Por Hernán Manzi Leites
Cinco discos
El camino del rock sinfónico
Me resulta imposible comenzar este artículo de un modo impersonal, pues alude ya desde el principio a un concepto muy debatido entre especialistas y legos, que es el del rock sinfónico. A la zaga de esta caracterización se ha optado en repetidas ocasiones por destacar el uso de instrumentos inusuales para el rock, aunque comunes en una orquesta sinfónica. Siguiendo este patrón nos encontraremos, empero, con que muchas bandas de rock “tradicional” -por ejemplo, The Beatles- utilizan esta clase de instrumentos. Quienes -como este servidor- se niegan a someter a bandas como Emerson, Lake and Palmer a la merced de un violoncelo o un oboe, suelen complacerse aun más en la ausencia de los mismos y en su reemplazo por guitarras eléctricas, teclados y baterías. Y, además, no debemos olvidar un detalle que ningún fanático podrá discutir: la cantidad de integrantes de una banda de rock sinfónico no deberá diferir demasiado respecto de la de cualquier otro rock group, y siempre será ésta muy inferior a la de una orquesta (ni siquiera si se piensa en una orquesta de cámara).
Por otra parte, el rock sinfónico comparte con su académico mentor cierta estructura propia de la sinfonía, como su división en movimientos y la inclusión de un leit motiv. No obstante, se han creado hermosos temas que fácilmente podrían llamarse de rock sinfónico sin estos caracteres clásicos. Antes de precipitarnos y tocarle la puerta a la excepción, correremos el riesgo de entrar en el simplismo y enunciar que a veces los temas que tienen de sinfónico la composición y la instrumentación, suelen tener del rock el formato de canción, que oscila entre los tres y los seis minutos (¿progressive rock?). En otro orden de cosas, los discos de este estilo suelen poseer una unidad temática algo más especial que la de otra clase de discos. En determinadas ocasiones esto resulta diáfano en extremo, por ejemplo, en Tales from topographic oceans, de Yes (disco de rock sinfónico si los hay, quizá no el mejor de Yes, aunque les aseguro que escucharlo directo del LP es una experiencia completamente distinta… así nació y así debería morir).
Por último, la época de oro del rock sinfónico no es cualquier época, sino la de fines de los sesenta y casi toda la década del setenta -si seguimos con Yes es plausible poner el límite en 1977 con Going for the one o, si pensamos en King Crimson, podemos apropiarnos de buena parte de los años ochenta. Tales primaveras fueron regadas con mucho LSD, british legacy y talento por donde se lo quiera ver. Estos condimentos generaron una música agradablemente compleja -lo cual en ciertas ocasiones puede redundar en aburrimiento- y definitivamente psicodélica en varias de sus expresiones.
Con esta introducción, tengo el placer de recomendarles algunos discos de rock sinfónico que deberán comprar ya mismo y escuchar como se les antoje hacerlo. Sugerencias para esto tengo muchas, pero agotaré el stock de opinión que me han otorgado en cinco álbumes. Y si no le damos espacio al arte, no sé a qué habríamos de dárselo.
YETI (Amon Düül II)

Amon Düül II fue una banda alemana que formó parte del movimiento que la prensa inglesa denominó Krautrock, cuyas características principales son - a nivel musical - el uso de ciertos instrumentos electrónicos bajo el formato de banda de rock en aras de la generación de cierto “ambiente”, y en términos sociales, su vínculo particular con los ingleses mismos, que tenían, ya desde la época de los Beatles, una buena relación con el rock alemán, es decir, con Alemania Occidental. Este disco es, precisamente, aquel que se lanza en el Reino Unido en 1970 y el segundo de la banda, y contiene exquisita psicodelia y grandes dosis de movimientos sinfónicos, canciones largas, power rock y una locura que mató hasta quien diseñó el arte de tapa, fallecido de hipotermia durante un éxtasis de LSD. Cuidado, en Europa hace frío.
GOING FOR THE ONE (Yes)

Se hubiera esperado que el inevitable apartado dedicado a una gran banda como Yes incluyera su disco más importante, Fragile, aquel que el Jack Black de School of Rock le regala al tecladista infantil en alusión al fantástico solo de Rick Wakeman en la canción Roundabout. Sí, grandes recuerdos, aunque si desea apelarse a la memoria, no puede omitirse este álbum, que volvió a reunir en 1977 a la “frágil” banda original. Mucho punteo estridente de guitarra y Wakeman en pleno concierto en la extensa pieza Awaken, merecen nuestra atención y nuestros gritos maníacos desde el suelo.
ACQUIRING THE TASTE (Gentle Giant)

El debate resurge con esta genial banda liderada por los hermanos Shulman en tanto se incluye una banda que suele clasificarse, más bien, dentro del rock progresivo (formato de canción y empleo de instrumentos poco tradicionales para el rock). Sin embargo, eludimos esa diferencia existente y colocamos al segundo disco de este grupo en la lista de recomendados, sabiendo que sin duda a quien le agrade el resto de las obras no tardará en “tomarle el gustito” a esta perla musical. Una perturbadora oscuridad empapa este disco, como cuando uno no sabe qué está probando y no puede parar. Por cierto, se trata de un álbum maltratado por el estudio -se lo ha grabado defectuosamente- y ciertos admiradores de Gentle Giant prefieren otras obras de la banda, como su más popular LP, Octopus. Si les cuesta decidirse, sólo resta escuchar más de estos músicos multiinstrumentales.
SELLING ENGLAND BY THE POUND (Genesis)
No podía faltar el clásico. Enorme disco de Genesis con Gabriel, Collins, Banks, Hacket y Rutherford. Me contaba un amigo cómo la gente saltaba embravecida cuando presenció su recital multitudinario en Roma (italianos suertudos…) al son de I know what I like (In your wardrobe). Comprendo perfectamente a esos tanos, pues ya me veo arrastrándome cual oruga con Firth of Fifth y gritándole a todo el mundo “you are what you are, you don’t give a damn!” (“eres lo que eres, que no te importe un bledo”). Sugiero que cuando vean Selling England by the pound en la disquería, se lo lleven a casa. Pero ¡alto! En algunas ediciones la primera canción aparece como “Dancing with the moonlight”, cuando en realidad los muchachos de Genesis le pusieron un nombre mucho más romántico: Dancing with the moonlit Knight (“Bailando con el caballero iluminado por la luz de la luna”). Tengo el solo de Firth of Fifth en mis oídos, de modo que debo ya mismo ponerme ropa que pueda hacer harapos mientras me revuelco.
LA MÁQUINA DE HACER PÁJAROS (La máquina de hacer pájaros)
No nos olvidemos de nosotros mismos tampoco, en Argentina hubo rock sinfónico y del bueno. De hecho, en la actualidad, la banda Pez realiza grandes aportes al rock progresivo, y este género musical es de los predilectos del país, pues lo vivimos cada vez que escuchamos discos de Serú Giran como La grasa de las capitales. Si bien este último álbum se ha hecho infinitamente más popular que los dos de La máquina… (el homónimo y Películas, de 1976 y 1977 respectivamente), es menester destacar la intención del fantástico Charly García -genio de esta y otras antológicas bandas- de incursionar en un plano bastante experimental -aunque políticamente algo más inofensivo-, sin perder cierta melosidad que siempre lo ha caracterizado. Los fans de Spinetta comentarán que también este otro capo musical creó obras de tipo sinfónico en Almendra, pero yo distinguiría el estilo del “Flaco” del de Charly, pues cuando el primero se hacía eco de, por ejemplo, The Who y su Tommy o Quadrophenia, el otro tenía en mente a Yes y King Crimson.













Excelente nota !!! Para los amantes del bueno rock sinfónico, que también son generalmente amantes del buen rock progresivo.
15/12/2011 a las 14:15