Escribe Santiago Gomez [+]
El último disco de Gabo Ferro
“La aguja tras la máscara”

“La aguja tras la máscara” es el séptimo disco de Gabo. Nos encontraremos con su voz, su guitarra, su percusión, lo que es una novedad, y a Agustín Durañona sobre sus diferentes teclados, haciendo esta bella obra, con poesía y música de Ferro. Desde “Amar, temer, partir” que Gabo pone cada vez menos músicos en escena. Claramente, suena distinto en “Mañana no debería seguir siendo esto”, porque es distinto lo que buscó transmitir. Recordemos su gran presentación en el Konex abriendo con “Retiro terminal” a dos baterías. Hay que tener mucho rock and roll adentró para hacer eso, lo mismo que para hacer música electrónica con instrumentos acústicos. Los instrumentos en Ferro son colores en la paleta, con las que pinta cada canción. Acá pintó algo de esto.
Te recibe “Lo que te da terror” “te define mejor”, con Gabo cantando “no te asustés, no sirve, no te escapés, volvé/ Volvé, tocá, miralo dulcemente esta vez, que hay tanto de él en vos pero hay más de vos en él.” Con ese recibimiento irse es poco humano. Claro que asusta, pero te tenés que quedar si escuchaste que pide, cosa que hizo pocas veces. “Nunca me gustó pedir, yo prefiero que me pidan” canta en “Solcito lindo”. Lo hizo por primera vez en “Amar…”, donde cantó “despabílame si pido que vuelva lo que se ha ido”, pero este “volvé” es un pedido de respuestas, pero no pide que se las den, sino que escuchen, que sabe que “un verso no alcanza para decir tanto”. Gabo siempre reconoció los límites de la palabra, pero se sirve de la escritura, el canto, el teatro, para estar más cerca de esa verdad imposible de decir, de ese devenir. Sigue “Soltá” donde pide “Traicioná de una vez al dolor/Compañeros así son enemigos buenos/ ¡Soltá el dolor!”, el modo en el que suelta dolor es conmovedor, menos mal que compartió un adelanto antes del disco, alivianó el impacto. “Si una vieja herida no puede cerrar/ que se haga de plumas y se ahogue al volar (…)/ por qué no olvidamos pudiendo olvidar”. La cuarta canción nos devuelve al Gabo que decía en títulos largos, como tenía que decirlo. “Receta del hechizo para la mañana del primer día del tercer año”. Pasea por los cuatro elementos, de los cuales se sirve para ponerle color, calor, textura a su poesía, donde el ahogo es tanto por agua como aire, el fuego purifica pero también pinta la excitación. Siempre me pregunté si tendría que ver con aquella anécdota que contó en un concierto, que su maestra de guitarra le hacía ponerle color a las notas. Si a los cinco años pintaba notas, cómo no va a pintar cuadros tan bellos. Que “hay hombres para hacer arte”, nos lo mete de un patadón en la frente con “El enterrador y la muerte”. Una genialidad. Su voz pinta aperturas de color desgarro, permiten pensarla como una superación del territorio recorrido a capela de la primer y más linda versión de “Solicito lindo”, pero en la amplitud en la que se expresa, también se nota su vuelta al canto clásico de su infancia, recuperado con Trunsky, de quien se llevó una cuota de silencio para sus próximos discos a “Four Walls”. Lo distintivo de esta canción es una percusión que te mueve el cuerpo y es Ferro pegándole a los parches, poniéndole brillo a esta oscura canción en búsqueda de una apertura. Son canciones en las que escucho un Gabo deviniendo más pleno, y cada vez que lo supongo escucho Porco. Presumo que esta canción vivirá transformaciones, como le pasó a “Nada” en el ND ATENEO o “Tapado de piel”. “Semejantes alas” comienza con una introducción muy Beatles, o Lennon, preciosa, una canción con una melodía y armonía a la medida de la letra, donde posibilita que uno pueda armónicamente escuchar la sentencia “Qué grande pena me da verte semejantes alas y que no puedas volar”, para anunciar en la siguiente canción, “Mi buitre en este invierno”, que lo va a soltar en este invierno. Quien no sabe volar y quien tiene un buitre para soltar. “Va a tragar tanta carne en silencio que aullará”. “Soltá el dolor”, resuena a esa altura del disco. Gabo saca una oscuridad, está criando buitres, alimentando buitres de mal, “es frontera donde va”, dolorosísimo, su “buitre va a anidar del lado que dormías”, regado con unos sutiles teclados de fondo. “Mis buitres partirán cuando se hayan tragado todo el mal” ¡Que se vayan pronto, bichos de mierda! Nos levanta moviéndonos con “La pasión del espejo”, una canción muy “psi”, según dijo en “La Trastienda”, en la que te mueve para hacerte tragar “una cosa soy yo y es otro el que está ahí, parezco pero no soy yo estoy ido”, mientras Gabo habla de las marcas en el cuerpo de la letra, “el cuerpo es poesía, el resto es verso”.
“La aguja tras la máscara”, una máscara dolorosa, que le duele a quien la muestra, una cara que duele tenerla. Duele tener cuerpo y rostro de bailarín o bailarina, costurero o carpintera. Espectacular la tapa, otra obra. “Si me salgo de mi” una canción en la que va a escribir “¿qué me queda de mí si me salgo de mí, si me arrojo de mí, si salto, si falto?” y un “apágame la luz que no quiero saber más” nos lleva a “Que llegue la noche”, de “Mañana no debería seguir siendo esto”. Siempre muestra su relación con el saber, el poder del nombrar y la verdad. Le parecemos pobres si “solo hay ciencia frente a tanto dolor”. Queda evidenciado que los parecidos de este disco a los anteriores responde al tipo de narrativa que le dio Ferro al mismo, comparte con “Mañana…” un primer plano sobre el piano, pero esta vez en foco con Gabo. Desde más abajo aparece “Mal al mal”, pide “Exhalale un tornado de pestes que le arrase los campos (…)/ Que no brote una hierba ni un árbol que no le cause horror”. ¿Príncipe negro pidieron? Se la pasa como el culo, pero no a pedido, sino cuando tiene que ver con su proceso. Nos vuelve a hacer pasar un momento mucho más plácido con “Voy a negar el mar”, un despliegue poético donde “si ya me ahogaba en el aire el mar me pone a boquear” viene montada en una melodía llena de fuerza. Un disco triste que pareciera mostrar lo dicho por la Presidenta “no es mi momento más difícil, en realidad es otra cosa, es mi momento más doloroso. El dolor es algo diferente a las dificultades o a las adversidades”. Podríamos decir que de los discos de Gabo, este es el más doloroso. “Boca Arriba” tenía un componente fuerte de rabia, esto es otra cosa, es dolor, está triste. Gabo está compartiendo el duelo de Ferro, “Si me falto de mí”. En “1938” nos dice “parezco pero no soy/ Yo estoy ido/ (…) cuando por fin pensé en mí me quise ido”. Este disco muestra que Gabo pensó en él y logró transmitir musicalmente lo dicho también en su poesía. En el duelo siempre se pierde de uno y el ponerlo a circular aliviana. Una excelente obra, que demuestra que Gabo es prolífero en discos, así como también en nuevas creaciones. Hay hombres para ser hombres no más y hay hombres para hacer arte.












