Editorial #28

Romper las Cadenas

Texto:


Cada vez que se quiere menospreciar al gobierno kirchnerista, se lo tilda de corrupto, de puntero, de cortoplacista, de inquisidor y hasta de ser el principal obstáculo para el desarrollo de la Argentina. Los relatores de ese discurso se pasean por los estudios de radio y televisión instituyendo verdades que nadie chequea ni cuestiona, ya que la pantalla, es un producto más en la cadena del consumo. Es tan así, que Marcelo Tinelli resulta ser más eficaz que cualquier dirigente de la oposición. Con su careta de pibe de barrio se despacha contra el gobierno acusándolo de dinamitar el diálogo y de perseguir a los que piensan distinto. Una imagen vale más que mil palabras. El señor de los culos, personalidad destacada de la cultura según el Gobierno de la Ciudad, se pone en el lugar de “todos los argentinos” para no terminar diciendo nada acerca de sus verdaderas intenciones. Si en la tanda, la publicidad vale 20 mil pesos por segundo y las empresas lo pagan debe ser porque las pantallas de entretenimiento captan grandes audiencias. Lo que no hay que perder de vista es que el Grupo Clarín también es una empresa.

Cuando se dice que los medios son hegemónicos, se está hablando del control que ejercen sobre toda la cadena de producción. Día a día construyen ese famoso sentido común, que es el más común de los sentidos y que se verifica cuando las encuestas muestran a la inseguridad como la principal preocupación de todos los argentinos y no, por ejemplo, a la urbanización de las villas o al desarrollo educativo. Porque mas allá de cuanto haya de sensación en el tema de la inseguridad o que las estadísticas demuestren que el delito no es en verdad tan alto, el problema sigue siendo el mismo: son los medios los que fijan el tema y construyen la preocupación. La fantasía está en pensar que lo que sucede en la pantalla le puede suceder a quién la mira. Y en algún punto es verdad, porque la mentira siempre se basa en un hecho cierto, el problema es cuando es el rumor el que transmite las 24 horas.

El estado nacional acaba de lanzar al espacio el primer satélite geoestacionario construido íntegramente en nuestro país y no fue noticia para los grandes medios de comunicación. La puesta en órbita del Arsat 1 es el primer paso hacia la soberanía comunicacional y la concreción de una política integral que permite poner a la Argentina entre los países con mayor inversión científica. La creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, la repatriación de más de mil científicos que volvieron al país y la participación de más de cien empresas e instituciones públicas en el desarrollo tecnológico del proyecto demuestran una mirada estratégica y soberana. Argentina está en condiciones de no depender de ninguna empresa extranjera para brindar servicios de telecomunicación. Ya no estamos obligados a aceptar que el mercado defina dónde si o dónde no llega la señal. Más bien todo lo contrario, además de la posición orbital 72 a donde fue lanzado el Arsat 1, también tenemos la posición 81 que será ocupada por el Arsat 2 el segundo semestre del año que viene. Y un tercero, que está en proceso de construcción, nos permitiran llegar incluso a los Estados Unidos, abriendo nuevos mercados para la Argentina y para la región.

Paradójicamente, fue en el gobierno menemista que se consiguió la posición orbital 81 a cambio de que las antenas de Directv pudieran instalarse en la Argentina. Esta posición que nos permitiría iluminar, así se dice en la jerga de los científicos, desde los Estados Unidos hasta acá había servido como contrapartida del fabuloso negocio que hizo la multinacional en nuestro país. Que de haber continuado el neoliberalismo como proyecto de país la hubiéramos terminado perdiendo. Si se excediera el plazo para ocupar esa posición orbital, otros países podrían reclamarla para sí. De hecho, justamente son los ingleses los que estaban esperando tomar el control de esa posición. En aquellas relaciones carnales de los 90´, con un país que se vendía al mejor postor, nunca imaginaron que en los años subsiguientes la Argentina iba a ser capaz de tener su propio satélite, generado por científicos y trabajadores argentinos. Una vez más nos subestimaron.

El nuevo eslogan acuñado por los principales dirigentes políticos de la oposición es la promesa de derogación de las mejores leyes impulsadas por el ejecutivo. Instalaron la idea de que ellos serán la garantía de que todo lo hecho hasta acá, será borrado. Y otra vez el discurso paranoico que emiten las corporaciones para generarnos incertidumbre y desolación, entra en nuestras casas. Lo que no dicen o no saben (eso sería lo más terrible) es que al derogar una ley no entra en vigencia la anterior. O sea que para derogar una ley, suponiendo que contaran con la mayoría, lo tendrían que hacer, proponiendo otra. Si derogaran por ejemplo la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, tendrían que redactar una nueva en su lugar… Lo cierto es que mientras la única estrategia de la oposición es hacer fracasar al gobierno a cualquier precio, la posición de Cristina es llegar al final de su mandato y al escenario de elecciones presidenciales con cambios irreversibles.

Después del lanzamiento exitoso del Arsat 1, Cristina advirtió que “no van a poder derogar los satélites”. Frente al último año de mandato, la actitud del gobierno pareciera indicar que se van a doblar las apuestas. Lo que se va esclareciendo es que este no es un proceso que vaya a extinguirse fácilmente y que la decisiones del ejecutivo influyen directamente en la sociedad. Hasta el diario “La Nación” reconoce que Cristina tiene una aceptación del 40%. El “despegue” que la presidenta ha logrado con respecto a cualquier adversario político es abismal. Mientras se lanzan satélites geoestacionarios la oposición se aleja de la política para quedarse pegada al poder económico. Así como en el 45´ existió la Unión Democrática y en el 55´ los Comandos civiles, hoy existe el Grupo A. Siempre gobernados por los líderes de la Corporaciones. En el 45´ lideraba Braden, en el 55´ la Iglesia y el Almirante Rojas y hoy es Magneto y la Sociedad Rural.

En momentos preelectorales vuelven a aparecer los supuestos salvadores de la patria, los sabelotodos que tienen las soluciones mágicas para resolver todos los “males” del país. Pero hay cuestiones en las que ya no se puede subestimar a nuestro pueblo, no alcanza con la legitimidad mediática para conseguir votos. Blumberg, De Angelis, Cobos, Redrado y ahora Massa, se consolidaban en fila hacia la presidencia pero hoy, nadie puede afirmar que eso sea cierto. Ya lo decía el Martín Fierro: ¨Yo he visto muchos cantores con famas bien obtenidas, y que después de adquiridas no las quieren sustentar, parece que sin largar se cansaron en la partidas¨. Será que la fama del kirchnerismo ha logrado una sustentabilidad que no necesita tanto de las pantallas para reflejarse en el pueblo ya que, más que nunca, ha conseguido que su discurso se lance más allá de la atmósfera en la que vivimos todos los días.

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