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Escribe Santiago Mouradian [+]Marcha del 24 de marzo

La plaza de la patria

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La plaza del 24 de marzo empezó a llenarse a las dos de la tarde y no se vació hasta bien entrada la noche. Las diagonales y la Avenida de Mayo fueron durante todo el día un desfile de banderas, columnas y gente suelta. ¿Qué tuvo este 24 que lo hizo distinto a los anteriores? ¿Por qué, además de que había muchos jóvenes, tanta gente grande se acercó por primera vez a la plaza, familias enteras, tipos de 50 y largos que nunca antes habían marchado? ¿Por qué hubo tres concentraciones diferentes, cuyas convocatorias sumadas dieron una cifra descomunal de gente movilizada? Buscarle respuesta a esos interrogantes nos llevó a plantearnos cuáles son las principales discusiones hoy en Argentina, desde el reflejo de una marcha en donde confluyeron corrientes ideológicamente muy dispares, una diversidad de actores que despliegan un abanico de lecturas del momento histórico.

Durante los 90 había algo claro: Menem, Duhalde y Ruckauf eran oficialismo y no querían ni memoria, ni verdad, ni mucho menos justicia. Proponían por memoria el indulto, por verdad el punto final y por justicia, bueno, la Corte Suprema de Menem tenía un particular concepto de la justicia… Esa claridad, ese poder vicioso que venía por todo, tan claramente identificado por el progresismo y la izquierda en los 90, dio lugar a las grandes marchas donde casi todos caminábamos de Congreso a Plaza de Mayo. Documento unificado. Una expresión más que conocida por los que militamos en los 90, contra los 90.

Pero después de la crisis del 2001, los mismos que habíamos caminado juntos por Avenida de Mayo sacamos conclusiones distintas de lo que pasaba. De lo que venía. Crisis orgánica del capitalismo, argentinazo, insurrección popular, proceso revolucionario, todo el poder a las asambleas populares y hasta “Duhalde es Kérenski” fueron algunos análisis que se escucharon y leyeron en enero del 2002 (sin tener intención de abordar todas las posiciones que se conocen de las fuerzas de izquierda y progresistas). A partir de ahí, y con aún más énfasis después de la asunción de Kirchner, la claridad que teníamos en los 90 respecto a dónde estaba el enemigo se tornó más difusa.

Si bien las primeras medidas de Kirchner fueron claramente en sintonía con esas luchas quijotescas que nos hicieron desarrollar musculatura en las piernas de tanto marchar (y que tanta sangre nos costaron), algunos entendieron que nos robaban las banderas. Esa idea de “cambiar algo para que no cambie nada”. Algunos vieron y ven en el proceso kirchnerista una continuidad del modelo neoliberal de apropiación desigual de la riqueza y alternancia bipartidista. Continuidad, sin ruptura. Otros, vieron desde el principio en el gobierno K ruptura con la dependencia. Proyecto nacional y popular, y ruptura también con el PJ mafioso construyendo transversalidad. Ruptura, sin continuidad.

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La historia tiene a veces momentos en que lo nuevo no termina de parir y lo viejo se resiste a morir. ¿Continuidad sin ruptura?, ¿ruptura sin continuidad? Más bien, parecería que este proceso tiene las dos cosas, continuidad y ruptura. Es tan cierto que no es buena la distribución de la riqueza como que sí es buena la política de derechos humanos y es tan cierto que se recostaron sobre el PJ como que cuando convocaron a construir la transversalidad, todos les hicieron un corte de manga. Entonces Continuidad y Ruptura. El punto es cuál es el acento en cada momento del proceso. Cuando se opera un cambio brusco, repentino, es humano quedar desconcertado, acudir a la acción defensiva u ofensiva. Es que a veces la historia no nos da el tiempo que querríamos para reflexionar antes de tener que decidir, posicionarse y accionar. Pero si asumimos la práctica como verdad concreta, son los hechos en el tiempo lo que nos permiten reflexionar y recomenzar el circuito de decidir, de posicionarse y de accionar desde una nueva lectura de la realidad.

Entonces, ¿dónde están hoy los que tan claramente veíamos como enemigos en los 90? ¿Dónde están Duhalde, Menem, Ruckauf? ¿Qué pasó con la Carrió del Frenapo? Están pidiendo amnistía a los militares en vísperas del 24 de marzo, mientras se está juzgando militares y recuperando nietos. Pero no sólo están haciendo lobby para una “reconciliación de la impunidad”, lo que ya implicaría un retroceso, sino que también están en contra de las principales medidas distributivas como fue la resolución 125 (“El que quiere lomo que pague 80 pesos el kilo”, dijo De Angelis), de la Ley de Medios, de la recuperación de los fondos previsionales, de la derrota del Área de Libre Comercio de las Américas, meca neoliberal por excelencia. Entonces dos conclusiones primeras: estos tipos vienen por todo otra vez –por la impunidad, el libre mercado, lo que se reconstruyó del Estado–; y, por otro lado, si vienen por eso es porque avanzamos en eso, porque evidentemente hay un proceso de desandar el modelo de los 90 y construir otra cosa.

La construcción simbólica que tiene el descolgar el cuadro de Videla, cortarle la cabeza a la cúpula del Ejército, cambiar la corte suprema menemista, sancionar la nulidad de las leyes de impunidad y reabrir los juicios (por nombrar algunas de las primeras medidas del gobierno de Kirchner) vino a contrastar con el paradigma neoliberal e hizo sonar con más fuerza la idea que Fidel nos contaba con entusiasmo en la Facultad de Derecho “Ustedes han enterrado al neoliberalismo en las fosas del Pacífico”. ¿Por qué? Porque habrá generaciones enteras que crecerán sabiendo que en la Argentina hubo desaparecidos, hubo encubridores, hubo impunidad, pero también ahora puede haber justicia. Y ahí está quizá el elemento más importante que contesta por qué tanta gente fue por primera vez a la marcha. La política volvió a estar a la orden del día, sobre la mesa. Muchos de esos que en estos años empezaron a preguntarse en qué país quieren vivir, ven la amenaza latente de una derecha que representa lo peor de nuestro pasado, una economía neoliberal con los monopolios a la cabeza y los medios masivos de comunicación hechos a su medida, dispuestos a imprimir la tapa de diario que sea necesaria, o a correr la cámara cuando un par de muchachos intentan decir que hoy también hay golpistas. De alguna manera, a pesar de sus limitaciones, el kirchnerismo ha logrado que una porción importante del pueblo no sólo apoye sus medidas sino que esté dispuesta a defenderlas cuando las vea en peligro. Como comentario al margen, habría que ver qué harían los que no apoyaron y no apoyan ninguna medida del kirchnerismo si mañana hubiera un peligro cierto, inmediato, de que se quite la asignación universal por hijo o que harán ahora, con el peligro de que se anule la Ley de Medios. Es que quizás para algunos sea más simple seguir diciendo que los K son lo mismo de siempre, pero jugar al oportunismo es jugar con fuego.

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Lo que queda es preguntarse por qué sumando todas las marchas la convocatoria fue tan contundente. Es que se movilizaron todos: los que piensan que Kirchner es lo mismo que Menem y los que creen que Kirchner es Perón, los que piensan que hay que criticar junto con Pino o los que piensan que se puede ser crítico acompañando los cambios y no necesariamente siendo un opositor a todo, como Sabatella y Heller. Quizás se trate de lo que se avanzó más que de lo que no se hizo; quizás se trate más de lo amenazadas que están nuestras conquistas por la derecha noventista que de lo que no se profundiza. No hay cambios sin proceso, y eso queda claro para todos los que venimos siguiendo la historia reciente de América Latina. Aunque los procesos no sean los mismos acá, en Bolivia o en Venezuela, los que marcharon este 24 se sintieron empujados a salir porque es claro que hay cosas que se están moviendo, porque la contradicción revolución-contrarrevolución es la misma que se repite en todo el continente. La existencia de esa contradicción, más o menos tensionada, viene a ampliar la noción un tanto reduccionista y otro tanto intencionadamente tergiversada de que “lo que hubo es una marcha K y otra marcha anti-K”. No es fácil creer en esa antinomia tan rígida cuando en cada convocatoria de este 24 había una riqueza de ideologías, corrientes y banderas difíciles de encasillar. De hecho, había columnas de ideología peronista en ambas marchas, por no nombrar a comunistas y socialistas, o a organizaciones de DDHH. Más bien, en cada convocatoria hubo una lectura distinta de una misma realidad, una visión distinta de qué es y qué no es el kirchnerismo, de cuáles son en Argentina las vías para construir cambios profundos y, principalmente, cuál es hoy el camino para profundizar cada vez más esa contradicción tan latinoamericana, hasta que ya no quede ninguna posibilidad de seguir afirmando que nada cambia y que todo da lo mismo. Un aplauso por la diversidad, sí, y otro aplauso por los que leen la realidad sin mancharla de ciencia ficción. Construir una visión acertada del proceso que transitamos, y discutir sus alcances y limitaciones con franqueza, superando la dificultad de encontrar al enemigo y poniendo la mira en la derecha, es quizá la única posibilidad de que  construir la marcha del 24 no sólo signifique luchar por memoria, verdad y justicia, sino también hacer patria.

Foto Paula Lobariñas 3

Fotografía: Paula Ríos

Publicado el 13 Abril de 2010
Comentarios

yo también era la que en los 90´ pedía que no se pague la deuda externa! y ahora … la cosa está cambiada …

Escrito por Silvia | 24/4/2010 a las 11:09



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