Rubén Borré

"Soy un pintor urbano. Uno ve el paisaje a través de las ventanas del edificio, en el espejo retrovisor del auto o por la ventanilla del colectivo. Además de ser fragmentos son un espacio plástico."

Del claroscuro al contraste de colores

Texto:
Fotografia: Nicolás F. Blanco


web_paisaje del Sur del Sur_ acrilico sobre tela 190x 160cm

Rubén Borré nació en Buenos Aires en 1950, es pintor, dibujante y escultor. Actualmente es asesor en Artes Visuales de la Universidad Nacional de Lanús y es miembro de la Asociación Cultural “Zero mig partit pel mig” de Tarragona (España). Su mundo creativo refleja el compromiso ético y estético con que supo sentir y transitar la vida. “Recuerdo a Carpani en la Mutualidad de Bellas Artes haciendo las serigrafías de Evita en la terraza, en aquella época de Lanusse donde era todo medio clandestino. Subíamos a la terraza a verlo trabajar y después decíamos: “¡Yo soy ayudante de Carpani!”. Aquellos años 70 fueron una época muy especial. A la Mutualidad de Bellas Artes iban Roberto Paez, Pujía, Miguel Dávila, Hugo Sbernini. Convivíamos con esos maestros que fueron no sólo grandes en lo estético sino también en lo ético y social. En un momento aflojé un poco porque era una época donde militábamos, nos cuestionábamos si esto de pintar era una cosa burguesa y pensábamos que la necesidad era otra. Luego, como tantos otros, tuve un episodio muy duro. Fue cuando me secuestraron con mi primera mujer. Me fui entonces, pero volví”. La pintura fue un rescate para Borré, en la que encontró un mundo nuevo en medio del horror.


¿Qué te llevó a ser artista y quiénes te acompañaron?
Esa inquietud surge en mi casa, con esa sencillez que no quiere decir simplicidad. Soy de una familia de trabajadores, de laburantes, que tenían una especie de prestigio por la cultura muy fuerte. Mi abuelo era un tipo que tocaba el violín, pintaba. Era de estos anarquistas que vinieron acá a principios de siglo, militante de la FORA. Aún con una economía muy reducida iba a ver espectáculos al Colón. Mi viejo también tocaba el violín y era un gran amante de la música. De chico tenía una actitud muy compulsiva con el dibujo. Recuerdo que en 5° grado la maestra mostró mi dibujo para ridiculizarme ante todos –seguramente eran cosas muy delirantes, que no representaban justamente la consigna dada por ella. Dejé de dibujar por mucho tiempo, ¡pero por mucho tiempo! Ya más grande, en la escuela secundaria, tuve la suerte de tener algunos amigos artistas. De pequeño, en el barrio de Villa Real donde yo vivía, se hacían carnavales temáticos. Un barrio hacía el carnaval del mar y el otro hacía el carnaval de los piratas, por ejemplo. Los clubes del barrio pintaban en sus fachadas temas que referían a la temática seleccionada. Cerca de mi casa había un club que se llamaba Luxor y para mí era fascinante verlos pintar en esos andamios, era como ver a Miguel Ángel. Allí conocí a unos muchachos que resultaron ser dos artistas muy importantes, hoy ya fallecidos: Carlos Demestre y Cesar Clodión. Cuando los reencontré en la adolescencia, yo ya estudiaba en la Escuela Municipal de Artes Gráficas, y también dibujaba. Ellos fueron los que me rescataron y me llevaron a la Escuela de Estímulo de Bellas Artes, después a la Mutualidad de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes. Ahí empecé con la formación y a encontrarme con ese mundo maravilloso de la pintura.

Eran los años 70. Contanos como fueron esos momentos y ese camino.
Estudié muchos años con Jorge Ludueña en la parte de pintura, hice dibujo con Enrique Azcárate, también con Salvador Benjuya. A fines del año 78 conocí al maestro Aníbal Carreño –del “Grupo del Sur”– y tuve la suerte de hacer una muestra prácticamente juntos en la Sociedad Argentina de Artistas plásticos. Esa fue mi primera muestra y para mí, por la gran admiración que siento y sentía por el maestro Carreño, fue como tocar el cielo con las manos. A través de esa muestra conocí a Mabel Guichandut, que tenía una galería en Suipacha llamada Angelus, y me invitó a exponer. Estaba en un momento terrible de mi vida, tenía dificultades con el trabajo, incluso estuve mucho tiempo sin documento porque cuando me soltaron no me lo devolvieron. Volverlo a gestionar me generaba terror y pánico. Un grupo de amigos me ayudó a realizar la muestra. Fue como una especie de balsa en el medio del naufragio.

DSCN0135

¿Sentís que estas vivencias, el secuestro, la salida, el exilio y el regreso, generaron cambios en tu técnica pictórica?
Me acuerdo que en esa época hice una serie que se llamaba “De las formas y sus partes”. Si bien no tenía un relato literario sobre el tema, con el tiempo me di cuenta de que yo trabajaba una forma cualquiera, por ejemplo una manzana, la partía y ponía todos los pedazos. Era como que la desarmaba, como si fuera un rompecabezas. Creo que tenía mucho que ver con lo que pasaba en ese momento. Jugué mucho con las partes, las partes rotas del todo, el rearmar de nuevo. Tengo una cosa un poco disociada entre la pintura y el dibujo. Con el dibujo trabajé directamente el tema social e hice muchas ilustraciones. En el dibujo tengo un relato más anecdótico, más literario, muy figurativo. Allí desarrollo la idea. En la pintura me expreso de otra manera, me expreso más con el color, con el sentido de la forma, con el lenguaje psicótico.

¿Cuál es tu punto de partida frente a la tela en blanco?
Generalmente tengo una idea. Muchos de mis cuadros son paisajes, aunque sean algo raro. Siempre parto de figuraciones. Planteo en la tela la estructura de lo que voy a plasmar. En general mi trabajo es el fragmento. Soy un pintor urbano, de ciudad. Uno ve el fragmento, uno ve el paisaje a través de las ventanas del edificio, en el espejo retrovisor del auto o por la ventanilla del colectivo. Uno ve las partes, que además de ser fragmentos son un espacio plástico. A veces planteo un paisaje formal y después lo empiezo a modificar automáticamente. Soy de los que cree que uno toma lo figurativo y luego llega a la abstracción.

DSCN0127

Hablando de ideas y de temáticas. Contanos sobre tu paso por el barrio de la Boca y cómo quedó plasmada esa experiencia en tu obra.
Siempre me interesó participar dentro del campo social ya desde los años 70. Trabajé en un proyecto “contra el Mal de Chagas” en el 73. Trabajamos en todo el país sacando los techos de paja y poniendo chapa. Coordiné ese equipo a pesar de ser muy joven, con un convenio con la Juventud trabajadora peronista de Gas del Estado y aportes de Bienestar Social. En el 74 trabajé en un proyecto que se hizo en Bienestar Social, en Desarrollo de Comunidades, cuya propuesta era hacer 500 pueblos nuevos en la Argentina. Se emplazarían en una primera etapa en tierras fiscales y en una segunda etapa con la expropiación de tierras improductivas. Todo se iba a trabajar bajo la forma de cooperativa. También estábamos ligados a el Padre Mugica que era asesor y que por supuesto queríamos que fuera el próximo ministro de Bienestar Social. Bueno, todo se precipitó, Carlos Mugica renunció con aquella famosa renuncia pública en la Villa 31. Luego murió Perón, se empezó a poner todo denso y 15 días antes del golpe me secuestraron junto a mi mujer. Estábamos muy jugados, Montoneros se había declarado en la clandestinidad y los que estábamos en la superficie haciendo trabajo social quedamos muy expuestos. Ya en democracia, durante 14 años dirigí un Centro Cutural comunitario en la Boca, en Pedro de Mendoza y California. Creo que fue el centro más grande que tuvo la Ciudad en zona sur. Teníamos un polideportivo con baños y duchas, también una panadería con dos hornos, un gimnasio, una orquesta. Teníamos un auspicio de Naciones Unidas para temas culturales. Había un grupo de muralistas, talleres de pintura de máscara. Ahí se hacían las prácticas de arte terapia del UNA. Cuando asumió la gestión de Macri, a los pocos meses lo cerró. Soledad Acuña y Bullrich vinieron al centro especialmente, lo cerraron por reformas y nunca más lo abrieron.
Todo esto me contaminó, me metí en la temática del barrio. La Boca es un lugar mágico, además de toda su historia, de los laburantes, los inmigrantes. En el arte la Boca tiene algo muy especial. Los liberales, aquella generación del 80, armaron el Museo de Bellas Artes allá en Libertador, e hicieron campo raso, no hicieron ningún otro museo hasta La Plata que era la otra gran ciudad. Se repitió la historia del centro y la periferia como en París, como en Nueva York después de la guerra y ahora en Barcelona o Berlín. El fenómeno de la Boca es muy interesante: Quinquela Martín armó un museo. Para la época fue una cosa muy transgresora, casi impertinente. Expusieron todos los artistas y la figuración de la Boca. Diría que son todos pintores sociales. Cuando Daneri pinta un cacharro de loza saltado, con un plato cachado, está hablando de un conventillo de la Boca, de un plato y un jarro de un laburante, dice con lo cotidiano. Ese lenguaje molestó mucho. La Boca tiene eso, la orilla. Han quedado allí artistas como marginados. Cuando fue el gran boom de los años 60, Buenos Aires era una ciudad cultural importante, valiosísima y sin embargo los pintores de la orilla quedan ahí. Hasta casi te diría que un poco se burlaron de todo eso.

DSCN0165

Si observamos tu pintura encontramos un actor rotundo y persistente que es el color. ¿Qué podes aportar a nuestra mirada?
Vengo de una pintura más oscurantista, más del claroscuro, y fui llegando al color. El color también hace esa función de luces y sombras, sabemos que los cálidos salen hacia afuera, los fríos entran, los templados son intermedios. Uno trabaja una suerte de perspectiva por el color y por el contraste. En vez de profundizar con el claroscuro, elegí producir un movimiento en la superficie. Cuando uno ve en lo cotidiano lo que pasa en la ciudad, ve permanentemente carteles luminosos, los colores de los autos, la ropa de la gente. Hay un persistente contraste y diálogo de colores.

Contamos sobre la muestra que estás llevando a España.
En principio voy a hacer una muestra en Galicia en el Ferrol, casi en Asturias, donde voy a tocar muchas de las temáticas de la orilla, porque es un lugar de puerto. Voy a colgar 30 obras y además voy a pintar un trabajo de dos metros por dos metros que va a quedar allí. Después me voy para el lado de Cataluña. Voy invitado por la Bienal de Arte de Derechos Humanos que se hace en Tarragona. El lugar es muy especial, se hace en Corbera del Ebro que es un pueblo cercano al río Ebro, donde fue una de las últimas batallas de la Guerra Civil española, lugar de la última resistencia catalana y de las brigadas internacionales. Corbera del Ebro quedó totalmente destruido y sobre esa base se construyó el pueblo nuevo. Después de algunos otros intentos, un grupo de artistas armó una institución y empezó a hacer algunas intervenciones en el lugar. En la primera Bienal que fui puse una escultura que es un homenaje a las plazas de Plaza de Mayo. En la segunda Bienal se restauró la iglesia y pinté un friso en una de las criptas. Después pinté uno de los diez cubos para lo que convocaron diez artistas de diferentes lugares, cubos que simbolizan las diez casas que estaban en la parte más alta y fueron bombardeadas. La Bienal dura tres meses, uno se encuentra con 40 pintores y escultores de diferentes partes del mundo. Convivimos ahí todos juntos y lo más fascinante es el intercambio de experiencias.

¿En ese encuentro surge alguna opinión respecto al arte argentino, se habla sobre este tema de la periferia y del centro?
Sí y mucho. En España hay una mirada hacia Alemania, hacia Frankfourt, Berlín como que ellos son los teóricos y hay una pintura muy española que se sigue produciendo. Creo que acá nos pasa más o menos lo mismo, si no valoramos nuestra identidad vamos a estar con problemas. Tenemos un panorama en el arte argentino muy importante. Buenos Aires es un centro reconocido muy importante en pintura, ese es nuestro gran capital. A veces hay una sobrevaloración de lo que viene de afuera muy fuerte. Antes uno iba al Salón Nacional a mirar lo que pasaba en el panorama de la pintura argentina; ahora en el último salón aceptaron nada más que 40 cuadros y creo que no hay pintura del centro del país, es decir, seguimos recortando la mirada. Dentro de este proyecto nacional que es un proyecto de inclusión al cual yo acompaño y me interesa, creo que en artes visuales algo falló. Ahora tengo mucha esperanza con la Nueva Ley Federal de la Cultura, apuesto y trato de colaborar con esto.

web saludos final a 3 pistas Acrilico sobre tela 100x150cm

  • Facebook
  • Google Plus