Crónica de un ascenso

El actual gobernador bonaerense ingresó a la política hace 18 años de la mano de Carlos Menem, a quien luego enfrentó. Resistido por su perfil conciliador, desarrolló dos tercios de su vida pública representando al kirchnerismo.

Cómo llegó Daniel Scioli a ser un presidenciable

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Fotografia: AP/ Natacha Pisarenko y Agencia NA


El actual gobernador bonaerense ingresó a la política hace 18 años de la mano de Carlos Menem, a quien luego enfrentó. Resistido por su perfil conciliador, desarrolló dos tercios de su vida pública representando al kirchnerismo mientras soportó fuertes presiones para que promueva una ruptura interna.


Cuando quiere salir del centro de la escena Daniel Scioli se refugia en alguna partida de ajedrez. Del otro lado del tablero se puede encontrar a Alberto Samid (un eximio jugador), a Eduardo Duhalde o a los ex campeones mundiales Gary Kasparov y Veselin Topalov. Los opositores aseguran que es un peón al servicio de la reina y los compañeros incrédulos lo comparan con una torre, que siempre va derecho y da poco lugar a la sorpresa. Sin embargo, los últimos meses terminaron por demostrar que el gobernador bonaerense es un alfil capaz de cruzar el tablero de lado a lado y asestar un artero jaque mate.

La movida maestra la dio en junio de este año cuando eligió a Carlos Zannini como compañero en la fórmula presidencial. La mayoría de los medios y políticos rivales aseguraron que el Secretario de Legal y Técnica de la Presidencia fue puesto por Cristina Fernández de Kirchner, lo que Scioli negó. La jugada había significado quitar de la partida a Florencio Randazzo, el ministro que parecía dispuesto a, como mínimo, hacer tablas. Sin embargo, el gobernador le mostró que en el mapa político era tan solo un peón que podía fijarle límites pero que no iba a llegar a coronar.

Los primeros años
“Che, enseñame a cantar la marcha peronista”, pidió Daniel Scioli la noche del sábado 14 de junio de 1997, según relató el periodista y biógrafo Pablo Ibañez. Al otro día el Partido Justicialista porteño desarrolló las elecciones internas para las legislativas de ese año, en las que el ex-motonauta, representando al menemismo, se medía contra el duhaldista Miguel Ángel Toma.

Los resultados, que contemplaron el voto de no afiliados, le valieron un amplio respaldo a Scioli, que esa misma noche fue a Olivos a celebrar con pizza y champagne lo que consideró “el triunfo del presidente Carlos Menem y de una propuesta que ha llevado a la Argentina a estar en el camino del crecimiento sostenido”. A los 40 años se iniciaba una carrera política que, quizás con más vocación de servicio que conciencia de lo que significaba ser funcionario público, iba a tener un desarrollo meteórico.

Se alejaba de la mística peronista, que se había diluido hasta ser irreconocible durante el menemato. No estaba manchado por casos de corrupción y eso fue lo que despertó el interés del riojano, que veía cómo su proyecto se despedazaba al calor de las protestas de jubilados, docentes y desocupados. Scioli era la cara limpia de un deportista exitoso, de familia adinerada, esposo de una modelo y con una educación de buen nivel.

En su niñez cursó la escuela primaria en el Colegio Ward de Ramos Mejía, uno de los más caros y selectos de la zona oeste del Gran Buenos Aires; luego obtuvo el título secundario en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini; y más tarde inició la licenciatura en Comercio en la Universidad Argentina De Empresas (UADE), carrera que actualmente está finalizando. Quería ser empresario y comenzó a trabajar en Casa Scioli, la tienda de electrodomésticos familiar. Años después consiguió ser representante de Electrolux en Argentina.

En paralelo desarrolló una próspera carrera en la motonáutica, donde logró ocho campeonatos. Este deporte estuvo a punto de costarle la vida cuando en plena competencia un barco pesquero generó una ola que hizo volar su embarcación. Scioli salió despedido, perdió un brazo y una hemorragia lo dejó al borde de la muerte. La rapidez y la pericia del personal de emergencias de la contienda fueron los responsables de su supervivencia.

“Son pruebas a las que te somete la vida y tenés dos caminos: o te entregás, o luchás para salir adelante. Yo creo en la fuerza del trabajo y en la voluntad, por eso después pude lograr cosas y alcanzar el equilibrio”, explicó Scioli años más tarde. El accidente no le impidió seguir compitiendo y llegar a ser campeón mundial dos veces. El último gran éxito a bordo de una lancha fue en 1997, el mismo año en que se inició en la política para contribuir en su área de conocimiento: los deportes.

Ya en política
El 26 de octubre de 1997 Scioli fue electo diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires, en el marco de una aplastante victoria de la Alianza, representada por Carlos “Chacho” Álvarez. En el Congreso fue designado presidente de la Comisión de Deportes. Desde allí, señala él mismo, trabajó “para la seguridad en los espectáculos deportivos, el desarrollo de los clubes de barrio, el estímulo al deporte amateur y la promoción de los valores positivos y hábitos de vida saludables”. Su cargo tenía vigencia hasta 2001, momento en que el menemismo parecía desaparecido y en que las riendas del justicialismo eran llevadas por Duhalde, en ese entonces acérrimo contrincante del Turco.

Meses antes del estallido social y económico, Scioli se alió con Domingo Cavallo y fue reelecto diputado nacional en una jornada donde un cuarto de los sufragantes votó en blanco o impugnó. En enero de 2002, tras la llegada de Duhalde a la primera magistratura por la ley de acefalía, dejó su banca para asumir como secretario de Turismo y Deporte. Desde allí orientó su labor a promocionar la llegada de extranjeros al país y los viajes internos como motor de la recuperación económica.

Sin grandes resistencias de la ciudadanía, se ganó la confianza de Néstor Kirchner para competir juntos en las elecciones de mayo de 2003 y enfrentar a quien había sido su padrino político: Menem. Junto al entonces gobernador de Santa Cruz eran vistos como dos títeres de Duhalde, quien, especulaban los medios, buscaba una salida que descomprimiera el conflicto social pero que le permitiera seguir en el poder.

El resultado de las elecciones es conocido y el discurso con que Kirchner inició su período presidencial se considera un hito de los últimos años de la política nacional. Mientras se preveía un cambio de orden dentro del peronismo, Scioli se debatía entre sus anteriores fidelidades y un futuro muy promisorio. En ese contexto, las primeras medidas fuertes del Pingüino generaron chispazos.

El despegue
“En un país serio las leyes no se anulan”, señaló Scioli sobre la derogación de las normas de obediencia debida y punto final. Su camino en el kirchnerismo se iniciaba con un paso en falso, sumado a la desafortunada idea de elevar las tarifas de los servicios.

Eran primeros momentos de tensión, que se agravaron cuando el vicepresidente contrató como asesor a Javier Mouriño, un exdefensor a ultranza del modelo menemista. Todo se descomprimió cuando Scioli despidió a su colaborador sin haber cobrado ni un sueldo.

Los tiempos siguientes fueron calmos para la relación entre el presidente y su compañero, mientras que en lo político hubo una gran convulsión. La relación de Kirchner con Duhalde se rompió y Scioli se mantuvo al lado del mandatario, lo que significó el primer gran gesto de lealtad. A esa altura Menem ya era un cadáver político.

Con un perfil conciliador, negociador y hasta conservador, Scioli supo ganarse un lugar dentro del gobierno que ya era una máquina de generar índices positivos. Con el proyecto de reindustrialización iniciado, la tasa de desempleo en números que parecían inimaginables a principios de 2003 y los derechos humanos como política de Estado, llegaron las elecciones de 2007.

En ese año fue la primera victoria sobre Randazzo: ambos querían ir la Provincia de Buenos Aires, pero las encuestas inclinaron la balanza para el vicepresidente.

El lanzamiento de campaña del binomio, que se completaba con Alberto Balestrini, se dio en el pago chico del candidato a vicegobernador: La Matanza. El municipio, conocido como “la capital nacional del peronismo”, se eligió porque el futuro gobernador había vivido allí algunos años. En rigor, había pasado parte de su infancia en Ramos Mejía, una de las localidades más antiperonistas de la zona oeste, pero para un político ya formado y ávido en el manejo de lo simbólico, lanzarse en el partido más populoso del país significaba un trampolín bien alto.

El gobernador del proyecto
Ganó las elecciones para el ejecutivo bonaerense en octubre de 2007 con el 48,10% de los votos y fue reelecto en 2011 con el 55,06%, la cifra más alta que se haya dado alguna vez en la Provincia. Hasta hoy fueron ocho años signados por la consolidación de políticas nacionales, proyectos propios, dudas sobre su futuro dentro del kirchnerismo y ciertas crisis internas superadas.
Se le pueden reconocer a Scioli logros que deben ser bien tenidos en cuenta. Mientras ocupó el sillón de Rocha, Buenos Aires logró la tasa de mortalidad infantil más baja de su historia, hecho que el gobernador atribuyó a una diversificación de las redes cloacales y de agua potable. Los últimos datos publicados son de 2013 y marcan que desde 2007 la cantidad de niños fallecidos cada mil disminuyó de 13,6 a 11. Los guarismos contrastan con los de la Capital Federal, donde la cifra se elevó.
Un caso similar es el de la tasa de desempleo, que marcó el piso desde el retorno de la democracia. Se destaca la continuidad de las políticas que se estaban llevando antes de su asunción y que lograron que los índices decrezcan continuamente desde 2003. Si bien los índices aumentaron de 7,2% (el mínimo) a 7,9% en 2014, los números no se apartan de la tendencia nacional.
En línea con el empleo, durante la gestión del gobernador prácticamente se duplicaron los parques industriales (pasaron de 54 a 99). Si bien no significó que se multipliquen dos veces la cantidad de puestos de trabajo dado que hay empresas que sólo se reubicaron, fue un estímulo para la creación de nuevas plazas laborales. El reordenamiento del suelo urbano y el mayor control de la contaminación ambiental fueron beneficios colaterales.
Scioli fue un activo defensor del proyecto de ley de fertilización asistida bajo el argumento de que cualquiera merece la oportunidad de ser padre e hizo de la lucha contra el narcotráfico un eje de su gestión. En estos ocho años no fue extraño verlo encabezando actos en los que se destruían cientos de kilos de drogas incautadas.

Los números
En lo presupuestario, Buenos Aires sufrió año tras año la pérdida de puntos porcentuales de dinero de la coparticipación federal, situación que Scioli señaló reiteradamente. Mientras la Provincia recibía el 22,1% en 2003, nueve años después la cifra llegó al 19,6%. Si bien el monto es mayor, la porción decrece al ritmo que los gastos y la inversión aumentan. Ese porcentaje cobra importancia si se tiene en cuenta que las arcas provinciales decrecieron entre 2008 y 2012 a partir de la acumulación de resultados negativos. En 2013 la problemática logró repuntarse.

Si bien la deuda pública bonaerense se cuadruplicó en el período 2007-2014, disminuyó en un tercio su peso sobre el Producto Bruto Geográfico (PBG) en virtud del crecimiento económico y productivo de la región. De esos compromisos, un 37,5% corresponden a préstamos con el gobierno nacional y menos de la mitad del total a obligaciones con tenedores de bonos internacionales. Los valores no generaron un colapso dado que desde la llegada de Scioli a la gobernación los recursos generados por el Estado provincial aumentaron en un 700%.

El revalúo inmobiliario, considerado el más importante desde el primer catastro completo de inmuebles rurales en Buenos Aires en 1955, tiene relación directa con la recaudación. La relevancia de tal medida está dada porque en la Provincia se concentra el 38% de la recaudación referida a impuesto a las propiedades, lo que significará al final de 2015 el 1,2% de los ingresos totales.

Otras resoluciones de alto impacto en la economía fueron las distintas reformas impositivas que obligaron a los bingos a pagar el cuádruple que antes de 2008. Asimismo, se gravaron los pooles de siembra, se revocaron las exenciones impositivas para empresas de televisión satelital y por cable y se elevó sustancialmente la alícuota que pagan las telefónicas. Los datos duros dan la razón al gobernador: cuando él asumió, el 51% de los ingresos al Tesoro provincial eran generados por la propia jurisdicción; hoy la cifra trepa a 63%.

Policías, armas y conflictos
El punto más polémico de su gestión en la gobernación de Buenos Aires fue la política de seguridad y el estado del sistema penal. A la resistida figura del Ministro de Justicia Ricardo Casal se le sumó la de Alejandro Granados, ex intendente de Ezeiza, cuando se creó el Ministerio de Seguridad. Granados, un reconocido barón del conurbano, se caracteriza por un discurso efectista y una imagen de hombre duro. En línea con esto decretó la emergencia en seguridad que, en términos concretos, sólo sirvió para ahorrar tiempo porque posibilitó compras sin la necesidad de pasar por licitaciones públicas. Cinco meses antes, en diciembre de 2013, había sucedido una huelga de efectivos policiales que generó una enorme incertidumbre cuando dejó virtualmente descubierta a gran parte de la Provincia. Horas más tarde, cuando se registraban los primeros hechos de delincuencia, Scioli retornó de un evento en Río de Janeiro y otorgó un aumento del 82,5%. Lo hizo unilateralmente para desconocer cualquier intento de sindicalización de los efectivos.

El manejo de la seguridad por Scioli no estuvo exento de entredichos. Uno de los puntos más polémicos fue cuando le dijo al marido de Carolina Píparo (que había sido baleada con el agravante de que el bebé que gestaba murió a los pocos días) que estaba “atado de pies y manos”. La frase le valió cruces públicos con Néstor Kirchner e instaló una duda que nunca fue respondida: ¿quién lo tenía sujetado?

Durante la gestión 2007-2015 se decretó la creación de las policías locales que, alejadas del proyecto original de una fuerza de cercanía, imitó un sistema que nada se aleja de la Bonaerense. Si bien ambas policías se reparten tareas por un convenio de complementariedad, el objeto de las municipales no parecería ser muy distante con el de la policía provincial.
También, Scioli envió el proyecto Armas Cero a la Legislatura, que no pudo ser aprobado dadas las inconsistencias. El plan comprendía, además de la destrucción de armas incautadas y la creación de un banco de proyectiles que sirvan como muestras para investigaciones futuras, eliminar el beneficio de excarcelación a personas que fueran sorprendidas cometiendo delitos con armas de fuego. El plan significaba una herramienta de extorsión altamente poderosa para una policía como la bonaerense, fuertemente sospechada de irregularidades.

En otro orden, el vicegobernador Gabriel Mariotto reconoció, en coincidencia con un informe de 2012 del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que hay superpoblación en las cárceles. Las cifras señalaron que, mientras había 18.640 plazas, casi 28 mil personas estaban privadas de la libertad. Aunque creció la capacidad estructural, la cantidad de detenidos se elevó un 17% entre 2007 y 2012. No hubo guarismos posteriores para comparar la situación.

Parte de la resolución al problema se encontró en el programa Casas por Cárceles, un plan de reinserción que incorporó casi 1500 lugares para internos que estén transitando el final de sus condenas. El objetivo, además de sumar plazas, es estimular la adhesión a actividades al aire libre que ayuden a la futura reinserción a la sociedad.

También se promulgó en 2013 la ley de juicios por jurados, con la que Scioli reconoció que “se hizo eco de un reclamo ciudadano”. Se trata de una medida en que un grupo de personas convocadas por sorteo serían introducidas en el ordenamiento jurídico por el juez para decidir sobre el futuro de una persona que pudiera recibir una pena superior a 15 años.

En línea con ello, el gobernador propuso una modificación del régimen penal juvenil de la Provincia que permitiera un protocolo especial de detención y juzgamiento para jóvenes mayores de 14 y 16 años que cometieran delitos con tipificaciones de penas superiores a dos y tres años respectivamente.

Las peleas
Dos tópicos difíciles para la gestión de Scioli fueron la salud y la educación. Ambos campos estuvieron signados por los paros y las denuncias sobre problemas de infraestructura, fundamentalmente en hospitales, donde es frecuente que los trabajadores denuncien falta de mantenimiento y de aparatos adecuados. La realidad marca que uno de los principales problemas está dado por la enorme extensión de la provincia. Al respecto, el gobernador consideró que “el hospital quedó muy lejos porque se fueron extendiendo las ciudades”. Para resolver la falencia, en los últimos años se crearon 13 Unidades de Pronta Atención, con maquinaria y funcionamiento similar a un hospital de alta complejidad.

En lo referente a educación, se crearon 202 nuevas escuelas y año tras año se presenció una batalla en torno a la lucha por las mejoras salariales. Los sindicatos bonaerenses utilizaron el paro como medida de protesta cada marzo, retrasando el inicio de las clases hasta lograr un acuerdo. No se puede dejar de lado que los docentes de Buenos Aires tienen uno de los sueldos básicos más bajos del país, pero, a diferencia de algunas provincias, tienen la posibilidad de tomar más de un cargo.

Para zanjar la discusión, al inicio del último ciclo lectivo el gobierno provincial ofreció un aumento del 40% para los trabajadores que recién se iniciaban y de un 36% para los de escalas diferentes. Así logró por primera vez en varios años desarticular una disputa que siempre se llevaba varios días de clase. Sin embargo, la medida no pudo evitar que otros reclamos continúen: como ocurrió en años anteriores, problemas administrativos dejaron sin cobrar a miles de docentes y las fallas edilicias agregan incertidumbre a cada vuelta del receso escolar.

Cuando comenzó a ganarse el lugar
Es difícil determinar en qué momento Daniel Scioli pasó a ser un posible candidato presidencial del Frente Para La Victoria. De hecho, una anécdota marca las intenciones que tuvo el gobernador en 2011: cuentan que le manifestó a Néstor Kirchner sus ganas de encabezar la fórmula nacional. “Dale, vamos a internas y si me ganás yo te apoyo”, contestó irónico el ex-presidente.
Mucho se ha escrito y hablado sobre la supuesta pertenencia de Scioli al proyecto kirchnerista, pero lo cierto es que cuando se lo marcaba como un eventual “traidor” siempre se mantuvo al lado del movimiento por el que llegó a la gobernación. Incluso se le ha reclamado “aguantar los trapos”, a lo que una y otra vez respondió con su estilo. Un ejemplo se vio durante el conflicto con el campo: tras lanzar un furioso “con la comida no se jode”, fue violentamente escrachado por ruralistas en la localidad bonaerense de Lobería.

Pese a esas muestras, hechos que marcan su disposición a encontrarse con cualquier actor político o mediático generaban resquemores en los integrantes más celosos del kirchnerismo. Algunos almuerzos con Mirtha Legrand, visitas a exposiciones organizadas por Clarín y un partido de fútbol con Mauricio Macri mientras Cristina Fernández se recuperaba de una operación de tiroides eran vistos como “gestos” hacía afuera de su movimiento. Con el transcurso del tiempo pareciera que se trató de deseos de los medios y temores de los compañeros del gobernador.

La realidad es que fueron dos los ratos difíciles en que se ganó el respeto del kirchnerismo: el primero, en 2009 cuando salió a dar la cara en representación del Partido Justicialista tras la victoria de Francisco De Narváez; el segundo, cuando todos hablaban de un salto al incipiente Frente Renovador, pero Scioli no sólo se mantuvo dentro de su partido sino que se cargó en su espalda la campaña que llevaba a Martín Insaurralde como primer candidato.

El triunfo de Sergio Massa en las últimas elecciones legislativas significó una derrota electoral para el gobierno pero un triunfo personal para el gobernador. Mientras se resaltaban las consecuencias de no haber creado un candidato genuino, Scioli veía como su tiempo llegaba. La “ola naranja” había comenzado y a lo largo y ancho del país ya se veían carteles con la palabra “presidente”.

La proliferación de cables de Wikileaks muestran la lealtad de la que Scioli se jacta: cuando un colaborador le sugirió “cortar” con el kirchnerismo, el mandatario respondió en forma tajante: “Si yo lo hago, ellos podrían caer y no soy un golpista”. Esta pertenencia la sostiene detrás de la convicción de que hace las cosas “a su manera”, sin olvidar sus orígenes ni negarlos ante las recriminaciones. Incluso, en las últimas semanas recordó a Menem como quien lo introdujo en la política y nunca renegó de los elogios de Duhalde. Sin embargo, ha sido tajante con respecto a sus lealtades: “Mi único compromiso de honor es con Néstor Kirchner y con la presidenta de la Nación. Mi compromiso fundamentalmente es con los argentinos, con el país”.

Lo que propone
Apuntado por propios y ajenos por no dar definiciones concretas, en los últimos meses Scioli se dedicó a manifestar fervientemente su apoyo al modelo kirchnerista y a prometer una profundización. Propone comenzar una cuarta etapa que es la del “gran desarrollo argentino, que es la materia gris, la fuerza de nuestros trabajadores, la ciencia y la tecnología”.

Mientras reconoce que “hay cuestiones de Estado que no podemos dejar en manos de los privados”, dispensa elogios hacia el ministro de Economía Axel Kicillof y asegura que “tenemos que llenar las góndolas con productos argentinos”. “Uno no puede analizar las empresas sólo por la óptica económica”, sostiene el candidato que busca tranquilizar al electorado enalteciendo su carácter de confiabilidad y previsibilidad. Afirma que “la agenda es producción, inversión y trabajo argentino” y que “viene el gran momento de la asociación público-privada”. Además, anticipa que seguirá negociando con los fondos buitre.

Con respecto a los derechos humanos, llamó a ver quién es el secretario del área en su gestión: Kibo Carlotto. Analizó que “no es una política para una etapa, es para siempre” y adelantó que de llegar a la Rosada creará un ministerio especialmente dedicado al tema. No en vano logró el apoyo de Estela de Carlotto desde el momento que el kirchnerismo lo ungió como el posible sucesor de Cristina en el cargo.

Cuestionado sobre sus visitas a eventos del Grupo Clarín, Scioli fue tajante: “Yo soy de los que piensan que el debate hay que darlo en todos lados, con todo los argumentos sólidos que tenemos para exponer”. Esa posición lo lleva directamente a su evaluación sobre la ley de medios, a la que considera que “quisieron reducirla a una pelea con un grupo mediático”. Al respecto, alguna vez se refirió a la posibilidad de incluirle las nuevas tecnologías porque son “sinónimo de inclusión social”.

Seguro de ganar, el gobernador vaticinó que “no va a ser la victoria nuestra, va a ser la victoria de la Asignación Universal por Hijo, la victoria del Pro.Cre.Ar, la victoria de los humildes que necesitan que le demos el envío hacia adelante, la victoria de la juventud”. “Yo he demostrado en los momentos difíciles, cuando hay que estar”, aseguró y afirmó: “Hay que seguir teniendo posiciones muy claras”.

La incertidumbre
Pese a sus palabras de seguridad y sus promesas de continuidad, Scioli no llegará a la presidencia (de ganar) con un cheque en blanco. Deberá responder a un electorado que se identifica mayormente con Cristina Fernández y a un extenso grupo de dirigentes kirchneristas que integran sus listas legislativas. Será potestad suya formar los ministerios, pero, si lo quisiera, difícilmente podría apartarse de lo hecho en los últimos doce años sin sufrir serios golpes.

Lo cierto es que se llevó a dos de los hombres más fuertes que tenía la Rosada: Juan Carlos “Chueco” Mazzon y Rafael Follonier. El primero es un histórico operador del justicialismo y ex integrante de la agrupación Guardia de Hierro, la misma en la que militó Jorge Bergoglio; el otro, nacido políticamente en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), fue uno de los primeros nexos de los que el kirchnerismo dispuso para contactarse con Fidel Castro, “Pepe” Mujica y Hugo Chávez.

Deberá dar una prueba de personalidad para no caer en las redes de oportunistas que, ante un poder nuevo, buscan acomodarse. Ya empezó pidiendo que “no lo subestimen” ante las tendenciosas opiniones que buscaron ubicarlo como un “títere” de la presidenta. “Nuestro espacio es el más coherente, el más previsible, el más confiable”, se enorgulleció el candidato que busca terminar la partida de octubre con un jaque mate pastor.

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