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Escribe Santiago Mouradian [+]

Bicentenario

Argentina: Latinoamérica encendida

bicentenario

Si aceptamos que hay una batalla de ideas, en donde la apuesta es disputar lo simbólico y cultural, para desde allí construir ideologías, los festejos del Bicentenario se dieron -en esa batalla- con la violencia de un cross a la mandíbula. Y como la metáfora es de Roberto Artl, vale pensar en los festejos como un muy buen cuento. Con un principio que sorprende, deja entrever parte del final y nos mantiene presos del relato; un desarollo que tiene una sucesión de acontecimientos con tensión in crescendo; y un final que marca a fuego nuestra forma de estar en el mundo. Y digo que nos cambia la forma de estar en el mundo porque para muchos, incluidos los miles de niños que pedían subirse a caballito “para ver”, o los más grandotes que se subieron a un kiosco de diarios, un cartel de Coca Cola, una estación de subte, para esos y para todos los que gritaron el himno, va a ser a partir de ahora mucho más natural entender una serie de procesos: lo latinoamericano, el Estado, la revolución como disputa, la dictadura, lo popular y, en suma, la Nación. Lo nacional será en adelante la forma en que nosotros miramos lo universal. El acento puesto en lo latinoamericano cuando acaba de conformarse la Unasur construye la referencia histórica y cultural que nos vincula con la región desde nuestra propia identidad. La perspectiva de lo popular desde el relato victorioso de la calle llena de gente y no desde la alfombra roja de los exitosos de siempre entrando al Colón, donde las derechas celebran su nostalgia del primer centenario de la patria, ese que celebraron pocos, con un cabildo iluminado con las luces que corolaron la historia mitrista cien años más, esa historia que le regala a Rivadavia, el que nos endeudó hasta el culo, la avenida más larga, la misma historia que ponderó a Saavedra y no a Moreno y que le negó hasta el bicentenario de la patria un reconocimiento a Castelli. La derecha del Colón deja de un lado de la alfombra a Mauricio y Ricardo Fort y del otro lado a los distintos, que se queden afuera. La izquierda roja tradicional no vacila en sus errores y mientras la 9 de Julio estaba colmada con millones de hombres, mujeres, trabajadores, estudiantes, se agrupaba en un acto pequeñito, de unas cientocincuenta o doscientas personas, los esclarecidos que gritan su verdad desde un escenario ¨este acto del gobierno no contiene a los trabajadores y el pueblo¨.


Publicado el 13 Julio de 2010
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