Entrevista a Roberto Sarudiansky
Megaminería a cielo abierto
La megaminería a cielo abierto se nos presenta como un monstruo. ¿Es tan así? Montañas dinamitadas y cianuro que podría filtrarse al agua que tomamos. En el video contra la minería más difundido hay fotos de víctimas de Chernobyl seguidas de un audio que dice “No queremos extracción de uranio ni explotación de plutonio”. Hay algo ahí que no cierra. Del otro lado suelen aparecen empresarios que aturden con numerología. Los debates parecen darse a oídos sordos y con más fundamentalismo que fundamentos. ¿No será que a veces, en algunos lugares y para extraer algunos metales, hay que hacer minería y a veces no? ¿No será que lo que hay que discutir es cómo se la hace, con qué empresas (¿con empresas privadas?) y con qué tecnologías y seguridad ambiental? O quizás la discusión tendría que estar centrada en cuáles deberían ser los mecanismos de participación democrática con los que se define el desarrollo estratégico del país –se trate de minería, de la matriz energética, de agricultura o de actividades industriales. Según Roberto Sarudiansky, geólogo y coordinador del Centro de Estudios para la Sustentabilidad de la Universidad Nacional de San Martín, “en prácticamente todas las manifestaciones públicas de quienes asumen la oposición a las actividades mineras metalíferas, se evidencia una falta de sustento científico, técnico y un desconocimiento de los aspectos económicos”. Entonces, aquí están sus respuestas a las afirmaciones que se escuchan comúnmente cuando se habla de la minería.
“No a la minería a cielo abierto”
Se le adjudica a esta modalidad de extracción un carácter catastrófico y arrasador de la superficie terrestre. El procedimiento extractivo (a cielo abierto o subterráneo) se define a partir de criterios geológicos, topográficos, ambientales y económicos para maximizar el aprovechamiento del recurso y minimizar los impactos negativos. La actividad minera, esencial para la vida moderna y cuyos productos son indispensables para el desarrollo económico y social de los países, afecta a menos del 0,4 % de la superficie terrestre.
“En Argentina se practica minería contaminante”
Toda actividad humana, productiva o no, genera un impacto en el ambiente. El tema es mitigar los impactos negativos y aplicar las acciones de remediación que correspondan. La minería moderna, que es la que se desarrolla en nuestro país, opera con altos niveles de seguridad. A modo de ejemplo, en el manejo del tan temido cianuro, utilizado en la extracción del oro de los minerales que lo contienen, se aplica el Código Internacional para el Manejo de Cianuro. Sólo un 13% del cianuro que se produce en el mundo se utiliza en minería; el restante se usa en la producción de plásticos, telas sintéticas, fertilizantes, herbicidas, tinturas y pinturas y productos farmacéuticos. Por otro lado, debido a la limitada historia minera de nuestro país, los pasivos ambientales de la minería metalífera son muy escasos y presentan riesgos acotados y solucionables. A lo que sí debemos apuntar es a definir claramente el manejo de los futuros pasivos ambientales (toda actividad productiva los genera), normatizando el cierre y pos cierre de las operaciones.
“Hay una legalización del contrabando: las empresas mineras sólo pagan regalías por las exportaciones de oro, cobre y plata, pero exportan otros 60 metales”
En un concentrado de minerales –que es lo que en algunos casos se exporta– existen numerosos elementos metálicos y no metálicos. Pero, en función de las tecnologías actualmente disponibles a nivel global, sólo unos pocos tienen valor económico. Algunos de los restantes elementos suelen incluso provocar una disminución en el precio del concentrado. Esto es, las regalías que se pagan a las provincias y los aranceles que se aplican a las exportaciones se aplican, como en todos los países del mundo, en función del contenido con valor económico de los concentrados.
“Hay un consumo desmedido de agua en la extracción y el procesamiento de minerales”
Al respecto es oportuno observar, a modo de ejemplo, que mientras en una explotación de verduras y hortalizas de 100 ha el agua utilizada para riego es de 62 litros/segundo, en un yacimiento que genera más de 1.800 puestos de trabajo directo (y 9 trabajos indirectos por cada uno de ellos) y produce más de 1.500 millones de dólares anuales, el consumo total es de 750 l/s y, considerando que se recicla casi el 75%, el consumo efectivo es de 188 l/s.
“Argentina intenta consolidar un modelo de exportación de materia prima de minerales, que no deja ganancias significativas en el país”.
Las actividades mineras han adquirido relevancia a nivel nacional y se han desplazado a regiones que estaban postergadas desde el punto de vista de su actividad económica (mayormente Catamarca, San Juan y Santa Cruz). Actualmente se producen unos u$s 6.700 millones anuales (casi un 1.400% más que a principios de los 90), se exportan unos u$s 3.500 millones y se desarrolla una importante actividad exploratoria. El gran desafío es promover localmente la generación de los bienes y servicios que demanda la actividad minera, así como identificar e implementar nuevos proyectos que continúen con el desarrollo de la región luego de la finalización de las operaciones mineras que están hoy en operación. Es importante considerar y evaluar en forma permanente la posibilidad poner en marcha alternativas productivas que den valor agregado a los recursos extraídos. A modo de ejemplo, la instalación de una refinería para la obtención de cobre metálico (la cual es posible que no sea viable de acuerdo a las “economía de escala” actuales para la producción de concentrados de cobre).
“Debe modificarse urgentemente la legislación minera”
Toda legislación debe ser ajustada, adaptándola al marco económico, social y ambiental y a las nuevas tecnologías. Los ajustes deberían ser cuidadosamente analizados con la participación de expertos en los distintos aspectos que integran la actividad minera. Considero que es ineludible avanzar en los temas que hacen a la distribución y aplicación de los beneficios generados por esta actividad productiva. La minería cuenta con un marco ambiental adecuado, incluido en el Código de Minería, que se aplica en todo el territorio nacional. Un aspecto que debería ajustarse es el referido al cierre y pos cierre de las operaciones, con un enfoque que incluya también los aspectos sociales. Otro tema que debe ser considerado y definido, en función de la adhesión de nuestro país a la Resolución 169 de la OIT (Convenio sobre los derechos de los pueblos indígenas y tribales), es la reglamentación a nivel nacional de la Consulta Pública.














Otra vez la apología de los técnicos, típica de los años noventa: “sólo los técnicos sabemos de economía (y minería) la gente no sabe nada…” Y los técnicos están a favor de la minería, por eso los que se oponen no son más que pueblo ignorante. Error. Los técnicos deberían leer el libro “El mal”, de M. Bonasso, para enterarse de algo más que detalles técnicos, para darse cuenta que el debate va más allá de lo meramente técnico: se trata de un modelo de país y de mundo. El agua vale más que el oro. El oro no se come ni se bebe (el agua y las hortalizas sí). Hay que salvar los glaciares y las fuentes de agua. La minería debe supeditarse a la vida y a la soberanía popular. No toda minería es mala, por supuesto, pero la que llevan a cabo los saqueadores inescrupulosos (como Barrick Gold y demás amigos de Bush) debe ser combatida por todos los que somos algo más que meros técnicos.
16/1/2012 a las 13:12