Escribe Damián Cots [+]
Audiovisuales por Julián Saúd [+]
Estudiantes secundarios, Reclamo primario
El aula en las calles
“Cuando explicamos los procesos de aprendizaje, cuando sugerimos métodos para su mejora, no nos sustraemos a las preguntas acerca de las metas culturales y sociales que este tipo de aprendizaje pretende alcanzar.”
(Kozulin 1996)
Marchaban ese jueves lápices gigantes, guardapolvos sucios por el roce, por los saltos y por una lucha encarnada que parece dejar huella; carteles enormes que anunciaban flamantes: “a 34 años, los lápices seguimos escribiendo”, miles de personas dándole voz a la Avenida de Mayo, denunciando un presupuesto paupérrimo devenido en andamios eternos, caídas de cielorrasos, ascensores muertos y vidrios rotos en nuestros colegios. Marchaban piercings en la lengua, peinados flogger, el acné floreciente de frentes sudorosas y abiertas, barbas que no logran ser tupidas, cuerpos y mentes que comienzan a despedir con honor el frondoso mundo infantil de una señorita maestra y cuadernos tapa dura.
En su lugar, caravanas de adolescentes (algunos púberes apenas), apoyados por padres, docentes y la sociedad en su conjunto, con la bandera “La lucha de nuestros chicos es nuestra lucha”, emergían despejando toda duda – si es que aún la habría – acerca de la mutua implicancia del joven - estudiante con la lucha política, y el proceso de construcción social.
Por fin, se está cuestionando ese lugar ridículo e imaginario en el que el “alumno” parecía estar escindido, aislado de la lucha social, de lo concreto que ocurre en las calles. Bajo un paradigma simplista y positivista se ha pensado y sostenido (aún en vigencia) una imagen de alumno a la luz de una fórmula: buen estudiante = atento, silencioso, reproductor, pasivo; ó estudiante “desviado” = rebelde, irreverente, con mala conducta.
Lejos de aquel paradigma simplista, legado coherente que nos dejó la dictadura del ‘76 y por el cual se sostuvo un sujeto social sin acceso a los debates acerca del proyecto nacional, hoy, se viene gestando, posibilitando, una nueva apertura política, producto de una grieta profunda que se define en el 2001: hoy el aula vuelve a las calles.
Estos pibes que por una educación digna marcharon en el aniversario de la noche de los lápices, también reivindicaron su derecho ciudadano a participar en el debate por un proyecto de futuro que los contemple como sujetos sociales y políticos.
Un debate que hoy se está dando en los distintos escenarios de la nación, viabilizado por un modelo en construcción que requiere de la activa participación de nuevos actores sociales.

Parecería ser que Lev Vigotsky, uno de los más destacados teóricos de la psicología del desarrollo, fundador de la Psicología histórico-cultural, estaba en lo cierto, cuando sostenía que la instrucción formal escolar debía tener como objetivo entregarle al niño / joven las herramientas necesarias para participar activamente en los sistemas socioculturales. Es a partir de una práctica, técnica, metodología, que se puede reconstruir el contexto histórico, el origen, la finalidad y destino social de las ideas. Seguramente, Vigotsky no creyó necesario aclarar que las instituciones dedicadas a la enseñanza debieran garantizar techos firmes, luz, calefacción y un presupuesto acorde con la tarea del docente, que por estos días es poco menos que heroica.
La política educativa restrictiva de la Ciudad de Buenos Aires que hoy pertenece a la gestión de Mauricio Macri como Jefe de Gobierno, no sólo no fue suficiente para acallar las voces que cada vez más se escuchan en función de la construcción de un país distinto, sino que profundizó el debate y las convicciones, incitando, el panorama actual, a tomar iniciativas y hacerse cargo.
Ya decía Karl Marx “la teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado” (1845)
Pero el pensamiento del revolucionario Vigotsky, para quien el desarrollo del ser humano como sujeto del conocimiento se da en tanto ser social, afortunadamente no aparece sólo en las grandes librerías de la Avenida Corrientes; ni los miles de jóvenes en Plaza de Mayo marchando por sus derechos, participando activamente en el sistema sociocultural es una feliz coincidencia con la teoría del pensador ruso.
Sus aportes como teórico de la educación a la práctica pedagógica se observan justamente en el diseño curricular de la Ciudad de Buenos Aires, realizado en el 2004 bajo el mandato de Aníbal Ibarra en la jefatura de gobierno, y de Jorge Telerman como Vice. En el texto a continuación se señalan claramente algunos lineamientos y propósitos que mucho tienen que ver con el pensamiento de nuestro autor, y están relacionados en todo, podría decirse, con las medidas de protesta adoptadas por estudiantes y docentes en las últimas semanas y con la marcha del 16 de septiembre.
La escuela tiene la responsabilidad de:
- Problematizar prácticas actuales de ciudadanía y promover un análisis crítico de ellas para la participación creativa y responsable de los alumnos, tanto en los problemas de la comunidad cercana como frente a preocupaciones de envergadura mundial.
- Presentar principios normativos que permitan esclarecer situaciones conflictivas que involucran a los alumnos, a fin de arribar a resoluciones justas y solidarias para la convivencia escolar.
- Establecer vínculos con organizaciones públicas (gubernamentales o no) que puedan aportar su experiencia y servicios para la deliberación acerca de las problemáticas de actualidad y la formulación de proyectos, definidos desde la institución escolar, de mejoramiento de la calidad de vida comunitaria.
- Generar prácticas deliberativas que permitan a los alumnos comprender y producir argumentos sobre cuestiones éticas y políticas.
- Abordar con sentido formativo los conflictos y necesidades del trabajo y la convivencia escolar, a fin de que los estudiantes avancen en su autonomía y cooperación grupal.
Vigotsky al menos esbozaría un suspiro. Este podría ser el comienzo de la ruptura de una idea sobre el estudiante que poco tiene que ver con las últimas jornadas de participación en la Argentina, que requieren ser vistas con una mirada analítica que contenga al proceso en su complejidad.
Un proceso tendiente a un país que elija su propio destino. Un pueblo autodeterminado, se logra con educación en mejores condiciones, con pensamiento crítico, lucha activa y el aula abierta a las calles.
Escribe: Psp Lucia Manusovich


















muchachos !!! sin palabras, mas alla de esta nota en particular, alto numero de hamartia !!!! los felicito y es un placer poder conocerlos …..abrazo para todos y pulgares arriba por este gran numero de la revista….
21/10/2010 a las 14:55
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