Sólo un cuento fue que ayudó a pasar un buen rato

Pasaron 14 años desde que Los Redondos dieron su último show. Desde aquel encuentro donde la barca pasó pero el río no quedó quieto se sucedieron presentaciones solistas, discos y acusaciones mediáticas entre el Indio y Skay.

A 14 años del último show de Los Redondos

Texto:
Ilustración: Pablo Lobato


Pasaron 14 años desde que Los Redondos dieron su último show. Desde aquel encuentro donde la barca pasó pero el río no quedó quieto se sucedieron presentaciones solistas, discos y acusaciones mediáticas entre el Indio y Skay.


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El 4 de agosto de agosto de 2001 Córdoba vivió una de las más grandes fiestas del rock argentino. Frente a 50 mil almas y sin que nadie lo sospechara, se despedían Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, en el estadio Chateu Carreras. Los Redondos siempre fueron tres: el Indio Solari, Skay Bellinson y la Negra Poly. A ese triunvirato se sumaba el resto de los músicos. Los rumores de una separación llevaban varios años entre los fieles seguidores pero las fechas seguían apareciendo y la denominada “misa ricotera” se daba lugar en diferentes provincias argentinas convocando cada vez más gente.

No pasó demasiado tiempo para que se diera a conocer la noticia que hablaba de ruptura, aunque había un silencio abrumador respecto a las causas. Sin más, los Redondos pasaban a la historia y comenzaba a escribirse una nueva etapa tanto para ellos como para el resto de los músicos argentinos que supieron tomar el legado. Empezó a popularizarse la dinámica de viajar a cualquier lado para escuchar a “tu banda”.

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fue sin dudas la banda que logró aunar almas de todos lados y de diferentes clases sociales, fue la que le puso letra a verdades cotidianas. Los Piojos y La Renga fueron los pioneros en ocupar el espacio que quedaba vacante y comenzaron a llevar a sus propias tribus a los rincones profundos del país, algo que se había hecho carne en la gente del palo del rock.

A partir de ese momento el Indio comenzó su etapa solista, pero de la mano de Los Fundamentalistas de Aire Acondicionado: Gaspar Benegas y Baltasar Comotto en guitarras, Marcelo Torres en bajo, Hernán Aramberri en trompeta, Martín Carrizo en batería, Sergio Colombo en saxo, Miguel Ángel Tallarita en trompeta, Pablo Sbaraglia en teclados y Deborah Dixon en coro.

En 2004 editó “El tesoro de los inocentes”, en 2007 “Porco Rex”, en 2010 “El perfume de la tempestad” y en 2013 “Pajaritos, bravos muchachitos”. El primer disco llegó como una suerte de oasis para los sedientos ricoteros que desde fines de 2001 pensaron que el poético retazo de la realidad hecho música se había terminado. Un año después, en noviembre, llegó el show esperado. Fueron dos fechas en La Plata y un mes más tarde en Montevideo, Uruguay. Los shows en la capital provincial dejaron una clara evidencia del tiempo que el público llevaba esperando esa misa porque, según integrantes del Observatorio Astronómico de La Plata, durante el recital se registró un leve sismo, especialmente durante el tema “Ji Ji Ji”. A partir de allí, la frase “el pogo más grande del mundo” cobró especial significado.

Solari continuó con pluma poética, con sus relatos crudos, intensos, pasionales, metafóricos pero la música mutó, creció y disparó hacia lugares donde antes había estado sólo por momentos. El Indio hizo lo que quiso hacer, pese a la resistencia que podía generar entre sus seguidores que debieron esperar un año desde la salida del disco a la calle hasta esa nueva primer misa. La esencia continuaba intacta, nada había cambiado aunque nada fuera igual. “Pajaritos, bravos muchachitos” contó con la participación de los ex Redondos Semilla Bucarelli, Sergio Dawi y Walter Sidotti. Los seguidores fanáticos, lógicamente, festejaron con creces este encuentro.

Desde el 2005 y hasta diciembre de 2014 se fueron sumando cada vez más espectadores a los shows del Indio, superando, incluso, las 120 mil personas. Este hito fue marcado el 14 de septiembre de 2013 en el Autódromo Penna, ubicado en la ciudad de San Martín, provincia de Mendoza. Se vendieron 120 mil entradas: el show más grande de la historia del rock argentino.

Esto fue lo que hizo Solari hasta acá en términos musicales. Skay también editó varios discos y, con un perfil completamente diferente, realizó decenas de shows con una convocatoria menor. Sus creaciones como solista pero bajo la producción de su compañera eterna, la Negra Poly, fueron: “A través del Mar de los Sargazos” (2002); “Talismán” (2004); “La marca de Caín” (2007); “¿Dónde vas? (2010) y “La luna hueca” (2013).

De la “pelea” poco se dijo por entonces. El hermetismo mediático que propone Solari hizo imaginar cientos de razones, pero nadie supo con certeza qué había pasado o cuáles fueron las verdaderas causas de la ruptura. Hasta que en 2009 empezaron a asomarse las acusaciones: “Todo se terminó cuando nos dimos cuenta de que uno de nosotros se quería apropiar de ese proyecto tan hermoso que fue Patricio Rey, que había nacido como la comunión y el aporte de muchos artistas y no los deseos de uno solo”, explicó Skay en una entrevista. Solari no tardó en responder enviando una carta a varias redacciones: “Hasta el día de hoy Poly y Skay están sentados sobre ese material, cuya custodia artística he reclamado en silencio público hasta hoy”.

Todo parecía que quedaba ahí. Un sabor amargo inundaba las mentes ricoteras porque, de pronto, se acusaban públicamente. Poco tiempo después Skay dijo en otra entrevista: “No siento nostalgia, porque la traición tiene una cosa jodida. Arruina el pasado”. Así continuó, más o menos, por esos carriles, con una nueva declaración de uno o del otro que se asomaba cada tanto. Todo llegó a un punto inimaginable para los seguidores de Los Redondos cuando el Indio, hablando cada vez más en general, contó recientemente, en radio Vorterix, que se alejaría de los escenarios debido a una enfermedad. Skay, en otra nota, no tardó en poner en duda la enfermedad, asegurando que el Indio “es un gran fabulador”.

La pelea mediática entre los líderes de los Redondos dejó atónitos a muchos y despertó intereses frívolos en otros, congelando los corazones de tantos miles que aún gritan “sólo les pido que se vuelvan a juntar”. Mario Pergolini, el periodista que tuvo más oportunidades de entrevistar a Skay y al Indio, publicó en el sitio de su radio una carta en donde expresa que “no es necesario escalar tan visceralmente una discusión de viejos amigos, aunque de eso no quede nada. No nos gusta, aunque pidamos sangre todo el tiempo, que nos aclaren en capítulos qué fue lo que tanto los separa. Es triste ver cómo se dicen en público lo que siempre pudieron aguantar en privado”.

Hoy estamos a 14 años de aquel último show estrictamente ricotero, donde la mítica era lo que aún importaba. Por entonces todavía sólo se escuchaban las voces de los invisibles. A 14 años de esa despedida que no supimos comprender, brindo por haber estado ahí. Viviendo esa última misa.

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