El espectro

Los artistas no testimoniamos la época porque no somos testigos, somos parte.

Microartículo 50

Texto:
Ilustración: Mosqueira


 

 

 

 

 

 

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(*) Músico. Creador y director desde 1985 del Taller de Composición del Conservatorio Superior de Música “Manuel de Falla”.

 

Los artistas no testimoniamos la época porque no somos testigos, somos parte.
Es cierto que, durante las tragedias, la mayoría asumimos compromisos urgentes y formas de resistencia como materialidades emergentes de la oscuridad, del silencio y del miedo.
De allí la falsa idea: a peor vida mayor producción creativa.
También es falso que el mensaje realista represente más efectivamente las circunstancias.
La violencia simbólica anida en la sociedad superando en el tiempo a la violencia concreta sobre los cuerpos.
Por eso siempre fue más peligroso para el poder real, no para los ejecutores que siempre son parte de un plan que los excede, la disputa artística en ese campo simbólico, con sus consecuencias desalienadoras y reflexivas.
Luego de las tragedias, los artistas atravesamos, como la sociedad, la nebulosa de la elaboración del espectro.
Es decir que más allá de lo empírico y de la información objetiva, los trayectos de concientización son subjetivos hasta la construcción del relato colectivo, que constituye, lentamente, la trama de la memoria, que, a su vez, es la narración de la historia del pueblo hacia las nuevas generaciones.
En esa etapa nebulosa, nuestra música popular huyó hacia atrás, hacia los costados, hacia adelante y hacia afuera.
Así, en la posdictadura, salvo expresiones minoritarias, el espectro sonoro de esa transición fue conformado por el pop posmoderno, los panfletos literarios con música de fondo, la tecnología como impostora de la música, los viejos géneros para señalizar el tiempo de lo que éramos antes de la muerte como cotidianeidad, las resurrecciones rockeras y los híbridos ocultos tras el rótulo fusión. Esto, en el marco de la concentración del mercado hegemonizado por las corporaciones multimedia, y más allá de la (re)aparición de la industria discográfica nacional (pequeña y mediana).
Mientras tanto, una tragedia menos visible seguía sucediendo y aumentando: la exclusión social, y también seguía sucediendo la zona más sádica de la tragedia anterior: la impunidad de asesinos y mentores, las personas desaparecidas y los bebés robados.
Por eso la implosión de comienzos del siglo XXI, otra tragedia.

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