Por Lula Urondo

Pienso hoy en Paco, mi abuelo, a quien no conocí y, por tal razón, sólo me queda imaginarlo en pequeñas situaciones simbólicas que lo describen.

Día de la Militancia

Texto: y
Ilustración: Lula Urondo


Ayer soñé raro. Casualmente con Claudia y con Paco. Pienso hoy en Paco, mi abuelo, a quien no conocí y, por tal razón, sólo me queda imaginarlo en pequeñas situaciones simbólicas que lo describen. Por ejemplo, en movimiento, con un caminar firme y pesado (como el de toda la familia), resignado, honor intacto hacia la muerte, destino que los altos mandos de su organización de bandera literalmente deciden para él en el año 76. Camina sosteniendo sólidamente sus ideas, lo que quería para esta vida, que es lo mejor (y único) que conocía. No voy a ahondar en la complejidad del momento político en el que se encontraba porque no viene al caso, pero sí, decir que sé que a muchos les incomoda mencionar estos hechos particulares de la militancia y que, por tal razón, a mí, me encanta pensarlos. Pienso en el mensaje épico que a todos nos maravilla, la pelea hasta el fin por los ideales. No hay nada más hermoso que eso y encima ¡en manos de un poeta!. Y pienso en qué nos deja Paco (no necesariamente a todos, sino a aquellos a los que les quepa el saco, por lo pronto a José, a Angi, a Javi, a Nico, a Sebas, a su sangre), cuando se resigna a la voz del mandato, en un doble mensaje, una contradicción, en la que la obediencia es la única posibilidad de aferrarse a aquello que, por vasco terco y esencialmente ser humano de buena cepa, nunca jamás iba a soltar: su pensamiento político (el único pensamiento humano posible). Entonces pienso en la militancia. Y el día del militante. Casualmente, hoy. Y bueno…. Sólo quiero desearle feliz día a mi abuela, la GRAN Chela. Y a los abuelos que el abuelo dejó en reemplazo, el Oso, el Tata, la Turca. Y a todos los que entienden que la figura del poeta carismático y mártir también puede habernos dejado otro mensaje. Un mensaje que cuestiona siempre las formas. Que declara que las reglas lo son hasta que decidamos entre todos que ya no. Que ser polémico a veces es cambiar el curso de la historia (míralo a Paco, mirala a mi tía Claudia, y hablemos de maternidades y paternidades). Que estar presente y hacerse cargo de las contradicciones que la vida nos impone es la manera más digna de transcurrir nuestros días. Que no todo lo que nos dijeron que teníamos que hacer es realmente lo que tenemos que hacer. Que el mundo está lleno de payasos pero ninguna bandera justifica la payasada. Que la militancia no es el cuento que te contó la estructura del poder. Que cuestionar siempre lo que se da por supuesto es el camino del movimiento. Que un militante no se define por su obsecuencia y obediencia, pero sí por sostener la lucha. Aún, en el encuentro cara a cara con aquello que aborrece. Eso, puede definir a un militante. Que una cosa son los cuentos sobre cómo cambiamos el mundo y otra la realidad. Realidad, en la que, no necesariamente somos seres perfectos y enteros. A veces nos faltan los pies y nadamos igual, y ¿cuál es?, ¿cuál sos?, ¿contás cuentos? O ¿quién sos? No sé. Vos, fijate.

Por Lula Urondo

Carnevale

Por Paco Urondo

La verdad es la única realidad.

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe
bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la
explotación o de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos
hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de
policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen
necesariamente el presente, pero pertenecen a
la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo
inmenso cubriendo la Patagonia
porque las
masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad,
como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la
convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver
después del peligro
como los designios de todo un pueblo que
marcha hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a
defenderse, a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la
realidad.

Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973

 Paco Urondo

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