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Escribe María Eugenia Cuadra (*)
Ilustra Manuel Taskar

Según la lupa con que se mire

Piedra libre al trabajo doméstico infantil

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“Arroz con leche, me quiero casar con una señorita de San Nicolás. Que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar

Canción popular infantil

Cuando se debate sobre el trabajo infantil, nos encontramos con una cuestión poco explorada: el trabajo doméstico que realizan los niños y niñas en sus hogares. Podríamos pensar que esto se debe a que el trabajo domestico y de cuidado, generalmente, no es considerado trabajo. Por otro lado, quizas el subregistro se deba a que no tendría sentido medir algo que no debería estar sucediendo o que se encuentra naturalizado en sus manifestaciones según el género al cual se pertenezca. Como sea, por más oculta que intente mantenerse una problemática sus efectos no esperan para hacerse notar. Aquí va un pequeño acercamiento a un gran problema.

Pibes y pibas que trabajan

En el año 2007 el Área de Investigación del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación de UNESCO (1), llevó adelante una investigación sobre el trabajo infantil en  Argentina. Dicho relevamiento arrojó como resultado que un 7% de los/as niños/as que en viven en áreas urbanas de bajos recursos trabajan. Vale aclarar que dicho trabajo consiste en mendicidad, venta ambulante, apertura de puertas de taxis, ayudar en su trabajo a otros familiares, etc. Esta investigación puso en evidencia, además, que la suma de niños/as que trabajan asciende al 20% en estas áreas si se considera el trabajo doméstico y de cuidado que realizan al interior de sus hogares. Es decir, el trabajo doméstico infantil, casi triplica la suma.

De esta manera se pone en evidencia dos cuestiones de interés. Por un lado, la no consideración del papel que tienen los/as niños/as en el sostenimiento de las tareas domésticas y de cuidado al interior de los hogares. Por otro lado,  las consecuencias que esta invisibilización produce en la infancia. Dentro de los efectos más importante encontramos la deserción escolar y la pérdida de prácticas propias de este grupo, como ser el juego.

Según la lupa con la que se mire

Generalmente, el trabajo doméstico y de cuidado en el hogar no es considerado “trabajo” con todas las letras. Esto se debe a que el mismo no genera un salario, no posee un horario fijo, ni tiempo estipulado de descanso, y no asegura la entrada al sistema de previsión social. Cabe destacar que las mujeres han sido-y continuan siendo- las principales encargadas de su sostenimiento. En este punto, es necesario poner en discusión aquello que se ha denominado como división sexual del trabajo y que ha adjudicado a las mujeres el ámbito de lo privado/doméstico y a los varones el espacio de lo público donde se desarrolla el trabajo asalariado. Si bien las mujeres han ocupado el espacio público resulta necesario interrogarnos por un lado, de qué manera lo han ocupado; Y por el otro, qué ha sucedido con el trabajo doméstico y de cuidado al interior del hogar. La carga que implica el sostenimiento del “mundo privado” no ha sido objeto de apropiación por parte de los varones.

Otra variable que se puede poner en juego en la construcción de la invisibilización del trabajo infantil es que el mismo posee una valoración social negativa, sabemos que los niños/as no deben trabajar, que esto afecta su constitución en tanto sujetos. Sin embargo, estos discursos conviven con otros donde el trabajo aparecería como un factor beneficioso ya que cumpliría un importante “rol socializador”, enseñando a los niños/as, por ejemplo, lo que es tener responsabilidades.

En este contexto adquiere relevancia la revisión de lo que implica el trabajo invisible domestico. Cuando dentro de las familias las personas adultas deben salir a trabajar para asegurar la subsistencia de sus integrantes, alguien debe hacerse cargo del sostén de la casa. La cuestión de las tareas domésticas y de cuidado no es eje de políticas estatales, subyace a este hecho la concepción que lo que ocurre en el “privado/doméstico” debe ser solucionado por los integrantes del hogar. Así, podemos imaginar que una salida posible a este dilema es la contratación -precaria- de una mujer que se ocupe de la realización de dicho trabajo. ¿Y cuándo los ingresos no alcanzan para contratar a quien se encargue de estas tareas? Allí aparece el trabajo de los/as niños/as para paliar el problema.

Chicos chicos, ¿problemas chicos?

La niñez no es algo dado y no puede definírsela sólo con un criterio etáreo. Para que haya niñez es necesario el pasaje por diversas instituciones, entre ellas la escuela, que permitan el desarrollo de dicho grupo poblacional. Asimismo, la niñez y el tránsito por la misma, implican el desarrollo de ciertas prácticas propias de ese momento de la vida, entre ellas, el juego. Si hablamos de niños/as que trabajan sosteniendo un hogar difícilmente encuentren tiempo para jugar y menos aún para estudiar, lo cual da lugar a una infancia vulnerabilizada. El trabajo infantil, incluido el doméstico, es un factor que aumenta la deserción escolar, el ausentismo, la repitencia, reduce el tiempo de descanso de los niños/as, impide el acceso a prácticas propias de este colectivo y afecta al crecimiento saludable.  De esta manera el acceso a espacios que promuevan el pleno desarrollo de estas infancias se ve coartado. El valor de la investigación que mencionábamos al comienzo pone en evidencia el alto porcentaje de niños/as que se dedica a tareas que no corresponden con lo que el derecho formal les asegura en la Convención de los Derechos del Niño, que fue incluida en nuestra constitución en 1994 (2).

El Ministerio de Trabajo ha realizado algunos avances en la medición del trabajo infantil  en general, poniendo además, en visibilidad el trabajo doméstico como problemática (3).  ¿A qué se denomina trabajo infantil? A “…toda actividad económica y/o estrategia de supervivencia, remunerada o no, realizada por niñas y niños, por debajo de la edad mínima de admisión al empleo o trabajo, o que no han finalizado la escolaridad obligatoria o que no han cumplido los 18 años si se trata de trabajo peligroso…” (4). Las mediciones oficiales dan cuenta que el trabajo infantil se halla fuertemente asociado a la pobreza. De esta manera los niños y niñas que trabajan, entre otras cosas, ven obstaculizado su ingreso al sistema de educación formal, lo cual se constituye a lo largo del tiempo en un obstáculo objetivo a la hora de acceder a empleos de mejor calidad. Se perpetúa así un circulo vicioso de pobreza y exclusión.

Vale aclarar que cuando hacemos referencia al trabajo doméstico infantil no hablamos de las tareas con las que los/as más chicos/as “colaboran” en el hogar, sino que nos referimos a niños/as que desde pequeños/as se hacen cargo de una casa: desde tareas de limpieza, lavado de ropa,  producción de alimentos, realización de compras, cuidado de hermanos/as, personas mayores o familiares enfermos, etc. En este punto es interesante destacar un aspecto que la mencionada investigación pudo visibilizar: si bien niños y niñas realizan tareas domésticas, las inequidades de género aparecen con toda su impronta transformando las diferencias en desigualdades.

De acuerdo a las mediciones realizadas, se observó que son las niñas mayoritariamente sobre quienes recaen estas tareas, mientras que a los niños se los suele enviar a “trabajar” fuera del hogar. Se observó que ellas aceptan naturalmente la asignación de tareas domésticas, como parte de su condición de mujeres. En el caso de los varones, se vio que si bien realizan tareas al interior del hogar mantienen una distancia con las mismas: se quejan, se rebelan, no es algo que consideren le corresponda a su género. A medida que estos/as niños/as van creciendo, se puede ir observando de qué manera los varones suelen irse alejando de las tareas domésticas y de cuidado, pasando a ser las únicas responsables las mujeres de la casa…y en caso que no sean las únicas responsables, el reparto de obligaciones es desigual por demás (5). Esto afecta su futura inserción en el ámbito laboral, ya sea porque no pueden acceder al mismo, porque lo hacen de forma precarizada o porque acceden pero sostienen “dobles jornadas” compuestas por las tareas que se realizan dentro y fuera del hogar.

Ilustación de Alfred Kubin

Ilustación de Alfred Kubin

¿Qué políticas serán necesarias poner en funcionamiento para que el pleno desarrollo de la niñez sea un derecho real? Es necesario remarcar que si hablamos de desigualdades e inequidades las posibles soluciones no deberían ser sólo del orden de lo económico, como por ejemplo un subsidio. Las transformaciones deben sucederse en lo social y político, en el sentido de permitir el desarrollo de las potencialidades de las personas.  Dichas transformaciones implican revisar aquello que llamamos “el hogar” como un todo homogéneo, libre de intereses contrapuestos y compuesto por individuos igualmente autónomos. Esta conceptualización, oculta el reparto inequitativo de los bienes económicos, sociales y culturales para con las mujeres y niños/as, perpetuando así la vulnerabilización de dichos colectivos. Por ello se vuelve necesario profundizar en el estudio de estas inequidades al interior de los hogares para guiar políticas que efectivamente se hagan eco de las necesidades de las poblaciones que tienen por objetivo. En este punto la perspectiva de género no puede ser obviada de los análisis.

Material de consulta

(1) http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/78759-25412-2007-01-07.html

(2)http://www.infanciaygobernabilidad.org/red/images/pdf/convencion_sobre_los_derechos_del_nino.pdf

(3)(4)http://www.casacidn.org.ar/media_files/download/Trabajoinfantil-medicionoficial2005.pdf

(5) http://www.oit.org.ar/documentos/plan_nacional_nuevo.pdf

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(*) María Eugenia Cuadra es Licenciada en Psicología

Publicado el 16 Marzo de 2011
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