Cuando hablamos de conflicto

La tesis de Clarín es errónea. La idea de que el conflicto perjudica al gobierno y que la polarización asusta a la “gente” es falsa.

Editorial 17

Texto:
Ilustración: Sol Re


WEB Editorial Hamartia x sol re

La principal victoria del neoliberalismo consistió en hacernos creer que el conflicto había llegado a su fin, que la historia terminaba justo ahí donde el capital reinaba como todopoderoso desde la cima del mundo. ¿Para qué era necesaria la historia, si ya no había otra campana que contar? Se había despejado el camino al liberalismo en su faceta más desencarnada.

Los grandes constructores de ese paradigma, el fin del conflicto, son sin lugar a dudas los medios de comunicación. Ellos son el gran soporte donde la ideología dominante fluye a lo largo y ancho del mundo diciéndonos cómo tenemos que vestirnos, qué tenemos que comer y de qué debemos reirnos. No es casual que los grandes grupos mediáticos sean derivaciones de grandes grupos económicos.

La Argentina no es excepción. Clarín, además de ser el grupo comunicacional más poderoso, es uno de los principales grupos económicos del país. Su interés reside en sostener el poder de fuego mediático para seguir desarrollando sus fabulosos negocios. El entramado ficcional que construyen estos medios logra que una denuncia de endeble origen se pueda instalar en todas las cabezas.

Aunque muchos hayamos despertado del sueño ensordecedor de la neutralidad, sus armas de desinformación masiva todavía tienen un peso importantísimo. Es que vienen construyendo desde la 125 la idea que el conflicto es negativo, y que este gobierno lo único que hace es ensanchar la grieta. Nadie se equivocaría en temer que un conflicto local o sectorial pudiera expandirse rápidamente hacia todo el país. Tanto la oposición a través de sus medios de comunicación, como el gobierno a través de su construcción política están en condiciones de nacionalizar un conflicto y darle dimensión de plebiscito. Un proceso de reformas rompe necesariamente el acuerdo preexistente al que habían llegado.

Es necesario darle dimensión histórica al tema del conflicto entre los pueblos y las clases dominantes. En el primer gobierno de Perón se creó el primer Ministerio de salud. Para que se entienda bien: antes de Perón no había quien se ocupara de la salud pública, la gente se moría de paludismo o tuberculosis sin asistencia pública. La planificación sanitaria fue uno de los logros de aquel gobierno y el golpe gorila que lo sacó en el ’55 no esperó nada para pulverizarlos y esconder bajo las denuncias y las difamaciones todo lo alcanzado. Llegaron a denunciarlo de estupro, refiriéndose a relaciones con militantes de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios).

Para cada momento histórico encuentran el recurso, la mentira o el engaño más adecuado. Pero eso sí, lo que nunca falta es corrupción. Es el latiguillo perfecto. Han construido a lo largo de las décadas la idea de que la política es sucia y que nada bueno puede venir de ahí. Corrupción pública que si existe es porque los negocios privados corrompen a los funcionarios. Pero de eso no se habla. La tapa de Clarín puede hablar de unas cuentas en Irán de Máximo Kirchner, sin sustento alguno, mientras que no hay lugar ni para un recuadrito de las 4040 cuentas del HSBC por evadir impuestos y sacar plata fuera del país.

Cristina, que ha sido perseguida entre tantas cosas por su declaración jurada, es una de las pocas políticas que muestra de dónde vienen sus ingresos y cómo los obtuvo. Ha tenido que soportar denuncias que terminaron siendo una gran bomba de humo. Un ejemplo es el caso Skanka, en el que se terminó demostrando que no hubo ni sobreprecio ni coimas, en todo caso un accionar reprobable de la empresa privada con el manejo de sus facturas. O lo de Nisman, que va en camino ha ser un blooper judicial, donde la denuncia no da ni siquiera para investigar y las irregularidades de la investigación compromenten mas a Nisman que a la Presidenta.

Por otro lado, en los casos donde hubo pruebas de cohecho no se sostuvo al funcionario ni un segundo: es el caso de Jaime que hoy va camino al juicio por enriquecimiento, o el de Felisa Micelli. En el caso de la tragedia de Once, donde aún está por verse si el maquinista fue el único responsable, la política ferroviaria del gobierno dio un giro de 180 grados haciendo posible la estatización de los ferrocarriles. En el caso del asesinato de Mariano Ferreyra, en tiempo récord se enjuició a los responsables no sólo materiales sino intelectuales del hecho, por lo que Pedraza está preso. Sin embargo, el gobierno no se dejó correr con la catarata de procesamientos a Boudou. Son tan pobres las pruebas que se tienen contra él que se lo sostiene en su cargo aunque, por supuesto, con bajo perfil.

Sobre una catarata de mentiras, los errores del gobierno son mostrados por los medios como verdaderas catástrofes nacionales. Errores, desprolijidades, funcionarios que tienen un manejo discrecional. Pese a esto, los medios no pueden desviar la mirada, que en definitiva es inobjetable, de los innumerables logros en materia de empleo, industria, salud, educación, vivienda, inclusión social, democratización, reparación, derechos humanos, infraestructura.

Seguramente falte avanzar en algunos puntos más y en otros bastante más, pero el rumbo hacia dónde va la Argentina es el piso ideal para cualquier ambición honesta. Pero no, eso no les importa, su única propuesta es ver a este gobierno de rodillas. El mensaje es claro. Después de este gobierno no puede haber nadie que se anime a soñar ni siquiera con un miserable cambio. Más allá de quien gane este año, Clarín juega a desgastar al próximo gobierno, sea quien sea.

La tesis de Clarín es errónea. La idea de que el conflicto perjudica al gobierno y que la polarización asusta a la “gente” es falsa. Todo lo contrario: el conflicto fortalece las posiciones que deben enfrentarse en el campo de la batalla de ideas, que es en definitiva lo que está en juego. En tanto el gobierno encuentre en los cuellos de botella que le pone Clarín, las razones de ir por más, nunca menos, estaremos encontrando las posiciones y sobre todo los fundamentos para ir verdaderamente por todo.

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