Crónicas musicalizadas

Banda Sonora Original Vol. 1

Banda Sonora Original Vol. 1

Texto:


¿Cuáles son las razones que nos llevan a pensar de tal o cual manera? Infinitas, probablemente. Pero sin duda la música tiene un poder mágico, intangible, que se mete en el disco rígido de las mentes humanas como un virus colectivo.
Es conocida la “psiquis esponja” adolescente, ese frenético ritmo de absorción de información que es una bomba de amor y odio donde el arte de combinar sonidos (y silencios) penetra cual golpe de puño de orate y puede que ocurra que esa marca que deja, sea uno de los tantos orígenes de nuestro pensamiento como adultos
Cuando tenes 15 años y conoces el porro, las trabajadoras sexuales, La Polla Records y todo eso en la misma semana, la cosa se pone linda. Cuando escuche No somos Nada,

Por primera vez sentí que ese vasco de Salvatierra con voz graciosa me estaba hablando a mí: “Somos los nietos de los obreros que nunca pudisteis matar”. Aunque mi abuelo era colectivero y decía que Ongania había sido un prócer. Con tanta mala leche que el otro abuelo, el socialista, se fue cuando yo me encerraba a escuchar Billy Idol en un pasacasete que tenía pegada una calco de Alfredo Bravo diputado y usaba un palo de bombo leguero como si fuera un micrófono.

Cuatro años después de esa semana inaugural estaba tratando de dormir en una casilla del Asentamiento 3 de Enero con las armas fundamentales de la revolución al lado del colchón: Una prensa de la organización y una 9 mm. con más de una limadura en el caño. Me la había dado El Polaco, un rosarino que estudiaba cartografía y tiro para irse con el Subcomandante, decía. Hermoso el Pola.
La matraca estaba más para un museo que para una guerrilla urbana, y su funcionamiento tan dudoso como su hipótesis de conflicto: defender el Centro Comunitario de posibles ataques desalojadores de punteros que hoy seguramente son parte de alguna lista que votaremos próximamente, con cara de perro al cual le están practicando sexo, promiscuo sí, pero con total consentimiento.
El Pola siempre llegaba al barrio con dos cosas que no fallaban: olor a escabio y Kortatu, sonando al taco en el Jeep marrón que por su aspecto parecía haber servido a las filas de la Heroica Reserva de Panfilov.

No fue tan terrible acostumbrarse al olor a podrido de la Rivera de Fiorito o a tratar de armar un cimiento sobre un basural, que eso es lo que era, básicamente, el suelo del 3 de Enero, lo más difícil era hacer todo eso con una resaca del carajo.
En lo musical, eran tiempos de tribus, de marcar diferencias, los punks no usaban el pelo largo y los metaleros no llevaban cresta, pero los dos escuchamos a Daniel Viglietti.

En casettes de algún amigo muy capo o del honroso acto de revolver los vinilos del viejo y encontrar algún bolche setentero mezclado con Camilo Sesto y los Stones -Me vas a hacer llorar zonzo- me diría el gordo, mientras arma un cimarrón que no conoce el azúcar.
Yo también me tiento con lagrimear. ¿Qué diría ese flaco desgarbado, obrero de la construcción y anarco sindicalista si viese a este sibarita del Rock que lee Le Monde Diplomatique?¿y si me viese tarareando Beirut mientras le hago la mamadera al pibe?

Jodido el archivo de uno mismo. La gran siete.

 

Autor: Alejandro Acciaresi

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