Por Silvana Jauregui *
Tucumán Arde todavía

El golpe militar encabezado por Juan Carlos Onganía en 1966 inauguró la dictadura autodenominada “Revolución Argentina”, amordazando la posibilidad de participación de todos los partidos políticos, concentrando el poder para consolidar el predominio del capital monopólico, la política interior y educativa fue sometida a un duro control ideológico. No fue sólo desde este golpe sino desde aquél del 55, cuando la llamada “Revolución libertadora”, proscribió al movimiento peronista y perpetuó el criminal ataque aéreo a la Plaza de Mayo provocando muerte, ocultamientos y fusilamientos, intervención de las universidades nacionales como “La noche de los bastones largos” que provocó una importante fuga de cerebros. Eran momentos para dar respuesta y así fue y así se hizo.
En este proceso adquiere relevante significado el año 1968: con el accionar de los movimientos de Sacerdotes por el Tercer Mundo, con la guerrilla rural en Taco Ralo (Tucumán), con la CGT de los Argentinos (forjadora de un sindicalismo clasista y de liberación que confrontaría con la hegemonía vandorista, proclamando a fines de marzo del 68 Secretario General al gráfico Raimundo Ongaro, incorporando sectores de la cultura, profesionales e intelectuales a sus filas). En otro contexto se producía la matanza y ocultamiento de la muerte de estudiantes en Tlatelolco, la muerte del Che, la revuelta estudiantil del “Mayo francés” con consignas como “La imaginación al poder”, “Prohibido prohibir” entre otras, la ofensiva guerrillera en Vietnam y las protestas contra dicha guerra y la huelga de ANDES en El Salvador.
Es así como más allá de sus diferencias, desde el año 68 en la Argentina, se conformaron en la comunidad artística, intelectual y en la clase trabajadora vínculos que hicieron que se forjaran actividades en común, como el Cine Liberación (con el film “La Hora de los Hornos”) o el grupo de periodistas dirigidos por Rodolfo Walsh, en el periódico el “Semanario CGT” y desde el campo de la plástica, una serie de hechos estéticos como la obra Tucumán Arde, produjo una de las rupturas más importantes en el ámbito de la plástica argentina.

Foto tomada por los artistas que exhibe la situación de miseria de la población tucumana. En la muestra se expuso en forma ampliada. (*)
Tucumán Arde abrió un nuevo camino respecto del ya transitado por el Instituto Torcuato Di Tella, ubicado en Florida al 1000, exponente hasta ese momento de la nueva experimentación o de las falsas experiencias vanguardistas, siendo fuertemente cuestionado por los artistas que se comprometieron con temas sociales. Éstos al tomar conciencia de la situación económica y social argentina, como fue el cierre de los ingenios azucareros en Tucumán, organizaron una operación, anticipadora del arte conceptual, para contrarrestar y denunciar el llamado “Operativo Tucumán”, perpetrado por el gobierno de Onganía.
El reconocimiento de esta nueva realidad “llevó a un grupo de artistas a postular la creación estética como una acción colectiva y violenta destruyendo el mito burgués de la individualidad del artista y del carácter pasivo tradicionalmente adjudicado al arte” (…) “El arte revolucionario propone el hecho estético como núcleo donde se integran y unifican todos los elementos que conforman la realidad humana: económicos, sociales, políticos; como una integración de los aportes de las distintas disciplinas, eliminando la separación entre artistas, intelectuales y técnicos, y como una acción unitaria de todos ellos dirigida a modificar la totalidad de la estructura social: es decir, un arte total” (Artistas de vanguardia responden con Tucumán Arde María Teresa Gramuglio y Nicolás Rosa).

Afiche convocando a la I Bienal de Arte de Vanguardia (*)
En tal situación y ante tales preceptos, los artistas respondieron a este “operativo silencio” con la realización de la obra Tucumán Arde, planteada como un proceso en secreto, en el cual participaron interdisciplinariamente referentes de todas las disciplinas sociales (2), realizando encuestas, filmaciones, entrevistas en el lugar del hecho, la estrategia consistió en utilizar la misma lógica de los medios de comunicación, creando una publicidad falsa pero que a la vez produjera un clima de interés con el objetivo de denunciar la realidad de lo que estaba realmente sucediendo, “había que producir muchos hechos, saturar, no ceder a los temores, a que demasiado ruido iba a oscurecer el mensaje, sino que había que multiplicar los medios, las informaciones, e incluso intrigar con incógnitas…” (Entrevista a Maria Teresa Gramuglio” libro Del Di Tella a Tucumán Arde Ana Longoni Mariano Mestman), la muestra se inauguró el 3 de noviembre de 1968 bajo el doble título “Primera bienal de arte de vanguardia” y “Tucumán Arde” en la CGT de los Argentinos regional Rosario, y fue una fiesta. Se exhibieron fotografías, diapositivas, entrevistas, afiches, imágenes, por los parlantes se reproducían testimonios de los trabajadores, cada 30 segundos se apagaban las luces un efecto que encerraba el mensaje de que en ese momento alguien moría de hambre en Tucumán, a la entrada sobre el piso estaban los nombres de los dueños de los ingenios, en realidad no fue una muestra, fue una explosión.
Fue la época del Rosariazo y la del Cordobazo, todo penetrante, intenso, comprometido y ético, así fue que muchos abandonaron la producción artística. Es que la revolución estaba a la vuelta de la esquina, es por eso que estuvieron allí nuestros artistas. Lo que pasó en Tucumán Arde nos pasó a todos, lo que va a pasar será inevitablemente una nueva obra para completar.

Cajas con alimentos recolectados entre los asistentes a la muestra para enviar a Tucuman (*)
Referencias
(*) Fotografías correspondientes al Archivo Graciela Carnevale del libro “Del Di Tella a Tucumán Arde”, Ana Longoni-Mariano Mestman.
(1) *Eduardo Ruano presentó en el Salón “Ver y Estimar” de Buenos Aires un retrato de John F. Kennedy, pero el día de la inauguración lo destruyó con un hacha.
* La policía clausuró el Di Tella durante las Experiencias 68 por la obra de Roberto Plate, un baño público en cuyas paredes se escribieron graffitis en contra del gobierno, para dar respuesta a la clausura los artistas participantes sacaron sus obras a la calle y las destruyeron.
*En el Premio Braque organizado por la Embajada de Francia los artistas resistieron las bases del certamen. La noche de la entrega de los premios, irrumpieron en el Museo Nacional de Bellas Artes y arrojaron huevos a funcionarios franceses y argentinos mientras se leía un texto de protesta. Algunos de los artistas, rosarinos y porteños, terminaron en la cárcel por varios días.
*En Rosario, un grupo de artistas intervino una conferencia en Amigos del Arte, donde el director del Di Tella, Jorge Romero Brest fue invitado. Luego de interrumpirlo y apagar las luces, Juan Pablo Renzi leyó un manifiesto que decía, entre otras cosas, que el arte no era una actividad pacífica ni de decoración sino un compromiso activo con la realidad “porque aspira a transformar esta sociedad de clases en una mejor”. (Datos extraídos: en Tucumán Arde por Fernando Farina).
(2) Alrededor del proyecto trabajaron numerosos teóricos, sociólogos, artistas, cineastas y fotógrafos, pero finalmente el grupo se conformó con Noemí Escandell, Graciela Carnevale, María Teresa Gramuglio, Martha Greiner, María de Arechavala, Estela Pomerantz, Nicolás Rosa, Aldo Bortolotti, José María Lavarello, Edmundo Giura, Rodolfo Elizalde, Jaime Rippa, Rubén Naranjo, Norberto Puzzolo, Eduardo Favario, Emilio Ghilioni, Juan Pablo Renzi, Carlos Schork, Nora de Schork, David de Nully Braun, Roberto Zara, Oscar Pidustwa, Domingo Sapia, Raúl Pérez Cantón y Sara López Dupuy de Rosario, Graciela Bortchwick y Jorge Cohen de Santa Fe, y León Ferrari, Roberto Jacoby y Beatriz Balbé de Buenos Aires. (Datos extraídos: en Tucumán Arde por Fernando Farina).









Buen aporte, buen post, saludos!