Imágenes estereotipadas

Mujeres, Violencia Simbólica y Medios de Comunicación

Mujeres y Medios

Texto:
Ilustración: Maite Larumbe


Para muchos ser mujer no será más que un dato biológico. Sin embargo, “ser mujer” tiene un significado mucho más amplio que responde a todo un programa de vida, porque no se nace mujer, sino que se construye/deconstruye MUJER. ¿Eso qué quiere decir? Que nacemos hembras por nuestra condición biológica, anatómica, “natural” pero que a ello se le suma la construcción social y cultural del “Ser mujer” lo cual supera la condición biológica, lo meramente referente al sexo, sin anularlo. De esta manera, nuestros caracteres femeninos se deben a determinantes meramente culturales. Ser “prolijita”, “sensible”, “contenedora”, “débil”, “maternal”, etc., todas ellas son características de género, género femenino. ¿Y quién nos define como mujeres y nos enseña a serlo? La sociedad, a través de figuras significativas como la madre, la maestra, los juegos, las propagandas, los cuentos, asignándonos tareas, etc.
Esos roles y funciones sociales pautados (estereotipos) en las publicidades y otras fórmulas dadas en los medios de comunicación y demás instituciones, determinan las cosas que podemos hacer las mujeres, por ejemplo, nuestros trabajos.
Si nos ponemos a observar la distribución de los roles ligados al trabajo de las mujeres, la mayoría suelen estar relacionados con la esfera privada o con las áreas de cuidado, limpieza, contención, etc. Una mujer que no sale de su casa o que no se relaciona con muchas personas, con otros y otras iguales, deja relegada su dimensión social y política. Sin la participación en la vida pública, las mujeres no participamos en la diagramación de las leyes, no presentamos proyectos, no somos nombradas ni incluidas en la toma de decisiones que, indefectiblemente nos afectan en la vida día a día.
Muchas veces este modo de ser de las cosas se naturaliza, es decir, se establece que no hay otra alternativa, las cosas son así sin más. Vivimos en lo que se denomina una cultura patriarcal. ¿Qué significa esto? El patriarcado es un modo de organización social que abarca a todas las instituciones en donde se ejercen violencias a través de lo que conocemos como violencia simbólica. En dicha organización social el varón, por ejemplo en la institución familia como jefe de la misma, ejerce el poder tanto sobre las cosas que posee como sobre las mujeres y los/as niños/as que también caen dentro de la categoría de cosificación. Es un sistema de relaciones sociales sexopolíticas basadas en instituciones tanto privadas como públicas utilizadas para oprimir a las mujeres, apropiándose de su fuerza productiva y reproductiva, sus cuerpos y sus productos, por medios pacíficos o utilizando la violencia.
En todas las épocas hubo medios y métodos privilegiados para difundir las normas de conducta, los roles y los lugares determinados para cada miembro de la sociedad. A partir del desarrollo de las tecnologías, la generalización del acceso a la información y el privilegio dado a los medios de comunicación audiovisuales, con el posterior desarrollo de internet como tecnología multimedial, los grupos encargados del manejo y distribución de los canales de información son ejes privilegiados de la transmisión de la cultura (que aún sigue siendo patriarcal). Entendemos los medios de comunicación como una institución capaz de intervenir en la construcción social de sentidos y subjetividades, pero con escasa permeabilidad para incorporar las necesidades y deseos de los sujetos que forma, dado que tanto las mujeres como los niños se ubican más en un lugar objetivante que de verdadero sujeto. En un inicio de los estudios acerca de la relación entre feminismo y medios de comunicación se dio lugar privilegiado a las revistas femeninas, pensadas como espacios de reproducción de ideologías y organización de la diferencia sexual. Se llegó incluso a identificar una “maqueta prefabricada” transnacional, altamente política que, por un lado anulaba gran parte del potencial de rebeldía de las mujeres y, por el otro, promovía un sistema de valores que defendía el orden establecido.

ilustraciónmujeresymedios
En general, se puede sostener que los medios de comunicación transmiten y refuerzan pautas de comportamiento y expectativas diferenciales para hombres y mujeres según los estereotipos de género.
Los medios difunden una determinada imagen de las mujeres; por ejemplo: la mujer pasiva, la mujer objeto-sexual, la mujer que se realiza básicamente en sus funciones domésticas. Raramente difunden información sobre las actividades productivas de las mujeres.
De esta manera, a través del sostenimiento de las imágenes que nos ubican en ciertos lugares, y nos excluyen de otros, los medios configuran un terreno fértil para la naturalización de una diferencia jerarquizada entre hombres y mujeres, mediante la repetición incesante, monotemática y coherente de dichos modelos de organización social.
Hay que suprimir la proyección constante de imágenes negativas y degradantes de la mujer en los medios de comunicación, sean electrónicos, impresos, visuales o sonoros. Los medios impresos y electrónicos de la mayoría de los países no ofrecen una imagen equilibrada de los diversos estilos de vida de las mujeres y de su aportación a la sociedad en un mundo en evolución. Un ejemplo de cultura machista publicitaria es la publicidad del limpiador de cocina “Mr. Músculo” en donde el producto llega al hogar en manos de un súper héroe para que la señora ama de casa haga uso del producto de manera eficiente. El súper héroe musculoso solo llega a modo de gran salvador sin mover ninguno de sus músculos para realizar las tareas del hogar dado que las mismas se reducen a la obligación de la mujer.
Por otro lado, los productos violentos y degradantes o pornográficos de los medios de difusión también perjudican a la mujer y su participación en la sociedad. Los programas que insisten en presentar a la mujer en sus papeles tradicionales pueden ser igualmente restrictivos. La tendencia mundial al consumismo ha creado un clima en el que los anuncios y mensajes comerciales a menudo presentan a la mujer como consumidora y se dirigen a las muchachas y a las mujeres de todas las edades en forma inapropiada.
Es necesaria, entonces, una regulación sobre estos estereotipos negativos que brotan a borbotones de televisores, revistas, diarios, computadoras, etc. En nuestro país, a partir del año 2010, está vigente la ley 26485 “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”. En la misma, se indica la existencia de un tipo de violencia hacia a la mujer denominada simbólica, definida como aquella que, a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad. Su modalidad es denominada, dentro de la misma legislación, violencia mediática. Se trata de toda publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres.
Para poder comenzar con el cambio cultural que nos lleve realmente a nuevas pautas de distribución de poder, las cuales apuntan a la equidad en las relaciones entre los diversos géneros, es necesaria la producción y distribución de imágenes nuevas de las mujeres las cuales nos representen de manera más subjetivantes y activas respondiendo a la realidad social que deseamos. En este sentido, la aparición de canales y producciones que no responden a los poderes hegemónicos como lo ejemplifica la nueva ley de medios, es una posibilidad histórica inédita para permitir la introducción de discursos alternativos con perspectiva de género e impacto y llegada a sectores numerosos de la población.

Por Natalia Seasone y Romina Celli

  • Facebook
  • Google Plus