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Luces y sombras entre el fútbol y la política

Cuando mancharon la pelota

Hitler en los Juegos Olímpicos Berlín 1936 -  Videla en el Mundial de Fútbol Argentina 1978

Hitler en los Juegos Olímpicos Berlín 1936 - Videla en el Mundial de Fútbol Argentina 1978

Atrás del rodar incesante del balón se esconden miles de historias y pasiones. Muchas subrepticias, otras emotivas o simpáticas, algunas relacionadas con la fe, lo esotérico y lo místico. Y hay un puñado de anécdotas que reflejan fielmente la convivencia del deporte más popular con la vida política. Es una pena, pero es así. El Mundial de fútbol se transformó en el evento deportivo más grande del planeta, junto a los Juegos Olímpicos. Negarlo es de obtuso. Este acontecimiento acarrea todas las aristas imaginables, de índole comercial, económica, cultural, deportivo, etcétera. Pero el comienzo fue una experiencia muy lejana y distinta a la de hoy día.

Allá por 1930 apenas 13 países, de los cuales 9 eran americanos, disputaron el primer mundial de fútbol en Uruguay. El peso del país vecino en este deporte, luego de ganar la medalla dorada en las olimpiadas de 1924 y de 1928, permitió que la recién nacida FIFA dé el visto bueno para transformarse en organizador. Los equipos del viejo continente se negaron masivamente a participar de una competencia que se desarrollaría tan lejos. Además, muchos países alegaron graves problemas económicos relacionados con la post guerra. Imposible de ser realidad por estos días, Uruguay ofreció hacerse cargo de los gastos de muchos equipos, algo que no podían ofrecer otras posibles sedes del viejo continente. Los celestes ganaron la final 4-2 contra Argentina en el Estadio Centenario, construido hacía muy poco tiempo para celebrar los 100 años de vida de la Banda Oriental. Se había plantado la semilla de un fenómeno global, y casi todos lo advirtieron.

En este mundial se produjo una de las primeras anécdotas donde el fútbol y la política conviven en carne viva. En el libro “Historias insólitas de los mundiales de fútbol“, de Luciano Wernicke, editorial Planeta, 2010, se dice que el capitán de la selección francesa “Alex Villaplane representó orgulloso a su país, pero doce años más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, colaboró con las tropas alemanas de Adolf Hitler, que habían ocupado una gran parte de la nación gala. Expulsadas las tropas germanas, Villaplane fue fusilado el 26 de diciembre de 1944 por un pelotón de miembros de la resistencia francesa“.

Para que nadie se enoje, y rescatando la libre circulación de textos y contenidos que enriquecen el intercambio de discursos y expresiones, aclaramos que todas las anécdotas que se reproducen a continuación pertenecen al más que recomendado libro citado unas líneas más arriba. Lo hacemos casi a modo de homenaje de una obra inspiradora, que también ha sido fruto de arduas horas de investigación y material citado oportunamente.

La mano de Mussolini en Italia 1934 y Francia 1938

Los dos siguientes mundiales se desarrollaron en Europa. En 1934 fue en la Italia de Benito Mussolini, y en 1938 en Francia. Ambos campeonatos fueron ganados por la azzurra, dentro del campo, y fuera de él, por las presiones del “Duce”. Quizás como nunca en la historia, un mandatario haya tenido tanta influencia en el logro deportivo.

En Italia 1934 las crónicas hacían constantes referencias a los saludos “nazis” que realizaban los equipos de Italia y Alemania. Técnicamente, algunas escuadras expresaban el “saludo romano”, extendiendo ambos brazos rectos y hacia adelante, gesto que tomaron Mussolini y Hitler como rasgo distintivo para sus batallones. Lo cierto es que la atmósfera que rodeó al torneo fue oscura. Los locales salieron campeones y Alemania perdió en semifinal, donde apenas juntó 11 jugadores debido a lesionados y desertores.

La delegación argentina llegó a Italia y envió una salutación al mandatario Benito Mussolini. Al día siguiente, como gesto de buena voluntad, el plantel dejó flores en la tumba de los padres del “Duce”.

El fraude italiano para obtener la copa comenzó mucho antes del torneo. Aquí, por primera vez, jugadores de otras naciones comenzaron a desempeñarse en otros equipos que no eran su país de origen. Y los argentinos fueron protagonistas. Italia le ganó 4-0 a Grecia en Milán por las eliminatorias, pero ilícitamente. En aquel entonces, un jugador debía tener una residencia mínima de 3 años en el país al cual iba a representar, y un periodo similar desde la última vez con su anterior equipo nacional. Los argentinos Luis Monti y Luis Guaita, y el brasileño Amphiloquio Marques, no cumplían con los requisitos. Sin embargo, las mismas reglas si se aplicaron al húngaro Iuliu Baratki, que no fue habilitado para participar por Rumania. Otros argentinos si cumplían con las reglas y participaron legalmente, como Raimundo Orsi y Atilio de María.

Para terminar de adornar la estafa, la revancha entre Italia y Grecia, en Atenas, nunca se jugó. Sesenta años más tarde se supo que la empobrecida federación helénica aceptó el regalo de la Federación Italiana de una casa de dos plantas en el centro de la ciudad para cancelar el encuentro. Las presiones del fascismo italiano fueron evidentes. Las delegaciones españolas y austriacas se quejaron abiertamente una vez abandonado el país sobre las actuaciones sumamente parciales de los árbitros que llevaron adelante sus encuentros contra la escuadra local.

La final contra Checoslovaquia fue lo peor para los italianos. En el entretiempo, el “Duce” se acercó al vestuario y retó al argentino Monti por haber pegado una artera patada en el área propia. Mussolini dijo que el árbitro estaba colaborando con la causa, pero que debía ser ayudado en su trabajo para no ser obligado a pitar penal. A esa altura nadie se podía sorprender de nada, porque el dictador dejó todo muy claro en una cena de camaradería realizada antes de que comience el torneo. Al director técnico le dijo: “Usted es el único responsable del éxito, pero que Dios lo ayude si llega a fracasar“. Como si fuera poco, los jugadores tuvieron problemas para digerir la cena cuando el mandatario les espetó: “Ganan o sshhhh“, pasando su dedo índice por la garganta.

En 1938, el Mundial se realizó en Francia. La sangre de la Segunda Guerra se olía en todos los rincones. Hitler expandió el imperio y anexó a Austria al mapa germano. La selección de ese país ya estaba clasificada pero el inconveniente político evitó que pueda participar del certamen. Lo cierto es que 7 austriacos pudieron jugar el mundial porque formaron parte de la delegación alemana. Fueron obligados a participar a fuerza de fusiles.

Quizás en una de las páginas más dramáticas de los mundiales, el mejor futbolista austríaco de la época, Matthias Sindelar, conocido como el “Mozart del Fútbol”, prefirió suicidarse antes que jugar y colaborar con la Alemania de Hitler. El jugador era de origen judío y vivió meses oculto de las terribles SS, pero su paradero fue denunciado por un ex compañero. Acorralado, decidió poner fin a su vida y a la de su esposa el 22 de enero de 1939 aspirando gas de una cocina. Veinte mil personas asistieron a su entierro.

Aquí Mussolini también metió sus narices. A través de un telegrama enviado a la concentración italiana, que decía “Vencer o Morir”, el mandatario seguiría con sus presiones antes de la final. El arquero de Hungría, rival de Italia en el partido decisivo, se sumó a los festejos luego del pitazo del minuto 90. “Nunca en mi vida me sentí tan feliz luego de una derrota. Con los cuatro goles que me hicieron le salve la vida a 11 seres humanos”, dijo. Por aquel entonces, la vida valía muy poco.

Repercusiones de la Segunda Guerra Mundial

La cuarta Copa del Mundo debía realizarse en 1942 en Alemania, pero los caprichos bélicos de Hitler obligaban a postergar la fiesta del fútbol hasta 1950, en Brasil. Argentina renunció a participar de las eliminatorias. Un rumor marcaba que el entonces presidente Perón no quiso enviar al plantel por las diferencias políticas con el país carioca. Otros marcan las fuertes trifulcas que se generaban entre ambos equipos en los encuentros disputados años anteriores como una excusa para ausentarse.

La Segunda Guerra Mundial además dejó datos llamativos. En la eliminatoria para el mundial de Suiza 54, Alemania tuvo que enfrentar a Alemania. En realidad, la República Federal Alemana jugó contra Sarre, una región germana vecina a Francia que los galos controlaron hasta 1957. Casi 20 años después, pero dentro de la instancia mundialista, la RFA enfrentó a la República Democrática Alemana. Los teutones eran locales y ambos se cruzaron en las instancias clasificatorias del certamen. Más adelante en el tiempo, estos detalles comenzaron a ser más cotidianos con el desmembramiento de la Unión Soviética, las guerras en la región balcánica, y la separación de Checoslovaquia. Pero el caso de Alemania es particular ya que el país volvió a unificarse en la década del 80. En aquellos años también se desarrollaba una guerra en Corea, por lo cual el plantel oriental tuvo un promedio de edad de 31 años, uno de los más altos de la historia. Los más jóvenes eran obligados a desempeñarse en el campo de batalla.

En el mundial de Inglaterra 66, la selección de Alemania tuvo el asesoramiento de Bert Trautmann, un ex futbolista germano que llegó a Gran Bretaña como paracaidista nazi sobre el final de la Segunda Guerra Mundial. Fue capturado y debió sobrevivir en un campo de prisioneros, donde aprendió a jugar al fútbol. Allí comenzó a destacarse como arquero, a tal nivel que cuando fue liberado le llegaron ofertas de clubes ingleses, entre ellos el prestigioso Tottenham Hotspur. Sin embargo, eligió jugar en el Manchester City, donde hoy se desempeña Carlitos Tévez. Allí, unas cincuenta mil personas amenazaban con boicotear al club si incorporaban al ex nazi. Con sus atajadas, Trautmann cambió insultos por aplausos y se recibió de héroe en la final de la FA Cup de 1956, cuando su equipo salió campeón al vencer 3-1. Más allá del resultado y de su gran desempeño deportivo en ese partido, el reconocimiento le llegó porque su hijo de 5 años había fallecido un par de días antes y porque jugó parte del partido con una vértebra del cuello fracturada. Los médicos coincidían que semejante lesión coqueteaba con la muerte. Seis meses después volvió a jugar y fue nombrado mejor futbolista del año, premio que se otorgó por primera vez en la historia a un extranjero. En el 2004, la Reina Isabel le otorgó la Orden de Caballero del Imperio Inglés.

Cuatro años más tarde, en 1970, se desarrolló el mundial en México, donde la Seguridad fue garantizada “por decreto”. Según un cable de la agencia UPI, los turistas “podrán caminar sin peligro después de las diez de la noche porque en todo el territorio mejicano, durante la Copa del Mundo, la jefatura de policía prohibió robar después de las 22 horas”.

Para el repechaje del mundial de Alemania 1974, Chile debía enfrentar a la Unión Soviética. En épocas de Guerra Fría, la confederación comunista repudió el derrocamiento del gobierno democrático del socialista Salvador Allende a manos de Augusto Pinochet. Desde Moscú se anunció que de ninguna manera jugarían en el Estadio Nacional por haber sido escenario de torturas y fusilamientos. De hecho muchos futbolistas fueron asesinados, desaparecidos y torturados. El capitán Francisco Valdés reconoció años más tarde que debió interceder ante el propio Pinochet para salvar la vida de Hugo Lepe, capitán de Colo Colo y primer presidente del Sindicato de Futbolistas Profesionales. La URSS pidió que el choque se realice en un campo neutral, pero la FIFA lo desestimó y el gobierno del Kremlin prohibió al equipo viajar a Sudamérica. Los chilenos montaron una parodia vergonzosa y salieron a la cancha a jugar contra nadie. El austriaco Eric Linemayr se prestó a la farsa y pitó el inicio del match. Haciendo pequeños toquecitos, la escuadra chilena llegó hasta el arco rival y anotó un gol simbólico. Quince mil personas apostadas en las tribunas gritaron el gol desaforadamente.

La dictadura argentina y el Mundial

Boicot al Mundial Argentina 1978

Boicot al Mundial Argentina 1978

Fue imposible abstraerse del contexto de la última dictadura durante el mundial de Argentina en 1978. No más de una decena de cuadras separan al Estadio Monumental de la Escuela de Mecánica de la Armada, mayor Centro Clandestino de Detención del país. Son muchos los sobrevivientes que recuerdan escuchar los partidos por radio y con los ojos vendados, con el replicar del cemento bajo sus pies ante cada gol de la selección local.

Desde Europa, muchos países llamaron a boicotear al torneo, pero finalmente decidieron enviar a sus equipos porque ausentarlos del certamen no colaboraría con la detención de la violación de derechos humanos. En ese sentido, en Holanda, España y Francia se denunció constantemente la convivencia entre sangre y pelota en un virulento ambiente político. En la escuadra naranja, muchas de sus figuras, entre ellas el espectacular Johann Cruyff, no quisieron participar a modo de protesta.

Un coche bomba estalló en una central de prensa frente al Teatro Municipal San Martín. Fue el único hecho de violencia conocido durante el Mundial. Las agrupaciones guerrilleras hicieron una tregua durante el mes que duró el certamen. Montoneros interfirió un par de veces las transmisiones televisivas para enviar comunicados de su jefe, Mario Firmenich, oculto en Europa. En una conferencia de prensa luego de la final, Videla pronunció palabras proselitistas para los medios, y resultó llamativo el pedido de autógrafos por parte de muchos cronistas.

Tapa del Diario Clarín - 1978

Tapa del Diario Clarín - 1978

Cuatro años más tarde, en España 82, el fútbol pudo más que la guerra. Nunca antes dos naciones involucradas en un conflicto bélico habían participado del máximo certamen futbolístico. El 2 de abril de 1982 la dictadura militar decidió invadir las Islas Malvinas, por las que Argentina reclama derechos de propiedad y que se encuentran en poder del Reino Unido de Gran Bretaña. El conflicto se extendió hasta el 14 de junio, justo un día después del partido inaugural del mundial. Argentina, Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte participaron del Mundial como si nada hubiera pasado. Peo la comunidad futbolera había realizado múltiples reclamos para que los países no participen. En Inglaterra no transmitieron los partidos de Argentina, y en Argentina no emitieron los de Inglaterra. Afortunadamente, ni británicos ni sudamericanos se cruzaron durante el certamen gracias a los favores del fixture y el azar. Un diplomático inglés quiso organizar un partido amistoso con un año de anticipación, pero finalmente no pudo ser. El gran duelo debió esperar hasta el mundial de 1986.

Los noventa y después

En Francia 1998 comenzó a explotar la tendencia de países con jugadores que provienen de otras regiones o colonias. La anfitriona presentó un plantel con nacidos en sus colonias africanas y centroamericanas. Lo propio sucedió con Holanda y Alemania, que profundizó este rasgo en el primer mundial jugado en África. Algunos equipos parecen la ONU. Como sea, este 2010 volvió a reencontrar al fútbol con la política en Sudáfrica, país con una rica historia cercana a partir del Appartheid y la figura de Nelson Mandela, referente que reconstruyó la nación desde un discurso pacifista y de unión de razas y cleros, inviable para otras regiones.

Galería de Afiches 1930 - 2010

Referencias

- Las anécdotas que se difunden en esta nota fueron extraídas del libro “Historias insólitas de los mundiales de fútbol”, de Luciano Wernicke, Editorial Planeta, 2010.

- Los afiches de los mundiales fueron extraídos de: http://www.echateunclick.com/blog/2010/05/11/carteles-y-mascotas-de-los-mundiales-1930-2010/

Publicado el 21 Julio de 2010
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