Proyecto Nacional y Popular

Es la primera vez en la historia de nuestro país que un dirigente de la talla de Cristina se ve imposibilitado de seguir en el cargo de presidente sólo por una cuestión legal y no por un golpe de Estado.

Editorial

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Es la primera vez en la historia de nuestro país que un dirigente de la talla de Cristina se ve imposibilitado de seguir en el cargo de presidente sólo por una cuestión legal y no por un golpe de Estado. Nadie puede asegurar cuál será su rol fuera de la Presidencia, pero no es difícil suponer que seguirá al frente como la dirigente máxima del movimiento nacional y popular que gobierna desde hace 12 años el país.

No es casual, se debe a las políticas activas y distributivas de un Estado que piensa en el fortalecimiento de la economía real, en el bolsillo de cada uno de nosotros. Esta es la base material que le permite, a pesar del hostigamiento de los medios concentrados, atravesar esas saturadas capas de impermeabilización y llegar a cada argentino. Pero tan importante como las políticas públicas es lo que desencaja a la oposición: una empatía profunda con Cristina en sectores populares y medios de la sociedad. Algo que las encuestas reflejan pero no explican. A pesar de errores, de situaciones que no favorecen a determinados sectores de la población como puede ser el Impuesto a las Ganancias, o de conflictos que aún no han sido abordados en profundidad, la mayor parte del pueblo le cree a Cristina. La Argentina está muy lejos de aquellos años del “que se vayan todos” y, por eso mismo, se vuelve imprescindible ver la transformación producida en la conciencia política durante estos años: tenemos conciencia de derechos que ni siquiera sospechábamos que teníamos. Hay un hilo conductor, invisible y a la vez intacto, que une a ese pueblo que marchaba en el 2001 hasta la Casa Rosada para prenderla fuego, con el que estuvo el último 25 de mayo colmando la plaza para bancar a Cristina.

Sin posibilidad de reeleción, en el FPV hubo un récord de ocho precandidatos a la Presidencia.

El baño de humildad que Cristina les solicitó surtió efecto y en cuestión de una semana quedaron dos precandidatos a Presidente: Scioli y Randazzo. Y, lo que se suponía iba a ser la polarización del debate, derivó en un escenario más confuso. Ni Florencio Randazzo parecía la representación del kirchnerismo militante, ni Scioli lo peor de la política. Hasta no hace mucho, Scioli era visto de manera reacia por una parte importante del kirchnerismo y hoy, a pocos meses de las elecciones, votarlo no parece ser un problema para muchos. A la vez, se suponía que Randazzo sería el portador de la profundización avalado por su gestión exitosa en el Ministerio del Interior y lo hecho con los trenes. Sin embargo, no fue más allá de enunciar consignas que hasta Scioli, con algún matiz, no tuvo problema en afirmar que las llevaría adelante. Cuando la intriga estaba puesta sobre quiénes serían los compañeros de fórmula, Scioli pegó primero y anunció que su vicepresidente será Zannini, la mano derecha de Cristina. El golpe de efecto movió el piso de la política: fue esencialmente un gesto hacia el kirchnerismo más puro. Después de esa jugada, Randazzo tardó poco en bajar su precandidatura.

La resolución del precandidato único no inhabilita la consigna “el candidato es el proyecto”. En Argentina, el kirchnerismo inauguró una etapa de crecimiento con inclusión social. Un ciclo de recuperación de derechos, de empoderamiento popular, de valoración de lo nacional y de integración latinoamericana. Un proceso que nos articuló con otro eje de la política internacional alejado del imperialismo norteamericano. Un proyecto que redujo la brecha de la desigualdad. Esto fue conseguido sobre la base concreta de afectar intereses de los sectores más poderosos del país y del mundo. Para continuar con este rumbo Scioli deberá estar dispuesto a dar estas batallas. Enfrentar a Magneto no es para cualquiera. Pelearse con la Sociedad Rural es posible sólo porque es en beneficio de muchísimos más compatriotas que el puñado de oligarcas con apellidos que huelen a bosta de vaca.

Por esto mismo, no alcanza con sacarse una foto con la Presidenta o con mostrar gestión. No alcanza con que Scioli diga que va a continuar con esto o aquello: esto sólo se resuelve cuando muestre con qué elementos creativos pretende seguir avanzando. Es decir, sería interesante escucharlo decir qué es lo que falta o en qué cosas concretas piensa echar mano, qué cosas nuevas va a desarrollar, cómo va a continuar, qué leyes nuevas propondrá y cómo se aplicarán las ya sancionadas. Definir el voto en función del historial de Scioli o de Zannini no parece ser necesariamente el método más eficaz.

No queremos pecar de ingenuos, es cierto que nadie que pretenda llegar a ser el Presidente de los argentinos va a mostrar todas sus cartas. Pero también es cierto que el pueblo conoce de promesas. El sincericidio de Menem quedó grabado en el imaginario popular “si decía lo que iba a hace, nadie me votaba”.

¿Qué política tomará ante el proceso de integración latinoamericana? ¿Fomentará el Banco del Sur, la UNASUR y la CELAC? ¿Cómo resolverá el problema de la violencia institucional y su vínculo con las políticas contra la “inseguridad”? ¿Qué rol deben tomar las entidades financieras? ¿Cómo combatirá el trabajo no registrado, el trabajo esclavo y la trata de personas? ¿Cómo plantea encarar el debate sobre el aborto? ¿Qué factores cree que son causantes de la inflación? ¿Cómo se logrará implementar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual? ¿Cómo hará para resolver la crisis de vivienda? ¿Habrá créditos inmobiliarios? ¿Construirá viviendas sociales? ¿Regulará el mercado inmobiliario? ¿Cómo se democratiza el Poder Judicial? ¿Cuál es su concepción de las políticas de ciencia y técnica? ¿Cómo se mejorará la educación pública en sus distintos niveles? ¿Cómo se mejorará la salud pública? ¿Qué visión tiene de la salud privada y del rol de las obras sociales? ¿Piensa reprimir la protesta social? ¿Siguen las paritarias? ¿Con qué políticas económicas va a sostener el mercado interno? ¿Qué hará con el reclamo buitre? ¿Sostendrá los controles bancarios para defender las reservas?

Los que siempre fuimos críticos de Scioli por su tradición conservadora estamos dispuestos a darnos un baño de humildad. Todos podemos cambiar de opinión. Scioli también, pero tendrá que demostrarlo.

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