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Entrevista a Mario Quintana

En el bosque de ladrillos

Ejercicio Plástico

"Ejercicio Plástico", mural de Siqueiros, Berni, Spilimbergo, Castagnino y Lázaro en la quinta de los Botana

“Yo quisiera explotar una bomba, derrocar un gobierno,
hacer una revolución con mis manos amigas del
cristal, de la luz,
de la caricia
–destruir todas la tiendas de los burgueses
y todas la academias del mundo–
y hacerme un cinturón bravío de rutas
inverosímiles como Alain Gerbault
para que venga Blanca Luz y me ame”

Raúl González Tuñón










Para trazar el perfil de Mario Quintana, es necesario esbozar el entramado cultural y político porteño de principios de siglo pasado. Sea por azar o por búsqueda, Quintana se crió con sus tíos, los Botana, y su ojo estuvo entre personajes como Roberto Arlt (con su rosa de cobre y su Jorobadito), Federico García Lorca, David Alfaro Siqueiros y Blanca Luz Brum. Con John William Cooke, compartió una amistad y un exilio. A los 14 años empezó a militar en la FORA, y en 1941 pasaría al Partido Comunista al cual nunca dejó de pertenecer. Cuenta Raúl Larra en “El torturado”, que alguna vez Roberto Arlt planeó escribir una novela donde Natalio Botana fuera el protagonista. Se iba a llamar “El bandido en el bosque de ladrillos”. Mario Quintana se hizo parte del bosque a tal punto que se instaló en el vórtice de la trama histórica del país. A sus 92 años, su testimonio revela el arte y la historia de Buenos Aires.

¿Que recuerdos te quedan de la familia Botana y del Diario Crítica?

Entrar al diario Critica, implicó el deslumbramiento total de empezar a conocer gente que yo sólo había escuchado de nombre. Yo venía de una experiencia dura, de traumas familiares muy fuertes. De hecho entro al diario cuando muere mi padre. Encontré gente como Rodolfo Puiggrós que me acogió con los brazos abiertos. Por ejemplo, Puiggrós me sentó del otro lado de su escritorio, al frente suyo. Los escritorios del diario en esa época eran dobles. Sentarme en la misma mesa que él y poder compartir la sala con Petit De Murat, o Darío Quiroga (hijo de Horacio Quiroga) fue algo increíble.

Durante mucho tiempo yo viví muy pegado a mis primos, sobre todo a “Poroto” Botana que era el mayor. En realidad Salvadora era prima hermana de mi padre. Mi padre era Quintana Medina, y ella era Medina (Salvadora Botana Medina, esposa de Natalio Botana dueño del diario). Hubo una circunstancia especial por la cual desarrollé una especie de fascinación por Salvadora. Yo era un chico de campo. Cuando yo tenía seis años cayó Salvadora al campo después de haber tenido su primer hijo. Lo había tenido a los 16 años por lo cual toda la familia la repudió. Los únicos que la ampararon fueron mi padre y madre. En el campo, esos años uno vivía en una vida semi salvaje. El mundo era el casco en el que vivíamos y el trato con los peones. Te estoy hablando del año veinticuatro.

¿Esos son tus primeros recuerdos de Salvadora Botana?

Fue la primera mujer que vi en pijama, fumando con una boquilla larga. Que después supe que era de ámbar. Con la melena cortada a la garzón y hablando con mi madre. A mí me fascinó esa imagen. Y me quedó para siempre como una fijación. Y después pasan distintas circunstancias de mi vida, me echan de varios colegios en Buenos Aires y me fui acercando a ellos, a la familia Botana. Me acogieron con mucho cariño.

¿Qué personajes recordás haber visto en la quinta de Torcuato?

Muchísimos, García Lorca era uno de los protegidos de Botana. Botana durante la guerra civil española tuvo un gesto de gran valentía. Hizo desembarcar a los españoles que venían buscando refugio bajo su responsabilidad en contra del presidente de la república que en ese momento era Ortiz. Nunca se pudo saber por qué capricho Ortiz quería que solamente los descendientes de vascos quedaran en el país. A los demás no lo recibían. Así tuve el gusto de conocer a García Lorca. Aunque en ese momento no sabía ni quién era. Yo tenía 16 años más o menos. En el treinta y tres coincidieron en Buenos Aires, García Lorca, que había venido a estrenar Bodas de Sangre, Lola Membrives, Margarita Xirgu y Pablo Neruda. Yo estaba enamorado de una chica que estaba ahí y había conseguido llevarla detrás de unos cortinados del hall. No voy a decir quien era la chica porque un caballero nunca revela. De pronto sentimos las notas de un piano. Y mi amiga se asustó y salimos arreglándonos la ropa. Apareció el mucamo de Botana y también había un señor que tocaba el piano de espaldas. El mucamo me dice “Tenga cuidado porque el señor tiene malas costumbres“. Después supe que ese señor al que señalaban de tener malas costumbres era García Lorca. Toda esa época fue muy linda. Esa noche (después supe) estaba Neruda y tuvo un episodio con Blanca Luz.

¿Quién era Blanca Luz?

Blanca Luz Brum, era una mujer bellísima. La conocí personalmente en el cuarenta y cinco. En plena campaña del Peronismo. Nadie recuerda de todas las películas desastrosas que se hicieron, como la de Olivera, cosas que fueron mucho mas importantes. Blanca Luz se hizo peronista. Ella venía de la izquierda. De hecho Siqueiros era del partido comunista. Pero ella se embarcó en la campaña del Peronismo. El embajador norteamericano Braden, que intervenía directamente en las cuestiones internas de acá, se enfrentó en una manifestación frente al obelisco directamente con Blanca Luz, que venía de otra manifestación en contra de los Estados Unidos. Y Blanca luz le arrojó los panfletos en la cara a Braden. Esto es mucho más importante que hablar de los amores compartidos entre Botana y Siqueiros.

Blanca Luz después terminó en Chile. En el 55 yo caigo preso con John William Cooke y Alicia Eguren. Caímos presos por una infidencia. Alguien marcó que estábamos ahí. Estábamos planificando una visita a Perón que ya estaba en Juan Pedro Caballero en Paraguay. Cooke tenía la intención de apretarlo al viejo para que diera el dinero para poder sostener la resistencia. Yo había conseguido un contacto que nos iba a llevar de Posadas en avión hasta Juan Pedro Caballero. El operativo policial con el cual nos agarraron fue brutal, estaba inclusive hasta la prensa. El Pez gordo era Cooke. Se lo llevaron al gordo Cooke y el terminó en la cárcel de Rio Gallegos con Patricio Kelly, Cámpora y Jorge Antonio. La mujer de Jorge Antonio compró a media cárcel y se fugaron a Chile. Fueron hasta la Penitenciaría Nacional en Chile y ahí aparece Blanca Luz que ya vivía en Chile. Asi lo hacen fugar a Kelly vestido de mujer. Eso fue lo último que supe de Blanca Luz.

¿Cómo conociste a Roberto Arlt?
Lo conocí cuando yo tenía quince años más o menos. En esa época yo ya iba al diario Critica a mirar. Era muy pibe. El estaba perdidamente enamorado de Salvadora Botana, mi tía. Arlt le mandaba a los Botana sus amigas prostitutas, que él quería salvar del “arroyo”, usaba esa palabra él. De pronto en la casa de los Botana había un montón de mujeres rarísimas (Se ríe). Siempre tuvo una enorme amistad con Salvadora. Creo que era mucho más que amistad, porque nunca dejó de quererla.

También conocí al Jorobadito, que era real. Lo conocí al lado del diario en una confitería que se llamaba La Alameda, que era un refugio de españoles. En esa época yo militaba en la FORA. La militancia era hacer engrudo y acompañar a los que pegaban carteles. Roberto Arlt me tenía mucho cariño. Un día me llevó a su laboratorio en el Once, que era un barrio de conventillos muy triste. El laboratorio era un conventillo, y ahí intentaba el experimento de la rosa de cobre. Se mandó hacer una pileta metálica en donde hacia electrólisis. Intentaba darle un baño de cobre para eternizar la belleza de la rosa. A mí me deslumbraba todo eso. Pero yo no tenía criterio para medir la poética de Roberto Arlt. Ni siquiera lo había leído. Pero la personalidad de él me encantaba. Sobre todo la convicción con la que hablaba.

¿Por qué se pelearon Arlt y Botana?
En el fondo de la redacción de Crítica, trabajaba Roberto Arlt con el sombrero y sobretodo puesto. Exactamente igual que Raúl González Tuñon. La vestimenta del porteño hasta esa época estaba acompañada con sombrero. A partir de los años treinta se desacartona un poco la vestimenta. Y aparece gente que no usa más sombrero. Artl estaba escribiendo las Aguafuertes a favor del Sinsombrerismo. Botana lo llamó y le avisó que estaba perdiendo sus mejores avisadores de fábricas de sombreros. Pelearon por eso y Arlt se mandó a mudar de Criticar.

Publicado el 17 Octubre de 2010
Comentarios

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Cecilia:

increible testimonio. gracias



24/10/2010 a las 23:36



tincho:

las tetitas de mi amiga! que groso ese mario



26/10/2010 a las 2:13



MechiAldao:

Increible relato….!!!!



1/11/2010 a las 22:13



MechiAldao:

Increible relato…!!!!



1/11/2010 a las 22:14



Marian:

Grande Mario, queremos mas!
Te extrañamos en los lares de la nieve.



20/1/2011 a las 9:45



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