La plataforma Turca

Turquía no solo permitió campos de entrenamientos, reagrupamientos de combatientes y hospitales de campañas, sino también el flujo permanente de armamentos.
La única posibilidad de destruir a Estado Islámico es agotar sus fuentes de financiamiento.

Turquía y la razón del caos

Texto:
Fotografia: Germán Pasti


hamartia siria_por_GermanPasti webTras los atentados de París del 13 de noviembre de 2015, las máscaras y tapujos que disimulaban las responsabilidades respecto a la guerra en Siria y el nacimiento y desarrollo de Estado Islámico han comenzado a caer, dejando al desnudo el doble discurso de Occidente.

Al poco de andar la mayúscula operación de hipocresía que Washington -junto a sus socios europeos- construyó con la artificial Primavera que parecía en un primer momento iba a incendiar el mundo árabe, se extinguió no sin ¿casualidad? haber acabado con uno de los dos enemigos jurados del Departamento de Estado, Muhammad Gaddafi, y herir casi de muerte al gobierno de Bashar al-Assad. Como daños colaterales se pueden contar algunas magulladuras en dictadura amigas como Túnez y Egipto cuyos cambios de figuras, en realidad, no han producido mayores cambios respecto a los intereses de occidente. Quizás él primer gran daño no intencional se haya producido en Yemen, donde las consecuencias posteriores a la Primavera Árabe son responsables de la actual guerra civil.

Pero entre los efectos tan directos como imprevisibles de la Primavera Árabe, se cuentan hoy los dos temas que concitan la preocupación de Europa fundamentalmente y de alguna manera, aunque más colateralmente, la de los propios Estados Unidos: la crisis de refugiados y la peligrosa escalada de atentados que se han producido y sin duda se seguirán produciendo en las propias entrañas de Europa y los Estados Unidos, si tenemos en cuenta que los atentados de diciembre en San Bernardino, que dejaron 14 muertos y 14 heridos, fueron revindicados por “lobos solitarios” del Estado Islámico.

Mientras en algún gabinete del Departamento de Estado se planeaban las manifestaciones que iban a terminar con Gaddafi y Bashar al-Assad, nadie pareció tener en cuenta a los miles de jóvenes europeos de origen árabe que sin destino pululaban entre las condenas por crímenes menores a las oficinas de desempleo de sus respectivos países como Francia, Bélgica, España o Alemania.

Nadie pareció detenerse a escuchar lo que ya en 2005 era un reclamo desesperado, que terminó con las acciones violentas en un principio en los barrios periféricos de Paris, para luego tener repercusiones en distintas regiones de Francia y varios países europeos.A las semanas de desobediencia social, que se caracterizaron por las quema de autos, el entonces ministro del Interior del presidente Chirac, Nicolás Sarkozy, solo supo tratar con violenta represión, denigrando a los manifestantes en sus discursos llamándolos “escoria”.

Nadie entendió entonces que las cárceles europeas se iban a convertir en gigantescas madrazas, donde los jóvenes musulmanes, que ya no guardaban ninguna relación ni con la religión ni con las costumbres de sus ancestros, comenzaron a encontrar en la vuelta al Islam, sino una buena razón para vivir, una buena razón para morir.

Esas fueron los motivos para que miles de jóvenes europeos de origen musulmán convocados desde las redes sociales, mullhas radicalizados y operados por los servicios de inteligencia de sus países, partieran en procura de su mal entendida yihad. La guerra santa que no iban a libran contra sus verdaderos enemigos de Occidente, sino contra uno de los más connotados enemigos de occidente: Bashar al-Assad.

La plataforma Turca

Fue a partir de 2011 que comenzaron a llegar de manera irrestricta a territorio turco esos miles de jóvenes, que a la vez se unían con veteranos georgianos, chechenios y de otras naciones musulmanas de la antigua Unión Soviética, para ingresar a Siria e incorporarse a algunas de las muchas organizaciones que combatían contra el gobierno sirio.

Turquía entendió rápidamente cuál era su lugar en ese complejo rompecabezas: el de administrar no solo la entrada de combatientes, sino los insumos que para ellos llegaban tanto de países como Estados Unidos, Francia, Israel o Reino Unido, como de Emiratos Árabes, Qatar y Arabia Saudita. Ya lo habían hecho en Libia; no podían fracasar en Siria.

Turquía no solo permitió campos de entrenamientos, reagrupamientos de combatientes y hospitales de campañas, sino también el flujo permanente de armamentos, que se convirtió también en un gigantesco centro de distribución de Captagon, la droga más utilizada por los yihadistas. Es importante señalar que Turquía también es una de las puertas de entrada del opio y la heroína que sostiene la guerra de los talibanes en Afganistán.

En el trascurso de la guerra, cuándo los desquicios en Siria tenían proporciones bíblicas, empezaron a llegar cientos, miles y millones de refugiados a Ankara, que supo también sacar ventaja. Controlar o no qu el flujo de refugiados pudieran continuar hacia Europa formaba parte de los beneficios de la guerra.
En Bruselas, sede la Unión Europea, Ankara sacó a fines de noviembre otra buena tajada: consiguió que los 1800 millones de euros que recibía para evitar que el flujo de refugiados llegara a Europa se conviertan en 3 mil millones, aunque no queda claro a que se refieren con “controlar el flujo”, cómo y de qué vivirán los refugiados en Turquía, y de qué manera serán defendidos sus derechos humanos y su integridad física.

Una cosa es cierta: a las pocas horas de firmados los acuerdos en Bélgica, Turquía anunció la detención de unos 1500 sirios que pretendían llegar a Grecia.

El flujo de personas que se trasladan a Turquía continuará todavía por muchos meses y será solo que los controles turcos permitan seguir a unos pocos cientos de refugiados para que nuevamente la Unión Europea vuelva a aumentar la cuota.

Turquía, y particularmente su presidente Recep Tayyip Erdoğan, viene sacando desde aproximadamente 2 años un beneficio mucho más atractivo todavía de los que la guerra siria le proporciona.

Como ya lo ha denunciado el presidente ruso Vladimir Putin, la empresa del hijo de Erdoğan, BMZ Ltd, es la encargada de vender y distribuir el petróleo que el Estado Islámico extrae del norte de Irak y las zonas que controla en Siria. Una flota de más de 80 mil camiones cisterna atraviesa algún punto de los 850 Km. de frontera siria-turca para cargar los buques que trasportan el petróleo robado a mercados del lejano oriente.

La denuncia de Putin fue acompañada por fotografías satelitales tomadas por los aviones rusos que desde hace más de dos meses operan contra posiciones del Frente al-Nusra, el al-Qaeda sirio, el Estado Islámico y el Ejercito Libre Sirio, las tres fuerzas más importante que combaten contra Bashar al-Assad.

El derribo del caza ruso Su-24 por parte de la artillería turca en la última semana de noviembre no fue más que un artilugio para disimular el tráfico de petróleo y amortiguar la denuncia de Moscú, que esta a punto de realizarse.

En las tomas se ve como largas columnas de camiones transitan con absoluta seguridad desde los pozos petroleros hasta los puertos turcos donde en secreto se embarca lo robado. El petróleo se ha constituido en el mayor sostén de Estado Islámico para continuar la guerra, aunque las operaciones aéreas de los hombres de Putin terminaran destruyendo esa línea de abastecimiento más temprano que tarde.

La única posibilidad de destruir a Estado Islámico es agotar sus fuentes de financiamiento. El doble discurso de occidente, que por un lado decía acusarlo y por otro lo abastecía tras el 13 de noviembre, seguramente se ha terminado.

Ahora resta por saber cómo y con cuánto acallaran a Turquía de todo lo que conoce sobre las operaciones secretas de la OTAN en Siria y hacia donde migraran los miles de combatientes salafistas tras huir de Siria. Esta guerra, que ha iniciado la torpeza de occidente, no finalizara, sino que cambiara solo de escenario.

 

* Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

 

 

  • Facebook
  • Google Plus