Escribe Anahí Pérez Pávez
Fotos: Carmen Herrera
El Tango no es soja, es cultura
Milonga que no se exporta
La Grupa es un conjunto de jóvenes que desde principios de año organiza la milonga La Discépolo en el barrio de Monserrat. En julio impulsó el encuentro “El Tango no es soja, es cultura“ que reunió a cientos de personas en la Estación de Retiro protestándole a la política del Pro. “Cuando Mauricio Macri refiere al tango como la soja porteña expresa una concepción exclusivamente comercial con respecto al arte, sólo lo ve como industria cultural. Pero no es como la soja, tiene aspectos que exceden el interés turístico, y el turista no es tonto, pretende verlo en su desarrollo más barrial”, cuentan el Secretario General de la organización, bailarín Campeón de Tango Salón en 2006 y estudiante de Ciencias Políticas, Pablo Rodríguez, y el Secretario Interno y estudiante de Turismo, Facundo Peñalba. La propuesta de La Discépolo es “que haya una Dirección de Tango para centralizar la ejecución y establecer cómo serán las políticas hacia los diferentes espacios barriales. Si el tango es un poquito “el patrimonio cultural” y un poquito “Festivales” quiere decir que no hay una mirada global”.
Apenas comenzado el primer gobierno de Macri se anunció que se suspenderían el BAFICI, el Festival de Teatro y el Festival de Tango. Luego se dio vuelta atrás y se habló del tango como una mercancía cuya prioridad es “ser ubicada” en el exterior. ¿Eso tiene que ver con que es una actividad que factura cientos de millones de dólares al año?
Por algo Macri dice lo que dice. Además hay una realidad histórica: en el ´55 cuando se prohíbe el carnaval, se venden las dos productoras de discos más grandes a capitales extranjeros y se introduce el rocanrol, hay un auge cultural que va en una dirección opuesta al fomento del tango; una clara intención de romper las estructuras de la cultura popular. La falta de políticas públicas que fomenten las fiestas populares ha generado que el tango haya sobrevivido como emblema de Buenos Aires, vendiéndose y despertando interés en otros lugares del mundo. En los ´80 con el tango danza y el escénico se produce una reactivación de la industria. Nosotros creemos que ese crecimiento ha sido constante, pero tiene un límite: le está faltando un reconsideración del tango nuevamente como cultura popular. No se puede contemplar sólo el aspecto turístico.
¿Cómo introducen la política en La Discépolo?
Exponemos biografías de pensadores nacionales y cuadros. La última vez le tocó a Ricardo Carpani. También damos clases gratuitas y se habla al público sobre debates pendientes. Viene más que nada gente joven. Lo que hacemos también responde a una recuperación del interés. Hay momentos en que la sociedad se politiza un poco más o un poco menos. Hemos visto esas oscilaciones y a lo que siempre apuntan los sectores conservadores es precisamente al rechazo de la política como herramienta. La muerte de Néstor Kirchner sumada a un proceso de realizaciones del gobierno nacional marcó un regreso. Creemos que hay que sacarse las máscaras y llevar la política cruda, no ocultar las ideologías cuando uno hace su actividad.
Entonces, ¿cuál es la misión del tango en la política?
Se trata de desmitificarla, ponerla en tela de discusión todo el tiempo y hacerla en los espacios a los que uno pertenece. El tango es maravilloso, es esencial su sentido poético y el bailarlo genera instancias de respeto y conexión profunda. El tango es cultura y habla también de la toma de conciencia y nosotros construimos pensando en un individuo consciente que se reconozca en la cultura, en el arte, y, por ende, en la política.














