Desde hace 24 años la Plaza de Mayo se inunda de color en las marchas del orgullo LGBTI.

Las victorias conseguidas durante estos últimos años, que significaron una mejora en la calidad de vida de una gran cantidad de personas y un fuerte reconocimiento internacional, se encuentran en peligro ante el cambio de gobierno.

La XXIV marcha del orgullo

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Desde hace 24 años la Plaza de Mayo se inunda de color en las marchas del orgullo LGBTI. El cuerpo es político y en cada taco se pueden oír los repiqueteos de la necesidad por visibilizar una realidad silenciada y perseguida durante toda la historia, todos los tiempos y todas las modas: la realidad de la disidencia. Cómo fue el origen del movimiento, cómo se construyó y qué cambió en esta última década son las cuestiones que darán pie a pensar qué es lo que está en juego de cara al nuevo gobierno.

La resistencia

La plaza, como siempre, se mostró habitada por expresiones de género diversas que transitaban dejando la huella de lo ineludible: aquí estamos, como siempre, más que nunca. Pero esta vez, hubo algo diferente. Las victorias conseguidas durante estos últimos años, que significaron una mejora en la calidad de vida de una gran cantidad de personas y un fuerte reconocimiento internacional, se encuentran en peligro ante el cambio de gobierno.  Las declaraciones de quien formaría parte del cuerpo de asesores del Frente Cambiemos, el pediatra Abel Albino, fueron escalofriantes: “En relación con las familias con niños víctimas de desnutrición hay una serie de conductas que inexorablemente deben ser combatidas: impudor, promiscuidad, pornografía, autoerotismo, incesto, sexo contra natura (sexo oral o anal), violación, pedofilia, anticoncepción, aborto, infidelidad, concubinato”.

La guitarrista Karen Bennett lo expresa claramente en su muro de Facbeook: “¿Podemos por favor abandonar el pozo de la queja del colectivo que repite el panfleto del discurso de luchas LGTB tales como ‘ganó la misoginia, el patriarcado, el antiabortismo, la dictadura, etc, etc?’ Ya está. Ya fue. Los cuatro años que siguen están casi perdidos en estos frentes y dependerá exclusivamente de la militancia política, el activismo especializado y la presencia y visibilización de todxs nosotrxs para al menos no perder lo que se ganó (…) Hay momentos de conquistas y momentos para la trinchera”.

Y la trinchera, el sábado 7 de noviembre estuvo en Plaza de Mayo. Militantes con carteles memoriosos de consignas claras y contundentes volanteaban y convencían entregándose efervecidxs en la lucha. Lo que se consiguió no es suficiente, pero es mucho. Y es bastante más que las conocidas leyes igualitarias. Es un Estado que comienza (o comenzaba) a ser presente. A pesar de que puede parecer “natural” ver stands de todos los ministerios nacionales alrededor de la Plaza de Mayo, no lo es: se trata de un proceso de construcción durante estos últimos 12 años, en los que el Estado Nacional fue parte del compromiso por la ampliación de derechos para el colectivo LGBTI. Fue parte de la marcha del orgullo.

Este año, las principales consignas son la  “ley antidiscriminatoria”, por la cual se exige que en las letras de la jurisdicción se especifique que las sexualidades no heteronormativas son castigadas con especial desprecio por los prejuicios cotidianos, el reclamo de justicia para la compañera Diana Sacayán, asesinada en su departamento, y un fuerte repudio generalizado a que gane el frente de Mauricio Macri (por esos días aún en plena campaña presidencial), al grito de “Amor sí, Macri no”.

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La historia del movimiento

La marcha del orgullo se realizó por primera vez en el año 1992 con una convocatoria de 300 personas y con el fin de vehiculizar reclamos, conquistas y visibilizar orientaciones, identidades y expresiones de género disidentes de la sexualidad hegemónica. Actualmente, la Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo, que es la que coordina las actividades que se realizan, está integrada por todas las organizaciones, agrupaciones y personas que voluntariamente trabajan para promover y proteger la expresión de la diversidad sexual. 

Desde el 2005, en memoria de una activista travesti, el escenario de Plaza de Mayo es llamado “Nadia Echazú” y el escenario de Plaza Congreso, “Carlos Jáuregui”, quien fue uno de los primeros activistas en impulsar estos encuentros. La marcha se celebra el primer sábado de noviembre de cada año en conmemoración de la creación de “Nuestro Mundo”, el primer movimiento homosexual en Argentina.

“Nuestro Mundo” fue una agrupación de trabajadores del Correo Central entre los que se encontraba Héctor Anabitarte y Sergio Pérez Álvarez. Cuentan los protagonistas, que en aquella oficina se agrupaba una numerosa cantidad de homosexuales. No había atención al público y por ser “amanerados” los enviaban a ese sector. Teniendo en cuenta que el legado provenía del gobierno de Onganía, y de una feroz persecución moralista que se extendió también en el Peronismo, no sorprende que las acciones del grupo se limitaran a reuniones de reflexión e intercambios de pensamiento. Arduo trabajo si pensamos en los contextos de donde se provenía, en los que cualquier derivación de la norma social de rectitud y ciudadanía heteronormativa era concebida como peligrosa y delictiva.

A fines del siglo XIX, la abrumadora represión higiénico-científica del gobierno “ilustre” de la generación del 80, la persecución moralista y xenófoba de las diferentes instituciones creadas a tal fin eran insuficientes para acabar con “la escoria: la prostitución, el tango, el anarquismo, la inversión sexual” (O. Bazán) porque, justamente, se trataba de la identidad de un pueblo, que resistía silenciosamente, en los suburbios, a través de la cultura, del pensamiento, de la mera existencia. Ya a principios de 1900, a la persecución fundada en la búsqueda por la sanidad social, se le sumó la intención de limpiar de delincuencia las calles de Buenos Aires. Una vez más, la resistencia era la única estrategia posible.

En 1971 a la agrupación “Nuestro Mundo” ya se había sumado el grupo de profesionales de la facultad de Filosofía y Letras y se había creado el Frente de Liberación Homosexual. Seguramente habrían llegado las noticias del norte: la rebelión de Stonewall, al grito de “Gay power”, en los Estados Unidos del 69, que movilizó cerca de dos mil personas contra la represión y corrupción policial.

Así comenzó la estrategia de la concientización y, muy solapadamente, la divulgación de escritos de liberación, arriesgando incluso sus vidas. Teniendo en cuenta que no sólo la derecha descarnada perseguía a los homosexuales, sino que el rechazo también provenía de “la izquierda revolucionaria comprometida con la tradición homofóbica del marxismo” (F.Rapisardi y A.Modarelli), “salir ante todo del castigado Guetto” comenzó a ser el proyecto del Frente, es decir, actuar de una manera no clandestina. En los comienzos de la dictadura militar, Ilse Fuskova, una de las referentes más importantes del lesbofeminismo en la Argentina se acercó al Movimiento de Liberación Feminista (MLF), que tiempo después pasó a ser la Organización Feminista Argentina (OFA), liderada fuertemente por María Elena Oddone. Durante la dictadura del 76, los crímenes y las torturas por la identidad de género se incrementaron. No obstante, no fueron documentados en el “Nunca Más”.

La estrategia siguió siendo la resistencia. Las fiestas eran privadas y los movimientos extremadamente controlados para evadir las fuerzas policiales.

Ya en democracia, se fundó la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) con Carlos Jáuregui al frente y las estrategias del movimiento se pudieron organizar en torno a nuevos objetivos de restitución de derechos. Se comenzó a integrar la mesa de los movimientos de Derechos Humanos, se logró la personería jurídica, comenzaron las campañas de concientización sobre la pandemia del VIH y se iniciaron, en 1992, las marchas del orgullo. Se logró la derogación de los edictos policiales que perseguían y criminalizaban las identidades travestis, hecho en que comenzó a visibilizarse el movimiento trans argentino de la mano de Nadia Echazú, Claudia Pia Baudracco, Lohana Berkins, Marlene Wayar y la recientemente asesinada Diana Sacayán. Además, se incluyó el artículo por la no discriminación en CABA y se logró la esperada unión civil.

La década ganada.

El movimiento LGBTI se hizo cada vez más grande. La llegada del kirchnerismo, vehiculizó la promulgación de las leyes de Identidad de Género, de Matrimonio Igualitario, el DNU por niños y niñas nacidos/as con anterioridad a la ley, la ley de Reproducción Asistida, la ley de Educación Sexual Integral, la ley de Medios, el nuevo código civil, reivindicaciones merecidas, logradas a fuerza de una intensa lucha, que costó la vida de miles de personas.

Hasta hoy e inserto en el debate político, el movimiento construyó, junto a un Estado que ha dicho presente, y a una sociedad que comenzaba a acompañar, un país más equitativo para todos y para todas.

Los desafíos actuales y las banderas de la marcha son profundizar la transformación cultural, promover la inclusión laboral trans, garantizar el acceso a los derechos y que se detengan los travesticidios y los femicidios, entre muchas otras luchas pendientes.

Pero lo que verdaderamente se pone en juego hoy, luego del triunfo de Mauricio Macri a nivel nacional, en Provincia de Buenos Aires y nuevamente en la Ciudad, es no perder las conquistas. Defender lo conseguido. Y atrincherarse.

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