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Escribe Natalia Morandeira [+]

Hasta el cielo se ha puesto a llorar

Los que llenamos la plaza

La valla

Las vallas, con mensajes, flores y banderas

El día en que murió Néstor Kirchner fue de dolor, incertidumbre y sorpresa. Pero también, y principalmente, de lucidez. Me enteré bien temprano por la censista, que se alegró de que “Ahora el censo ya fue”; pasó un vecino y dijo “¡Vamos!” con el puño en alto, y ambos dijeron que desde los balcones estaban festejando. Paréntesis: vivo en un barrio tranquilo de la Capital Federal, bien lejos de Barrio Norte, lejos del subte, casas bajas, edificios bajos e inundaciones cada vez que llueve demasiado. No les creí, contesté el censo como autómata, y me quedé boquiabierta pensando “Hay que ser gorila para gritar eso el día del censo”. Pero cuando subí a mi casa de nuevo, la tele y el twitter no paraban de decirlo. Murió Néstor, falleció Kirchner. Ese fue el primer instante de lucidez. La verdad, una trompada al centro del estómago. Los gorilas, al centro de las lágrimas. Y yo, esa que siempre se resguardó de que le digan kirchnerista, puteaba por la verdad y por los gorilas, en voz alta, sola o por teléfono. “Qué país de mierda”, llegué a decir. Tuve miedo por Argentina, por Latinoamérica, por la Unasur, porque sin Kirchner se cediera más fácil ante las presiones. “La concha de la lora”, pensé y escribí.

Ahí nomás pedí una convocatoria, una movilización. Quizás no iba a haber un acto, quizás no iba a haber nada, pero necesitaba estar con los demás, con los que están de este lado. Obelisco, Plaza de Mayo, algo por favor. Hasta que alguien, de nuevo por twitter, avisó que sí, que había una convocatoria. Otro paréntesis: qué necesarias las redes sociales en estos momentos, para informarse y comunicarse, para ser parte de la realidad, para no depender del mensaje unilateral de nadie. Entonces me aflojé y vomité. Dormí unas horas de mi fiebre. A las horas mi novio ya había escrito algo y lo leímos de la computadora, parados al pie de la cama. Y yo, esa que siempre se obsesionó por la redacción y la ortografía, terminé llorando abrazada a él.

Nos fuimos a la plaza. Decenas de miles de personas rebalsaban las calles, caminaban sin saber a dónde ir, con los ojos húmedos. Los primeros vendedores de banderas y flores ya habían aparecido. Las primeras pintadas de Néstor Vuelve también. “Néstor junto a Perón, el pueblo junto a Cristina”, decían los pasacalles. El pueblo estaba quebrado, los dirigentes más duros estaban quebrados. Rossi, Gullo, D’Elía, Bonafini, Carlotto, quebrados, y la lista se iba a engrosar al día siguiente, no dejando a nadie en pie, ni siquiera al durísimo de Aníbal Fernandez. Fue un segundo instante de lucidez. Me había equivocado unas horas antes, la ciudad está llena de gorilas pero los que abundan, los que llenan todos los rincones, somos los otros. “Mierda que es lindo este país”, pensé.

La plaza se llenó de jóvenes, de viejos, de nenes que llevaban rosas rojas o rosas multicolores del jardín de su casa. La plaza se llenó de presencias obvias y también de algunas impensadas. Esa lucidez, el pueblo como cosa tangible, se hizo aún más clara los días siguientes. La cola para entrar al velatorio no terminaba jamás. La gente la recorría cubierta de banderas, levantando el diario El Argentino como pancarta (”Inmenso dolor”, decía el titular del 28 de octubre, todo en mayúsculas), o con un cuaderno en mano en donde iban escribiendo la carta que le iban a dejar a Cristina. Las columnas marchaban cantando y gritando al costado de la cola y eran aplaudidas a su paso. Las vallas de la Casa Rosada estaban llenas de cartulinas con mensajes, afiches, banderas, flores, todos hechos con urgencia y dolor. “Millones de lágrimas censadas”, decía una bandera de Argentina. Las pintadas se multiplicaban. Lo que más se escuchaba de boca en boca era Andate Cobos (la-putá-que-te-parió), Fuerza Cristina, Gracias Néstor y Compañero Néstor Kirchner Presente. De lo que más se hablaba era de las victorias conseguidas, del trabajo, de las jubilaciones, de la Ley de Medios y de la militancia a la que muchos jóvenes volvieron desde el 2003. Pobres quienes no vean que ese pueblo tangible era la clase trabajadora. Pobres quienes no vean que los que brindaron con champagne en las veredas de Recoleta son los mismos que defienden a Magnetto y a la Sociedad Rural, los mismos que adhieren a las editoriales de Van der Kooy, Fontevecchia, Pagni y Rosendo Fraga, los mismos que ven en Cristina a Isabelita y apuestan por quién será el Lopez Rega.

Toda la noche se quedó el pueblo, llenando la plaza, entrando al Salón de los Patriotas Latinoamericanos para respaldar a Cristina, para cantar un Ave María, o simplemente para estar. Y luego acompañaron el cortejo bajo la lluvia y vieron despegar al avión que se llevaba a su líder. Sí, líder, a algunos no les gusta esa palabra pero, ¿cuál es a esta altura el problema con decir que hubo un líder, un conductor de toda esa masa de gente que ahora va a defender al proyecto nacional y a profundizarlo? Esa fue la lucidez tremenda que me abarcó los tres días. La importancia de Néstor, la importancia de la ausencia de Néstor, lo que hizo Néstor en nosotros. Algunas cosas las sabía, pero otras se me imprimieron con mucha más claridad estos días de octubre. Cristina firme junto al ataúd, una imagen de sí misma y para siempre. El velatorio de un patriota, en el Salón de los Patriotas (y pobres los que no sientan en lo más hondo a su Patria). Un velatorio latinoamericanista, entre imágenes de los próceres, con la presencia de los presidentes de los países hermanos, con un duelo regional de 3 días decretado por la Unasur. Y el pueblo que le promete a Cristina bancarla a muerte. No sólo votarla en el 2011, sino también, dicen, ayudarla a que termine la revolución.

Algo empezó en el 2003, algo se quebró cuando se descolgó el cuadro de Videla. Un camino sinuoso, con errores, con derrotas. Pero ese camino sigue, se va a abrir paso entre los gorilas, los oligarcas, los reaccionarios, los conservadores, los asesinos de Mariano Ferreyra, los turros de la Justicia, la mano oscura de Duhalde, la traición continua de Cobos, los medios monopólicos y los Pedraza, los Biolcatti, los Macri, los Carrió. Se va a abrir paso a los codazos, o a las trompadas. La lucidez se hizo cargo de sacarme el miedo de las primeras horas. La plaza, el pueblo, se hicieron cargo de hacerme saber que ahora que perdimos a uno tenemos muchos más compañeros. Mientras estuve en la plaza, no escuché cantar la marcha peronista. Y sin embargo estaba ahí, latente, sonando como música de fondo. La refundación de la política en Argentina, de la mano de la refundación del peronismo. El velorio empezó un día de primavera y soleado, bien peronista. Y terminó con una lluvia insistente, que duró todo el día, que cayó sobre el cortejo de cientos de personas hasta llegar al aeroparque. Garúa, tristeza. Hasta el cielo se ha puesto a llorar.

Kirchner x REP (www.miguelrep.blogspot.com)
Para ver el video homenaje a Néstor Kirchner y leer la reflexión de Revista Hamartia, hacé click acá.

Publicado el 2 Noviembre de 2010
Comentarios

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santiago:

Que bueno estar de este lado.
Viva Hamartia carajo!



2/11/2010 a las 0:41



Gabriela Mataloni:

Te felicito por la nota! Es impresionante hasta qué punto vos, yo (y entonces cabe la posibilidad que tantísimos otros…) pensamos y sentimos lo mismo. Lo primero que hice fue largarme a llorar y decirle a mi marido “puta, parece que este país está enyetado!”
Una semana después, no pienso lo mismo. Es que el “camino del héroe” que plantea la mitología griega nunca es un lecho de rosas, y si algo nos enseñaron Oesterheld y el Nestornauta, es que hay que sacar ahora el héroe chiquito y anónimo que hay dentro de cada uno de nosotros. Así se ganan las grandes batallas, y tenemos una y muchas por delante.
Un abrazo



4/11/2010 a las 10:40



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