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Escribe César Morielli [+]

Homo festivus

Es la política, estúpido

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Hay que divertirse. “Nada grande se hace sin alegría, nos quieren tristes para vernos derrotados”. Cuando don Arturo pensaba esto, la idea de una sociedad taciturna era la más efectiva para el Poder de turno. El temor y la desesperanza siempre han sido, y serán, los mecanismos de dominación más efectivos. Pero luego fue apareciendo, poco a poco y ganando lugar, una maquinaria de espejitos de colores que fabrica fantasías para cubrir las necesidades menos básicas y poner en la mesa otras distracciones.

Luego de la dictadura, Argentina se transformó en sede permanente de la “fiesta de la democracia”. La frase resumió un momento único e intransferible que describió con acierto un momento político que tuvo sus aristas en el mundo artístico, comercial, cultural, deportivo, y todos los etcéteras que se le ocurran. Pero, todas las fiestas se acaban. Hoy, elección tras elección, hay que escuchar la mención melancólica a dicho teorema que ya no late ni tibio entre los recovecos del poder. Alfonsín se fue antes, tuvo que acordar con militares para eludir dos golpes de Estado, la hiperinflación lo puso en un lugar de odio social que sólo se revirtió pocos años antes de su muerte. Y el contexto político zanjó el terreno para que apareciera un caudillo del interior.

El recorrido continuó con la fiesta menemista y todos los iconos de esa fauna deliciosa para el laboratorio de cualquier antropólogo. La fiesta de los 90, el neoliberalismo, la pizza y el champagne, las vacaciones en Cancún, el microondas, las canchas de paddle, los parripollos, las discos en la costanera, la reelección, los asesinatos mafiosos, cocaína buena y barata, las corruptelas interminables en el Poder, “God bless your country, Mister President“, Menem hablando en inglés y Cavallo metiéndonos el brazo en el orto. Y más. La lista es interminable. Década de humor chabacano y camisas prominentes. Risa fácil, vida fácil. Ilusión efímera, fantasía que pocos advirtieron. En ese contexto resucitó esa idea de que “los argentinos somos los más grandes del mundo”.

Después apareció un señor que dijo que la fiesta se había terminado. Para algunos nunca había comenzado. Los capitales extranjeros ni se inmutaron ante la figura de Fernando de la Rúa. Para ellos, la fiesta siguió y el megacanje, el blindaje y el corralito fueron las estrellas de la velada. Después la sangre llegó al río, las cacerolas a la calle y el pueblo a la Plaza. El resto lo conocemos. Helicóptero y adiós.

Hoy día, la fiesta es un contrapunto ideológico de confrontación. La disputa de dos modelos y de los medios es tan grande que el viejo precepto político nacido a principios de los noventas en la guerra Clinton-Bush se alteró y se transformó en: Es la política, estúpido. La clase media dejó de pensar con el bolsillo y se enfrascó en la batalla dialéctica. La clase política abre fuego y no baja la guardia. Todos los frentes están abiertos y algunos especulan que la Plaza tiene reservado un rol fundamental para fines de este año o principios del próximo. Si la fiesta es el escenario metafórico del poder en cada momento histórico, ahora que vuelve a discutirse encarnizadamente en todos los ámbitos (desde el Parlamento y los noticieros, hasta la mesa de un almuerzo de domingo) se hace cada vez más importante que seamos nosotros los que decidamos qué se festeja y cuál es el traje que queremos ponernos para salir a bailar.

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Publicado el 1 Abril de 2010
Comentarios

Muy pero muy genial este artículo. Que se pueda ser tan claro y conciso a través de la historia de nuestro país. Gracias por aportar a no olvidarnos de lo que nos paso para que no nos pase de nuevo la ignorancia por encima.

Escrito por Guada, río Tercero, Córdoba | 21/4/2010 a las 15:20



Un capo amigo, finalmente aprendiste.
En serio, una claridad que espanta.
Un gran abrazo.
Fiesta, fiesta!!!

Escrito por Aldo barberis-Rusca | 23/4/2010 a las 14:11



Clarísimo. ¿en qué estábamos pensando en los 90?

Escrito por Adriana | 24/4/2010 a las 11:12



Sí, de acuerdo, pero las conciencias se forman con responsabilidad ciudadana. Un buen político sabe como hacer esto.
El negocio de los medios es no hacernos ver el rumbo correcto que el buen político índica.
Hasta tanto no tengamos claro que fuimos, somos y ¿seremos? satelites de las politicas exteriores de los países centrales esto volverá a suceder una y mil veces.
Lo curioso que culparemos a nuestros políticos y no a quienes mueven sus hilos desde afuera.
Creo que es in síntoma de maduridad comprender que tenemos más enemigos afueras que dentro de las fronteras.

Escrito por Luigi | 30/4/2010 a las 7:34



Muy buena nota! me gustó mucho el uso de ciertas imágenes para dar cuenta de lo que estaba pasando en el país en las últimas décadas.
Con respecto a lo que comenta Luigi, me parece que si planteamos las cosas desde “lo correcto” y “lo incorrecto”, “el adentro” y “el afuera”, corremos
el riesgo de perdernos en un Boca-River que no nos permite ver de qué manera diversos intereses entran en juego a la hora de hacer política. En este
sentido creo que uno de los peores “enemigos” que tenemos no está en el “adentro” ni en el “afuera”, sino en pensarnos solxs, individuales, aisladxs de lo que le
pasa a los otrxs. Sigo leyendolxs!!

Escrito por Eugenia | 12/5/2010 a las 10:34



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