Escribe Nahuel Forjan [+]
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Entrevista a Quique Guglielmoti
La fuga de Claudio Tamburrini
“A mi lo que me interesa es que sepan quién soy y quién soy no es mi nombre, sino cómo pienso y como actúo. La identidad es eso, aportar concretamente a transformar revolucionariamente la sociedad”
La historia que Quique Guglielmotti conoce, nunca antes fue contada ante una cámara. Quique te la confiaba en un pasillo, en una calle del barrio, cuando el recuerdo lo tomaba por sorpresa. El 24 de marzo Claudio Tamburrini se escapó del ex Centro Clandestino de Detención Mansión Seré, en Morón. Quique era entonces militante de la Federación Juvenil Comunista y Secretario de la Zona de Mataderos y Lugano. Como tal, le dieron la tarea de “guardar” a Tamburrini. Más bien, de brindarle a Claudio todo lo que necesitara. Se le consigue la casa de Salvador Galicia y su mujer María, ambos del Partido Comunista. Al recordar a Claudio, Quique detalla que “las heridas físicas eran recientes y que el diálogo con Tamburrini era difícil, contaba cosas terribles y a veces lo teníamos que parar“. Antes de ser detenido y torturado, Claudio había sido arquero de Almagro, estudiante universitario y fanático del fútbol. “Pero en la casa de Salvador no había televisor por un tema de concepción política, así que le conseguimos una para que pueda ver el Mundial. Lo visitábamos seguidamente, para respaldarlo, para ayudarlo a salir del terror que había vivido no sólo en la Mansión sino con la familia. A la madre la obligaron a darle la dirección amenazándola con violar a su hija ahí mismo. No quería ni salir hasta la vereda. Y de a poco fue saliendo. Ahora tiene su familia y es un sociólogo del fútbol“, se enorgullece Quique.
“Hacer lo que uno tiene que hacer y nada más….”
Quique puede resumirse en dos palabras: humildad y entrega. Dos valores difíciles de encontrar. Preocuparse por el otro sin pedir nada a cambio, esa es su filosofía. Es muy alentador escuchar a alguien con la convicción de que esa tarea, arriesgar la vida por un semejante, se debía realizar porque así debía ser, porque así debe actuar un ser humano con sus pares. Vivir y militar exponiendo tu bienestar personal por la vida de un compañero, entendiendo que la única manera de salir de ese infierno era entre todos y por todos, sin lugar para pensamientos mezquinos ni personajes heroicos.
Guglielmotti es junto a otro montón de sobrevivientes prueba viva de que el objetivo de aquellas bestias no se cumplió en su totalidad. De que no pudieron aplicar su modelo de identidad individualista y ombliguista, que no lograron imponernos una sociedad de monologuistas del “algo habrán hecho”. En palabras del propio Quique “No importaba si era de otra fuerza política o de ninguna, si era una víctima de la dictadura. Nosotros íbamos a actuar de la misma forma, como debía hacerse en ese momento“.



















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