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Escriben Santiago Mouradian [+] y Julián Saúd [+]
Ilustra Veronique Pestoni [+]

Identificarse es entregar rehenes a un destino desconocido al que no se puede controlar

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Los que nacimos a la política en los 90 tuvimos algunas referencias claras que fueron constitutivas de nuestra identidad.

El alzamiento del Sub Comandante Marcos en Méjico, Imizcos y Norma Plá denunciando a Cavallo todos los miércoles en el Congreso, el perro Santillán en Jujuy, los Redondos con la decisión de no tocar en la Capital, el Che Guevara en las remeras, Cuba socialista, Galeano y sus venas abiertas y fundamentalmente Las Madres, esos pañuelos que giraban y giran alrededor de la plaza, a los que tantas veces acompañamos en las Marchas de la Resistencia, acampando con nuestros centros de estudiantes de escuela secundaria.

Hebe y El Pañuelo

Año 2003. Quedamos atónitos al ver a Hebe salir de la Casa Rosada sin el pañuelo en su cabeza, la imagen distorsionada de esa mujer que mostraba un rostro extraño. Podríamos jurar que lo irreconocible de su cara era todo lo desconocido de este tiempo.

Si una crisis tiene continuidad y ruptura, si presenta a lo viejo sin terminar de morir, también tiene lugar para lo nuevo. No termina de parir aún pero  comienza a buscar los modos de nombrar lo innombrable,  aquello que irremediablemente aparece y no se lo entiende,  porque lo nuevo no se conoce.

Durante el siglo XX la identidad vinculada a lo nacional surge del desarrollo y la consolidación de los Estado-Nación. Convierte la natividad en fundamento de su propia soberanía, una ficción implícita. Es por haber contenido la cuestión nacional que el peronismo pudo encarnar los debates que atravesaron a la Argentina, los temas del poder. Tal vez eso explique por que coexisten en su misma identidad Cooke o Jauretche con Ignacio Rucci o Lorenzo Miguel.

Diciembre de 2001, el fin de la dictadura

El 20 de diciembre mostró alcances y límites del movimiento popular argentino. Entre los alcances, haber roto con una de las mayores conquistas culturales de la dictadura cívico-militar: el No-te-Metas pasaba a la historia tan rápido como florecían las asambleas populares. Entre los límites, no haber podido superar el valor de la consigna. El que-se-vayan-todos no resolvió los problemas del pueblo, pero nos dejó una enseñanza sobre la que pararnos a pensar los tiempos que nos tocan: No es un problema de consignas.

La construcción de sujetos colectivos que respalden y profundicen un proceso de cambios, no es una respuesta lineal al estimulo de una consigna, del mismo modo que no puede ser la expresión abstracta de leyes o derechos, que no tienen apropiación por parte de los beneficiarios. Y en la Argentina que nos queda, una enorme cantidad de compatriotas están afuera de la cancha, afuera del agua potable, de la educación, el facebook y de todo. La tan mentada exclusión social tiene una punta aguda en la falta de acceso.

Juicios, Memoria e Identidad

Reabrir los juicios a los represores militares echó luz sobre otros casos que la sociedad argentina no conocía. Papel Prensa, los hijos de Noble, los nietos recuperados, son algunos de los hechos que dejaron desnuda una verdad que los organismos de derechos humanos, la militancia popular y sus organizaciones denuncian desde Rodolfo Walsh hasta Hebe de Bonafini, por no decir desde Juan B Justo o los anarquistas de la Patagonia hasta Juan Cabandié o Victoria Donda: el golpe fue un plan de grupos económicos y el ejército fue un brazo instrumental. La dictadura fue cívico-militar.

“No hay memoria sin justicia”, nos decía Schulman de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, y nos explicaba así por qué nosotros mismos no luchamos antes por Papel Prensa: porque no lo sabíamos, porque no había juicios y por lo tanto, teníamos restringido el acceso a la verdad, esa verdad tapada que hoy es la nueva noticia.

Si quisiéramos explicarnos cómo es posible que el represor Patti haya ganado elecciones, acudimos nuevamente a José Schulman y su frase que nos resuena en la cabeza que explica por qué ahora, el mismo que sin juicio era victorioso, cuando se sabe la verdad, los crímenes que cometió, nadie sale en su defensa.

Cambio de época

Si el sujeto de la revolución que pregonaba Marx estaba en las fábricas, el neoliberalismo arrasó su razón de ser. La Fábrica quedaba vacía y el mentado sujeto histórico de la revolución, pasaba a engrosar las filas de desocupados, de los cartoneros… El sujeto no puede ser pensado de una vez y para siempre. La voz de Marx nos llama desde lejos a releer el teatro de operaciones, a repreguntarnos si es el obrero tal como se lo pensó en el siglo XIX el motor de la historia, o pensar qué nuevos actores surgen y cómo se articulan, reconocen y modifican la realidad.

La corriente latinoamericana que surge pensando el posneoliberalismo, tiene su factor común en el Modelo de desarrollo económico con inclusión social. Esta nueva tensión que supone y demuestra la inclusión de masas a la vida cotidiana pone de relieve nuevos debates. Hoy en Argentina se expresa en la propuesta de Pacto Social que supone superficialmente por parte del Gobierno la voluntad de sentar las partes a negociar. En profundidad, esto genera un conflicto nodal, deja al descubierto a los que no están dispuestos a devolver lo que se robaron durante 30 años y relegitima así la lucha de clases.

Horas dramáticas

Hebe vuelve a empuñar el pañuelo y profundizar un debate: diferenciar entre justicia y poder judicial. Vuelve con el pañuelo para ir por lo que falta y así nos termina de exponer una parábola nítida. Cuando sentenció el fin de las marchas de la resistencia y nos enojamos tanto, nos costó comprender lo que ahora es evidente, Hebe, La Madre, nos decía que se había terminado una etapa, la de la resistencia, pero no que había terminado la lucha, sino que ahora es la hora de ir por todo, es la lucha lo que trasbasa la identidad.

América Latina en Construccion

Nuestramérica está construyendo grandes trazos, como grandes avenidas por las que miles y miles vuelven a la cancha. Los excluidos por el neoliberalismo vuelven con las políticas de inclusión y amplían así la base de sujeto con la que luchar por más. Por eso las derechas tiemblan y se enfurecen. Por eso, el movimiento popular tiene ahora un desafío en la defensa de sus nuevas avenidas y en la lucha por las que faltan construir: buscar la unidad en (¿a pesar de?) la diferencia y preservar la diferencia en (¿a pesar de?) la unidad.

Publicado el 8 Octubre de 2010
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