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Escribe Santiago Mouradian

Ilustra Guido Roncaglia

El Espacio Carta Abierta

La dominación habita en

las palabras

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Hamartia conversó con referentes del Espacio Carta Abierta. El filósofo Ricardo Forster, Jorge Testero del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini y Horacio González, Director de la Biblioteca Nacional, cuentan como surgió Carta Abierta, reflexionan sobre el rol de los intelectuales y los desafíos que propone la época.

El intento de decir lo que no está dicho. Buscar las palabras nuevas que se animen a mostrar lo oculto, lo que no se ve. Hay una realidad que subyace a lo cotidiano. Decálogos de palabras que nombran y enmascaran contenidos. Que afirman y niegan. Cada palabra que se dice construye una realidad y niega otra, da luz a una idea y condena a otra al ostracismo.

El conflicto por la resolución 125 los hizo preocupar: vieron algo más que un conflicto sectorial por retenciones móviles, un peligro que los llamó a juntarse. Esa idea de que el miedo no es zonzo convocó una tarde a Nicolás Calluso, Horacio González, Ricardo Forster, Jorge Testero y más y más intelectuales, artistas, profesionales, para empezar a ponerle nombre a ese peligro, para nombrarlo, exponerlo: “clima destituyente”. El colectivo Carta Abierta había nacido y a la vez paría una expresión adecuada para explicar algo oculto, enmascarado en las palabras.

Así, el Espacio Carta Abierta fue creciendo y teniendo cada vez intervenciones más certeras sobre la coyuntura nacional. Una declaración leída en Defensa e Independencia consagró como intelectuales orgánicos de los intereses del pueblo con una carga simbólica poco sutil, la Defensa de los avances que se lograron en este tiempo de las garras de la “Nueva Derecha” y la Independencia del estado y las organizaciones políticas. Carta abierta llega para renovar el espíritu de los intelectuales comprometidos, de los que aportaron siempre a cambiar las cosas, los Moreno, los Castelli, los Ingenieros, Ponce, Giúdice o Jauretche. Llega para dividir más las aguas en el terreno de las ideas justo cuando desde los grandes medios de masificación de opinión se pregona que el debate, que el conflicto es poco civilizado.

Entonces aparece evidente lo que permanecía tapado: ¿dónde están los Horacio González de las patronales del campo?, ¿dónde están los Forster o Testero del Pro o de los que hubieran preferido un bicentenario como el centenario (con estado de sitio y todo)? Son pocos a los que podemos ver flamear la bandera del “todo está mal“, del “no hay nada que defender” y además, quedan desnudos de ideas cuando intentan explicarse: Beatriz Sarlo participó de múltiples debates con Carta Abierta y su idea fuerza repetida como un leitmotiv fue decir que no estaba de acuerdo con los únicos que expusieron ideas. Sarlo, Aguinis, Luis Majul y Rolando Hangling (quien escribió el libro Un hombre de Derecha, dónde se reivindica en tal sentido) aparecen como la vanguardia de detractores de Carta Abierta pero ni siquiera se agrupan para construir un colectivo superador de sus propias deficiencias. Neustadt murió hace rato. Les queda, quizás, sólo uno, indómito desde las editoriales de la Nación y las clases de economía neoliberal: el profesor, el Mariano Grondona, la tradición del conservadurismo argentino. Allá, lo viejo, con las mismas palabras y lógicas. De este lado, algo nuevo está naciendo. Algo nuevo discuten los intelectuales y animan al debate. Hay algo en disputa, una Carta Abierta y unas cartas marcadas, que ya conocemos.

Publicado el 13 Julio de 2010
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