Editorial 21

La oligarquía ha vuelto a asumir el gobierno como propio y sus intenciones son devastadoras.

El final de la luna de miel

Texto:
Ilustración: Julián Gael (7 años)


“Sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra

cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”.

Ernesto Che Guevara, carta a sus hijos

Cumplidos los primeros 100 días, se ha terminado la llamada luna de miel que resguarda a los gobiernos que recién se inician. La imagen de Mauricio Macri todavía es positiva para muchos argentinos y el gobierno intenta asociar las medidas de ajuste con el “sinceramiento de precios” y “la pesada herencia”. Aún así, la escalada inflacionaria, la suba de tarifas y la amenaza generalizada a perder el empleo empiezan a preocupar al conjunto de la sociedad. Los ojos de los argentinos se irán posando indefectiblemente sobre los hombros de Mauricio Macri. Ya somos muchos los que estamos dolidos y nos solidarizamos con los trabajadores despedidos, con los periodistas censurados y con Milagro Sala que sigue presa por protestar.
El discurso de Cambiemos –una derecha propia de este siglo, con nuevas tácticas y estrategias– caló muy hondo en la mayoría de los argentinos. Es impactante cómo a través del consenso construido sobre la existencia de los “ñoquis del Estado” se cabalga el fin de innumerables políticas públicas, desfinanciadas o simplemente desarticuladas. Esta derecha es capaz de avanzar sin respetar las leyes y los derechos adquiridos, pisando sobre un andamiaje que el kirchnerismo construyó como primer eslabón a futuro pero que aún era muy endeble.
¿Democracia o corporaciones? Aquella dicotomía con la que Cristina zanjó la disputa de la Argentina fue resuelta momentáneamente por las corporaciones. Los principales puestos del Estado están dirigidos por los CEOs (directores ejecutivos) de las grandes empresas del país. Uno de los casos más emblemáticos es el de Juan José Aranguren, ex CEO de Shell y ahora Ministro de Energía; o el de Miguel Braun, sobrino del dueño de supermercados La Anónima, ahora Secretario de Comercio. Han puesto al zorro a cuidar de las gallinas.
La mentada campaña del miedo quedó corta. La fenomenal transferencia de recursos de los sectores populares a los grupos concentrados compone un cuadro explosivo y de conflictividad social. El avance desmedido por parte del gobierno va acompañado del acuerdo con los fondos buitres, que sería una de las operaciones de deuda más importantes de nuestra historia y requiere la derogación en el Congreso de la Ley de Pago Soberano y la Ley Cerrojo. De la mano del pago a los buitres por 15.000 millones de dólares, está la emisión de bonos por el mismo valor y nuevas posibilidades de endeudamiento externo. Ya conocemos el desenlace. Varias generaciones pagarían esta deuda. Mientras que el 93% de los bonistas aceptó recibir 30 centavos por cada dólar, el actual gobierno le va a pagar 4 dólares por cada dólar al 7% restante, los buitres en cuestión. Este acuerdo genera un riesgo adicional: ¿qué pasa si el 93% al que ya le habíamos pagado ahora exige los beneficios de los buitres?

La patria es el otro

En su discurso de despedida, Cristina nos dijo a los miles y miles que estábamos en la plaza que “ellos” ya nos habían dividido en dos, y que ahora nos querían dividir en tres. El reflejo de esta previsión es la conformación del bloque del PJ disidente liderado por Diego Bossio, que acompaña el gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey. Más allá de lo que representan Bossio, Massa o Urtubey, nadie puede negar que estas divisiones debilitan considerablemente el marco de alianza que permitió al kirchnerismo acceder al gobierno y llevar adelante sus principales políticas. A la incertidumbre se suma la ausencia de Cristina (más que justificada) y la dispersión del activo militante en un archipiélago de fuerzas políticas de izquierda, progresistas y kirchneristas.
Cada fin de semana más de una plaza está repleta de militantes kirchneristas, muchos de ellos aún no organizados en un partido político, agrupación o sindicato. A esto se suman las movilizaciones contra los despidos de trabajadores estatales, en las que ATE tuvo un rol importantísimo para llenar las calles, lograr algunas reincorporaciones y hasta saltar el blindaje mediático que tiene cegados a miles de argentinos. En las “plazas del pueblo” se congrega un sujeto que necesita salir a la calle para expresar su descontento y desagravio, pero que aún no pudo ser traducido en una expresión política que lo potencie y lo articule. En las calles y plazas hay un enorme potencial para resistir, renovar al FPV y construir una representación política que nos permita ganar las elecciones legislativas del 2017. No da lo mismo quedarnos en casa que ocupar el espacio público.
¿Cuál va a ser la fuerza política que nos permita acceder nuevamente al gobierno y cuáles serán sus principales características? En el campo nacional, popular y revolucionario se debate si la construcción tiene que ser dentro del PJ o por fuera. Ambas posiciones coinciden en que es imposible transformar el país sin el peronismo (aunque tampoco alcanza sólo con el peronismo). Lo que está en discusión no es la identidad política sino la estructura del poder. ¿Es o no posible sortear al PJ? La pregunta no es nueva, ya Néstor y Cristina impulsaron fuerzas políticas como La Cámpora y Kolina, por fuera del PJ y para disputar dentro de él. Hoy esta discusión se materializa en el próximo congreso del PJ, que definirá si la conducción será del kirchnerismo, con un claro posicionamiento opositor, o si en cambio será de un actor que articule con el macrismo, condescendiente con sus políticas. En el segundo caso, un conjunto de fuerzas políticas con tradición frentista intentará reflejar la unidad y lo mejor de los últimos años en una nueva expresión política. Lo que está en juego es si Cristina conducirá al kirchnerismo dentro del PJ o fuera del PJ.
La oligarquía ha vuelto a asumir el gobierno como propio y sus intenciones son devastadoras. La consigna que lanzó Macri como superadora del granero del mundo es que seremos el supermercado del mundo, la despensa de los dueños de la tierra. Es imprescindible que construyamos iniciativas para detener este nuevo modelo de hambre y saqueo. La historia se repite una vez más: la oligarquía destruye de un plumazo lo ya construido y a nosotros no nos han alcanzado los esfuerzos institucionales por mantener una institucionalidad popular. Quizás ya sea hora de pensar en una reforma constitucional que permita plasmar cambios que fueron y serán vulnerados diariamente. Puede sonar como utopía en momentos de repliegue en el país y el continente, pero ante nuevos obstáculos se requieren nuevas herramientas. El objetivo de ellos será borrar lo ocurrido de nuestra memoria y nosotros deberemos usarla como punta de lanza. Cada vez que intentaron borrar al kirchnerismo, que lo subestimaron o lo pusieron contra las cuerdas, supimos salir con más fuerza. Esta no puede ser la excepción.

WEB_dibujo juli para hamartia

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