el fogonero de este sueño imposible / quién recogerá las piedras / con aire violento y apacible.

Quién se atreve a cargarse al hombro / a la hembra, de estas chimeneas / quién le asfaltará la espalda / con la lengua, llena de brea. Quién dirá que es chorra y fea / que dejó al país en quiebra y está más loca, que Videla.

Quién se atreve a cargarse al hombro / la democratización de la justicia / la avaricia que entre escombros / resucita la censura / que con el himno de la dictadura / entona la canción del asombro.

¿Es que usted señor juez tuvo algo que ver? ¿No habrá firmado nada que lo implique? ¿No habrá implicado nada que lo afirme? Es que usted, su majestad, dueño del circo del convento ¿no será que ha sido fraudulento con su propia moral?

Quién se atreve a cargarse al hombro / a este clan de asesinos judiciales / quién se retorcerá de contento / cuando sangren las capitales / quién empuñará un fusil hambriento / y se abrirá paso por el cerco / que separa la vida, de 30.000 muertos.

Cuando otro niño en la calle / se quede sin las alas / quién se atreverá / a recoger el vuelo / desparramado en las campañas.

No cuenten con nosotros / los que esperan, esperan / y sólo esperan / los que llevan techo propio / los que esquivan el barrio y el odio. / No cuenten con nosotros / los genios a escondidas / los poetas de fin de semana / los que miran de reojo / para no herirse de mirada / los que miran hacia adentro / y no tienen nada.

No cuenten con nosotros / los terceros en discordia / los grisáceos / los que se acarician la panza / los que utilizan la balanza / para repartir la limosna / los que sueñan con la patria y no viven con el otro.

No cuenten con nosotros, los héroes de teatro ni las acacias de salitre. No cuenten con nosotros los albatros, ni los buitres / Cuando estallen los pupitres de la escuela judicial / no habrá manos invisibles ni discurso angelical / y al que abusa de un niño o le roba identidad / sólo le cabe un destino / la justicia / popular.

Como dijo Diego Capusotto: “Los hijos de puta no van a desaparecer”. La perversión no se reduce a una estructura psicopatológica. El umbral más cercano para analizar la historia de la perversión en nuestro país, es la última dictadura cívico-militar. El partido Judicial ha tenido una entusiasta labor en esta empresa de asesinato, tortura, abuso de poder y desmantelamiento de la subjetividad y la integridad sexual y moral de nuestro pueblo.

La represión construyó su escenario en las sombras de las instituciones. Los niveles de complicidad y silencio, fueron profundos. La familia, los medios de comunicación, el empresariado rural argentino, las multinacionales, la iglesia, el aparato represivo mismo. En fin, todas las instituciones cedieron ante el autoritarismo impuesto y construyeron, en muchos casos en forma inconciente, una transversalidad que legitimó la represión de punta a punta. ¿y la honorable justicia? ¿Dónde estaba aquél imperio de verdades divinas que detiene un tsunami con una cautelar para defender la libertad de expresión… ¿Qué estaban haciendo en ese momento?

Basta hacerse una serie de preguntas para sentir el escalofrío en el cuerpo. ¿qué papel protagonizaron los funcionarios judiciales, los abogados y los juristas durante el gobierno de facto? ¿Por qué muchos de ellos adhirieron a este plan criminal ?  ¿Y por qué tan sólo un puñado de trabajadores judiciales pudieron asumir una posición ética frente a las víctimas? ¿Hubo una renovación de jueces con el retorno de la democracia? ¿En qué medida hemos avanzado desde 1983 a la fecha en la reconstrucción o replanteamiento de la institución judicial?

En la última dictadura, hubo una participación activa desde el poder judicial. La denegación sistemática de hábeas corpus interpuestos por los familiares de las víctimas. El otorgamiento de validez a las normas de facto represivas, la resistencia a investigar seriamente los crímenes, la instrucción de causas penales fraudulentas para extorsionar a empresarios. El apercibimiento a los jueces de instancias inferiores que no cumplían con sus mandatos. La participación en maniobras de ocultamiento de cadáveres y de las razones de esas muertes. La apropiación ilegal de niños nacidos durante el cautiverio de sus madres. La intervención en tribunales militares para juzgar civiles. La prestación de ayuda para interrogar e incluso torturar a detenidos de manera ilegal y la delación de abogados comprometidos con los reclamos de las víctimas a fin de que fueran disciplinados por las fuerzas represivas. El gobierno de facto fue positivizado por el Partido Judicial. La Corte Suprema estableció abiertamente que las Actas Institucionales y el Estatuto para el Proceso de Reorganización Nacional eran normas que se integraban a la Constitución. Ese fue el rol de los judiciales en la última dictadura militar. Me pregunto, de dónde sacarán tanta omnipotencia entonces, para referirse a la moral de las personas, a través de sus fallos, como si ellos estuvieran exentos del delito y la perversión.

Podemos pensar que algunos funcionarios judiciales no resistieron las amenazas y las presiones efectuadas por la junta militar. En muchos casos, primó la comodidad del sillón patriarcal. La inhibición de la propia culpa, absolvió la conciencia de numerosos funcionarios judiciales, que se visualizaban a sí mismos como correctos intérpretes del derecho a expensas de la decencia humana. Esto, hay que decirle, se parece mucho al positivismo de los jueces alemanes durante el nazismo. ¿No será que es una política la del poder judicial y un partido organizado el que forja sus ideas? ¿No será que más que una pregunta, se trata de una afirmación. 40 años después estamos maduros para entender que el Poder Judicial es un partido político que responde a las oligarquías nacionales e internacionales. Las estructuras y redes del Poder Judicial cómplice de la dictadura continúan vigentes e impunes. El macrismo no quiere que se conozca cuál fue el rol de Papel Prensa, Loma Negra, Ledesma, Mercedes Benz, Molinos, Bunge & Born, Editorial Atlántida, Acindar, Ford, Techint y la lista podría seguir toda la mañana. Y le podríamos sumar algunos medios de comunicación que ya se imaginan cuáles son. Algunos Bancos, también, como el City Bank, el Lloyds Bank. Pero lo destacable aquí, lo que es preciso explicitar es que las mismas fuerzas oscuras que operaron en la dictadura continúan al día de hoy reconstruyendo su república: la república del bigote. Dije Papel Prensa, dije Poder judicial, dije empresarios cómplices. ¿Se acuerdan de lo que pasó en Tucumán el 23 de agosto de 2015? ¿Tienen presente cuál fue el rol de la justicia y las fuerzas de seguridad en los derrocamiento de Zelaya en Honduras y Lugo en Paraguay? ¿Recuerdan todos los intentos de golpe en Venezuela, el rol de las policías en Ecuador y aquí mismo en la Argentina? ¿Hace falta viajar al pasado? Alcanza con asomar la cabeza un poquito hacia el norte y ver lo que está sucediendo en Brasil: El partido judicial y la corporación mediática son las armas modernas de la derecha neoliberal. El proceso de la guerra fría nos enseñó que las bombas hoy tienen forma de pantalla y los fusiles disparan cautelares. Los soldados que ponen las bombas se esconden detrás de las banderas de la libertad de expresión y el derecho jurídico. Los que gustan del fútbol lo pueden ver en las canchas. Los que ganan los partidos no siempre son los jugadores o la hinchada sino los jueces, los que arbitran las reglas del juego y tuercen el arco en favor de sus auspiciantes.

El partido Judicial y el monopolio mediático son dos caras de una misma moneda y esa moneda es el símbolo del capitalismo imperialista, es la moneda que define la distribución de la riqueza y no seamos necios, no es sólo la distribución de la riqueza, es la distribución, de la moral, de la libertad y de la justicia. De los valores más altos de la historia de la humanidad. La única verdad es la realidad y la realidad es que el 1% de la población mundial tiene más que el 99% restante. Imagínense lo fácil que resultaría la ecuación si la pensáramos desde una lógica infantil: Expropiamos a ese 1% y tenemos libertad, justicia y moral para todos y para siempre. Pero la historia ha demostrado que los engranajes del poder concentrado no se resuelven con algoritmos matemáticos ni recetas economicistas.

Se habla de la independencia judicial. Sin embargo, como vimos en el caso de la dictadura puede haber dos posibilidades. O el poder judicial nunca fue independiente o su independencia es sierva del más profundo sentimiento anti-democrático y del más sádico ideal de república. Sin ir más lejos, a partir del quiebre institucional de 1930 la jurisprudencia suministró el sostén doctrinario a los golpes de estado. El golpe de 1943 también fue legitimado por la Corte Suprema. Fue a partir de allí que las Cortes desarrollaron la llamada “doctrina de facto” que sirvió para dar validez a los decretos inconstitucionales impulsados por los militares. En 1946, Perón tuvo que destituir a los integrantes de la Corte Suprema porque se negaban a aplicar las leyes laborales y tomar juramento a los nuevos jueces del fuero laboral. En los 90´, el Poder Judicial fue un cómplice estructural de las medidas de vaciamiento neoliberal que nos dejaron sumidos en una pobreza creciente que alcanzó su techo en 2003. Está claro que en los 90´ el Poder Judicial y el Poder Ejecutivo, representaban los mismos intereses ¿No es realmente llamativo que los jueces quieran ser independientes justo cuando aparece un gobierno que realza los valores de verdadera independencia que han sabido llevar nuestra patria hasta lo más alto? ¿Por qué el mandato de Cristina puede durar sólo dos períodos de cuatro años y el de un juez puede ser vitalicio?

Cuando Cristina envió el Proyecto para democratizar la justicia, no sólo quedó demostrado el poder del Partido Judicial sino que, como nunca, se vio esta coincidencia entre el Poder Judicial, los monopolios mediáticos y el poder económico. Lo único que estábamos pidiendo era que la totalidad de los miembros del Consejo de la Magistratura fueran elegidos directamente por el pueblo. De hecho, así lo determinó el Poder Ejecutivo y el legislativo. Pero no, el Partido Judicial, en su condición de Dios Monárquico, determinó que de ninguna manera iba a ser así.

Democratizar la justicia es el paso previo para democratizar la palabra. En tiempos en donde el asesino se victimiza y la víctima es vista como culpable, es preciso que nos movilicemos. Este jueves se cumplen 40 años del comienzo formal de la última dictadura cívico-militar. Hemos pasado por la Obediencia Debida y el Punto Final. Hemos pasado por el indulto y por la reconstrucción en los 90 del plan económico que se impuso en tiempos militares. Y hemos vivido doce años en donde metimos presos a los culpables, logramos que muchos mueran en las cárceles, reconstruimos la economía, levantamos pedazo a pedazo los escombros de un país violado por el propio estado y sus socios internacionales. Le dimos a los 30.000 la paz que se merecían. Y, hoy, después de 40 años, el pueblo vuelve a elegir como gobierno a los civiles cómplices y artífices de las épocas más oscuras de nuestra patria. Que no me vengan con las teorías cíclicas, la dialéctica hegeliana o la tercera vía peronista: esta etapa nos reclama que pongamos la acción por delante y la idea por detrás. No es tiempo de sectarios ni de puros. Es tiempo de que salgamos a la calle a evitar la masacre. El massacrismo ha llegado para abrirle la puerta a los hijos de puta. Cuidemos a nuestros hijos y luchemos por el futuro de nuestros nietos. Hoy, más que nunca: Nunca más. Hoy más que nunca, pongamos el grito en el cielo.

El silencio mata. Viva la radio. Viva la democracia. Viva el poder del pueblo. Viva la movilización popular. Viva la Justicia. Viva los 30.000 compañeros asesinados que dieron la vida para que hoy, los jóvenes, tengamos el orgullo de pertenecer al sueño de la revolución.

Bienvenidos a No Nos Queda Otra, un fusil hambriento en el medio de la selva.

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