Escriben Julián Saud y Santiago Mouradian
¿A qué estás jugando?
Hacer el ejercicio de pensar qué está en juego hoy en la Argentina, no supone una radiografía técnica donde se pueda puntear linealmente porotos que están de un lado o del otro. De la misma manera que cuando se pone una pelota en el centro de la cancha, hoy se ven dos equipos presionando para sacar del empate inicial un resultado favorable.
El gobierno mueve la pelota. Desde que empezó a avanzar con medidas concretas que desestabilizaron el discurso único, los medios como gran oponente intentaron circunscribir el debate político entre lo K o lo anti K. Esta simplificación aleja lo realmente rico del debate, niega la diversidad de actores y posiciones que desata la iniciativa política, que no es una línea que comienza y acaba con lo que este gobierno pueda o quiera hacer, sino que en Argentina la línea, después de mucho tiempo, vuelve a estar entre los que avanzan, no sin contradicciones, y los que quieren mantener el estado de cosas.
El kirchnerismo no sólo paró de caer en las encuestas sino que comienza a subir. La Asignación Universal por Hijo aumentó el acceso a la escolaridad en los segmentos sociales más desprotegidos. La Ley de Medios permitió la diversificación de voces que antes no se oían y restringe el poder de los monopolios que durante años legitimaron la deuda externa y la impunidad. Kirchner fue elegido presidente de la UNASUR, primer espacio entre naciones nítidamente latinoamericanista. El matrimonio igualitario incomoda a la cúpula de la Iglesia por reconocer la igualdad de derechos negada históricamente. La oposición golpea por izquierda, por derecha, por centro; golpea. ¿Es correcto exigir que las cosas sean como a mí me gustaría que sean? ¿Qué está en juego? ¿Qué se pone en juego cuando claramente dos discursos empiezan a enfrentarse?
Detrás de las palabras
“Acá hay una maniobra clara que debe ser percibida por todos los actores sociales, que es el intento de simplificación y polarización que hacen los medios: la cabeza opositora más clara que tiene este proyecto son los medios concentrados. Porque en realidad la oposición no tiene unidad política, ni siquiera tiene un referente que emerja de eso. Lo que los unifica son los medios“. Esta reflexión nos la dejó Jorge Testero, de Carta Abierta, como una invitación a pensar que las grandes empresas comunicacionales son el riñón, el núcleo desde el cual se proyecta el sentido común dominante en la época neoliberal. Un sentido común que, de un tiempo a esta parte, se transformó en una ideología completamente anacrónica a los tiempos que vivimos. Los años de neoliberalismo criollo y globalizado se jactaban, con la caída del Muro de Berlín, de haber logrado un mundo superado, sin más historia, “el fin de las ideologías”, decía Fukuyama, un mundo aparentemente sin más contradicciones. Hoy, el mundo está sumergido en la crisis mundial más importante del capitalismo, donde su crisis es energética, económica, financiera y toda cosa que puede ser. Un mundo que no parecía discutir nada, donde el empresario era empresario y el pobre, pobre.
Las palabras no son a las cosas. Estas no pueden distinguirse sólo por su forma exterior, ni tampoco por lo que significan. La crisis de los paradigmas con los que vivimos durante décadas, es también la crisis de las ideas, de las categorías con las que nombrábamos a cada cosa y el manto que se echaba sobre la duda para no ver. ¿Es lo que vemos lo que siempre entendimos que era? No. El tiempo modifica las visiones y éstas, a la vez, son producto de lo que acontece. Entonces habrá que nombrarlo de otro modo y esa sospecha incendiará los moldes que nuestros amos soñaron para nosotros.
En la entrevista que sostuvimos con referentes del espacio Carta Abierta, el filósofo Ricardo Forster afirmaba que “la disputa en torno a las palabras es central, no sólo en torno a la significación, o de qué modo la derecha utiliza determinada gramática para decir determinadas cosas. El desafío es cómo encontramos aquellas palabras que digan lo nuevo de la época. Hacia el interior de nuestra propia experiencia, buscamos la potencia de aquellas palabras viejas y nuevas que se atrevan a decir con originalidad aquello que no es dicho“. No se trata de “descubrir” o contarle a la gente que vive mal, que no le alcanza para llegar a fin de mes o que está cansada de comer arroz. De lo que se trata es de crear nuevos contenidos de eso que ya se ve, en tal caso, la trastienda de lo evidente. Los contenidos de las cosas están en juego. Ya no significa como en los 90 que ser empresario es ser exitoso. Si bien tampoco se acabó esta visión, está en tela de juicio lo que es, qué significa ser empresario y sobre todo qué implica. Del mismo modo que la pobreza, reconocida ya por todos, nos revela ahora su cara reversa: la desigualdad. Hoy hablar de pobreza no alcanza para nombrar el hecho que subyace, que el pobre es pobre porque no es igual, porque intereses concretos atentan contra su posibilidad de ser igual.
El gobierno es nuestro piso
La defensa del gobierno ya no tiene que ver con elementos difusos como algunos años atrás, hoy tiene que ver con la defensa de un proceso que con contradicciones interpela sujetos. No es posible avanzar sólo con medidas de gobierno, pero menos aún con propuestas que serruchen este piso.
Después de la derrota electoral, el gobierno entendió que sólo podía modificar la situación de adversidad recuperando dramáticamente la iniciativa política y construyendo sujetos que respalden sus medidas. Sujetos que se encuentran en todos lados y que se constituyen como tales en función de sus propios intereses y no de su filiación política. Es decir, está claro que un periodista honesto (y que no sea boludo) estará a favor de la Ley de Medios, sea kirchnerista, radical, comunista, anarquista, católico, ateo o maometano, o que a un maestro de grado que ve crecer la asistencia a clases con la Asignación Universal por Hijo, apoyará la medida sea de la identidad política que sea.
La contradicción en la Argentina de hoy es transversal. Lo atraviesa todo. Si hay un diputado del Frente para la Victoria y uno de la UCR que venden su voto a la cúpula de la Iglesia por votar en contra del matrimonio igualitario, entonces es claro: no se trata de quién es kirchnerista o antikirchnerista. Se rompe la dicotomía que lo anula todo. El debate de lo K o lo no K, no es al debate del matrimonio igualitario. Hoy los conflictos que se exponen en la escena política atraviesan todas las instituciones, y la contradicción central es más bien entre los que quieren bajar un cambio y los que quieren seguir avanzando. Esa tensión, se pone hoy de relieve en un sinfín de momentos: lo público y lo privado, lo posible y lo deseable. En el seno mismo de la República (de la Res pública, o sea, la “cosa pública”) se contiene la contradicción en su definición: pueblo puede ser “el pueblo argentino” o el pueblo como esa masa siempre postergada detrás de los intereses de una minoría aristocráticamente republicana.
En una visita al teatro El Artefacto, Raúl Serrano nos decía “La libertad es luchar contra lo que se te opone. No desde un lugar pesimista, sino realista de lo que se enfrenta“. Desde Hamartia proponemos esa libertad condicionada a nosotros mismos y nuestro esfuerzo testarudo de luchar contra lo que se nos ponga delante del anhelo. Seremos libres luchando por la Ley de Medios y contra los monopolios, por el matrimonio igualitario contra la Iglesia más retrógrada que se plante, con la Asignación Universal y contra los que propusieron privatizar la educación, con los nuestros y contra los otros. Año del Bicentenario. “Seamos libres, lo demás no importa nada“.












