Entrevista a Diego Hurtado

El 16 de octubre, Argentina se convirtió en el octavo país en mandar al espacio un satélite geoestacionario propio
A nadie le puede caber alguna duda del hito histórico que esto significa para el país y la región.

ARSAT-1 – El cielo es el límite

Texto: y
Fotografia: Gentileza Arsat y Camila Sanchez



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“Tres, dos, uno… ¡Despegue!”. El 16 de octubre, Argentina se convirtió en el octavo país en mandar al espacio un satélite geoestacionario propio. El ARSAT-1 fue puesto en órbita desde la base aeroespacial de Kourou, en la Guayana Francesa. A nadie le puede caber alguna duda del hito histórico que esto significa para el país y la región. Así, logramos la soberanía satelital, producto de políticas de Estado impensadas hace diez años. Para analizar un poco más lo que esto representa en términos tecnológicos, económicos y políticos, hablamos con Diego Hurtado, Doctor en Física, docente de la Universidad Nacional de San Martín y flamante miembro del directorio de la Autoridad Regulatoria Nuclear.


 

¿Qué significa el hito de tener un satélite en el espacio?

Yo diría que el logro que significa el ARSAT-1 se puede mirar en tres dimensiones. Una que es la puramente tecnológica. Es claramente un logro tecnológico por el nivel de complejidad de la tecnología involucrado, por lo que significa en términos de convergencia de capacidades, de organización, de desarrollo de un sistema tecnológico complejo. Ahora, hay un sentido político, que a mi juicio es muy importante y seguramente es más importante que lo tecnológico, que tiene que ver con un país que empieza a tener políticas públicas de mediano y largo plazo, que logra alcanzar sus metas y aquellos objetivos que se propone. Empieza a haber un sector de la política argentina que cumple con lo que prometió que iba a hacer. Esto significa cambiar casi tres o cuatro décadas de cultura política. Y también en términos políticos significa tener la capacidad de ejecución de políticas públicas, porque uno puede decir y tener la voluntad de hacer algo pero después se puede encontrar con que las capacidades del Estado argentino no alcanzan, no sirven, no son adecuadas para cumplir con esas metas. Finalmente, es un logro económico porque alrededor del diseño, desarrollo y construcción del ARSAT participaron más de cien empresas e instituciones públicas. Esto significa que hay más de cien empresas que están participando de un proyecto de incorporación de tecnología, de generación de flujos, de información, de circulación de conocimiento avanzado. Y esto también significa cambiar una cultura empresarial, que si se quiere se puede pensar que es histórica en Argentina, que tiene que ver con un sector vinculado a la especulación, a los proyectos de corto plazo, al atraso tecnológico, al atraso técnico. Hoy hay cien empresas en el sector espacial, hay otras tantas empresas en el sector nuclear, hay otras tantas en el sector de desarrollo de líneas estratégicas, como puede ser de hidrocarburos, microelectrónica, o el programa Argentina Conectar, o los programas del INTA para promover la agroindustria. Pensado en conjunto, el ARSAT es una pieza de un rompecabezas un poco más grande que significa también estar mutando o reorientando una cultura empresarial históricamente vinculada a la aversión al riesgo, al atraso técnico, a la especulación. A las empresas les daba lo mismo embarcarse en proyectos productivos o en proyectos de especulación financiera porque finalmente sólo se trataba de maximizar utilidades. Esto es lo que está quedando atrás y aparece una nueva idea de qué es ser un empresario en Argentina con un componente muy fuerte de alineamiento a un proyecto de país, a la construcción de una sociedad democrática y más inclusiva. Los empresarios entienden que la incorporación de conocimientos a los procesos de producción es una pieza clave. Una cosa puede ser un Techint, que acciona sobre la Argentina como si fuera una empresa transnacional y que vende, por ejemplo, sus insumos al mercado interno a mayores costos que a lo que los venden al mercado internacional. A ver, esta empresa es de capitales nacionales, pero ya no importa, acciona como si en realidad no lo fuera. Perjudica las cadenas de valor, introduce relaciones de poder en la cadena de valor locales, al punto que termina distorsionando lo que son los procesos de búsqueda de competitividad. En el fondo lo que hace Techint es lesionar la competitividad de la industria nacional. Los empresarios vinculados al ARSAT claramente están descubriendo que incorporando conocimiento van a ganar más dinero, a la vez que se van a integrar a un proyecto de país y van a contar entonces con un Estado que los protege por mutua conveniencia. Es un poco la ecuación que va cerrando con un proyecto como el ARSAT.

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¿Cómo va a impactar en lo cotidiano el ARSAT?

Te la respondo por partes. En términos de un usuario de las telecomunicaciones, claramente los servicios van a mejorar en calidad. Los servicios que tiene que ver con televisión digital, televisión directa al hogar, transmisión de datos con el protocolo IP, que tiene que ver con transmisión celular, transmisión de voz y de datos, video, etc. No sólo mejora la calidad, sino que además vamos a empezar a tener un servicio de comunicaciones homogéneo en términos de la potencia que transmita en todo el territorio. Cuando esto estaba privatizado, herencia de los 90, hasta el año 2004 o 2006, que es cuando se empieza a desprivatizar, ¿qué panorama teníamos en la Argentina? El servicio de telecomunicaciones estaba en manos de una empresa extranjera, de capitales alemanes, franceses e italianos me parece, que era Nahuelsat. Como empresa extranjera que no está interesada en lo que ocurre en un país a nivel de prestación de servicios equitativos, Nahuelsat transmite a los sectores del territorio de mayor consumo, a las ciudades más importantes. Con lo cual, lugares aislados en términos de urbanización o con poca población, se encontraban con que no tenían acceso a los servicios de telecomunicaciones. Hay que tener en cuenta que los servicios de telecomunicaciones hoy tienen que ver con educación, no sólo con poder tener celular o entretenimiento. También tienen que ver con procesos económicos. Es decir, economías regionales que tienen que tener acceso a la telecomunicación para bajar costos (en transporte, en búsqueda de proveedores), todo lo que tiene que ver con la red necesaria para el desarrollo de una economía regional. La Argentina son muchas Argentinas, hay muchas economías regionales en Argentina, con lo cual el tipo de servicios que se instaló en los 90 era un servicio que claramente boicoteaba contra la posibilidad de tener un país más equitativo en términos de regionalización y de federalización. Desde el punto de vista del usuario en téminos empresarios, lo que va a permitir el ARSAT-1, pero se va a potenciar con el ARSAT-2 y el ARSAT-3, va a ser la posibilidad de que las empresas de capital nacional puedan empezar a vender servicios de telecomunicaciones a otros países de la región. Esto también es importante porque genera una ámbito de negocios. La política de telecomunicaciones está generando una plataforma de inversión estatal para beneficio del sector privado de capitales nacionales, para que esos empresarios puedan salir a vender sus servicios. Eso significa favorecer expectativas de ganancias del empresario argentino. Yo creo que lo más importante del ARSAT en términos de cómo lo recibe un usuario, viene por este lado.

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¿Qué significa para el país tener dos posiciones orbitales?

Las dos posiciones orbitales se le asignan a la Argentina a través de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, que es un organismo de Naciones Unidas. Primero el haber logrado tener dos posiciones orbitales es un hito importante para la Argentina. Si hubiéramos continuado en la ideología de los 90, ese hito se hubiera desperdiciado. Cuando Argentina entra en los años 2000 nos encontramos con un panorama precario, en el cual la empresa privada que tenía a cargo la concesión de las dos posiciones orbitales estaba a punto de perderlas. En una había colocado un satélite que ya estaba llegando al final de su vida útil: el Nahuel-1. Para la otra posición orbital que Argentina había prometido ocupar, el Estado argentino claramente veía que no había ningún programa realista de ocupar esa posición. Al difundirse esta noticia en el ámbito internacional nos enteramos que quien reclamaba esa posición era Gran Bretaña, lo cual nos hace ver rápidamente la importancia geopolítica de las dos posiciones orbitales. En ese momento aparece la intención por parte del gobierno de Néstor Kirchner de llevar adelante una política de telecomunicaciones que revirtiera ese panorama desde el Estado argentino. En el ámbito nacional se empieza difundir la importancia de contar con una política de telecomunicaciones y en ese sentido es que se crea la empresa ARSAT en el año 2006. Cuando esto se anuncia acontece algo dramático en el Congreso Nacional: algunos miembros de la oposición se burlaban de pensar que la Argentina iba a poder diseñar, construir y poner en órbita sus propios satélites. Creo que el 2006 pone de manifiesto la colisión de dos proyectos de país totalmente distintos.

¿Se podría pensar en desarrollar diseño, construcción y exportación en materia satelital?

Sí. Esa es la mejor proyección que nos muestra hoy el ARSAT. Lo importante del ARSAT-1 es que el diseño es 100% nacional. En el mundo de la tecnología, cuando vos tenés el diseño, tenés la capacidad de planificar y prever cómo ir incorporando componentes nacionales en los perfeccionamientos futuros. Fijate que el ARSAT-1 forma parte de una saga de tres satélites: lo va a seguir en el segundo trimestre de 2015 la puesta en órbita del ARSAT-2 y en el 2017 el ARSAT-3. Contruir el ARSAT-2 va a ser mucho menos costoso, porque para el ARSAT-1 hubo que comprar todas las instalaciones para el testeo, diseño, ahora todo eso ya está. Además, se va a trabajar sobre un diseño base: es mucho más fácil perfeccionar que hacer un satélite desde cero. Cuando lleguemos al ARSAT-3 vamos a tener laboratorios, capacidades muy perfeccionadas y una competitividad de costos que va a ser muy factible que la Argentina pueda exportar satélites a países hermanos o a otros países en desarrollo. Por otro lado, el ARSAT-1 llega a todos los países limítrofes, por lo menos en algunas regiones cercanas a las fronteras, Chile y Uruguay completos. Con el ARSAT -2 cubriremos América Latina. Argentina va a estar en posición de vender servicios a nivel continental. Eso va a significar la recuperación de las inversiones en los próximos seis, siete u ocho años. El ARSAT-1 está abriendo un nuevo sector de la economía argentina que tiene que ver con la exportación de satélites y con la prestación de servicios de telecomunicaciones a partir de empresas nacionales.

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¿Cómo se vincula la empresa INVAP a este proyecto?

La empresa estatal ARSAT tuvo como principal contratista a INVAP, una empresa de capitales nacionales. INVAP es una Sociedad del Estado de la Provincia de Río Negro, con una una amplísima trayectoria. A lo largo del desarrollo del ARSAT-1, alrededor de INVAP se fueron integrando más de 100 empresas e instituciones públicas para ir proveyendo distintos componentes. INVAP tiene la capacidad hoy de diseñar, construir, ensamblar e integrar satélites nacionales de observación y de telecomunicaciones. Antes del ARSAT-1 hay varios satélites de observación de la Tierra que construyó INVAP. Uno de ellos el SAC-D, que fue puesto en órbita en 2011.

¿Cuántos satélites hay actualmente de producción nacional?

Hay satélites previos, pero de dimensiones menores. El SAC-A, B, C y D, fueron satélites de observación de la Tierra. En ese sentido, se viene la serie SAOCOM en sociedad con Italia. El primer satélite geoestacionario, de mayor envergadura, en términos de sofisticación, es el ARSAT-1. Hubo algún satélite que respondió a radioaficionados, cosas chiquitas que fueron los que se probaron a comienzos de los 90. La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) viene produciendo satélites con INVAP desde la década de los 90 porque es la empresa que logró sobrevivir a esa época. Ahora, originalmente, INVAP es un desprendimiento de la Comisión Nacional de Energía Atómica y se inició como empresa de tecnología produciendo y exportando tecnología nuclear. En algún momento, el Estado argentino le da el programa de radarización de los aeropuertos argentinos. Entonces nos encontramos con que la Argentina tiene una empresa de tecnología capaz de producir radares primarios y secundarios, reactores nucleares de investigación que pueden competir en el mercado internacional con las mejores empresas mundiales y que es capaz de diseñar y ensamblar, integrar y construir un satélite de telecomunicaciones. Alrededor de INVAP crecen laboratorios de universidades u otras empresas, que es lo más importante. Por ejemplo, un efecto interesantísimo que tiene INVAP, es el efecto multiplicador que está teniendo en Bariloche: están creciendo empresas de mecánica de precisión, de software, electrónica, de materiales especiales para producir hélices para energía eólica. Si esto continúa, en 10 años no nos va a sorprender un ARSAT o que Argentina exporte radares, reactores nucleares o cualquier otro tipo de tecnología. Lo que muestra el ARSAT es que la Argentina es capaz de transformar la matriz productiva. Hoy la Argentina tiene que incorporar valor agregado a las exportaciones porque si queremos importar celulares o computadoras, también tenemos que poder exportar cosas equivalentes a computadoras, por ejemplo satélites o cosas más modestas como celulares de diseño argentino o microchips para celulares. Ahí es donde va a empezar a cerrar la ecuación de un país en desarrollo, viable, un país más equitativo, que ponga en marcha procesos de desarrollo inclusivos.

¿Qué rol cumple el Ministerio de Ciencia y Tecnología?

Cuando en 2007 se creó el Ministerio, el Gobierno dio una señal política de poner en la primera línea de las políticas públicas al factor científico tecnológico. Cuando uno lo mira siete años más tarde, uno ve que no sólo fue la creación del Ministerio, sino apuestas estratégicas como la que representa el ARSAT. Hoy el Ministerio se encuentra con un panorama mucho más dinámico y complejo. A mi juicio, a futuro tendrá la tarea de asumir un rol estratégico en la formulación de políticas de tecnología y ciencia capaces de hacer converger y de articular las capacidades que hoy están naciendo en muchos ministerios de manera desarticulada. Lo cual está bien que ocurra, pero deberían articularse y converger capacidades, inversiones, empresas, que se involucren en estos procesos. Así se lograría que todo esto que parece un corazón fibrilando de manera desordenada empiece a latir de manera acompasada y se transforme en un sistema nacional integrado, un sistema nacional de ciencia y tecnología.

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