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Escribe: Gastón Florio

Protectora de los descamisados

Eva Duarte de Pueblo

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“Me estremecieron mujeres
que la historia anotó entre laureles.
Y otras desconocidas, gigantes,
que no hay libro que las aguante”

Silvio Rodríguez. Mujeres, 1975.

Hace noventa años nacía Maria Eva Duarte en Los Toldos, Provincia de Buenos Aires. Con algunas herencias sociales predestinadas (no deseadas) y “mal vistas” por el esteriotipo de mujer de la época, creció seguramente sin imaginar que su nombre pasará a la historia como unas de las figuras más significantes de toda Latinoamérica del siglo XX. Hija de Juana Ibaguren y Juan Duarte, matrimonio que además de María Eva tuvo a cuatro hijos, mayores que ella. En 1930 la familia se traslada de la estancia “Unión” a Junín, donde años más tarde la Eva desconocida iniciara su vocación artística; la cual la llevara a enamorarse de un Coronel y así a cambiar su vida, y la de su pueblo, casi como un cuentito.
Argentina comenzaba a vivir un proceso de cambio como nunca antes en su historia. En 1943 se produce el golpe militar que enterró una etapa aberrante de nuestro país, la “Década Infame”, como es denominado el transcurso que abarca desde el derrocamiento de “El Peludo” hasta el golpe donde emergió como ministro de Trabajo y Bienestar Social Juan Domingo Perón. Este coronel rompería poco a poco la lógica explotadora de los últimos años al trabajador con el “Estatuto del Peón”, en 1944, entre otras cosas.
En ese mismo año se produce la catástrofe en San Juan, terremoto que sacude a la provincia entera. Desde el Ministerio de Bienestar se ejecutan inmediatamente políticas estatales para ayudar a las victimas. En el mes de enero Perón es anfitrión de un festival en el Luna Park para la recaudación de fondos para solidaridad con los damnificados, el cual tiene la presencia de María Duarte como actríz, una joven hermosa. Esta misma noche se refleja el inicio del romance de Evita y Juan Domingo que atravesará los próximos años del país, hasta hoy y más.
Asumida la primera presidencia peronista, el país y su sociedad van tomando otro destino al que el imperio y sus socios locales nos tenían adjudicados. Y en esa conyutura, Eva Duarte empieza a transformarse en Evita, en un símbolo, la protectora de los descamisados. La primera dama asume el rol de conectar a los sindicatos con el gobierno, logrando día a día forjar el comienzo de un “Gran Frente Nacional” que ilustró un proceso movimientista y revolucionario.

Desde la “Fundación Eva Perón”, Evita  logra repartir las ganancias extraídas del juego y de donaciones de familias “paquetas” para comenzar construir escuelas, viviendas y hospitales.

Al mismo tiempo, un tren de salud recorrió todo el país, llevándolo a lugares por donde jamás había pasado un médico. Y cientos de obras más que en pocos años incrementaron el nivel de vida de millones de Argentinos, y transformaron ese “nivel de vida”; en digno. Cambió la concepción de lo que significa un derecho: “Es muy lindo si me sobra algo, brindárselo al pobre”. Pero, ¿por qué a uno le sobra (y hasta le estorba) y el otro ni siquiera lo vislumbra? ¿Por qué uno si u otro no? Acaso, ¿el pobre no es un ser humano? Evita se le enfrentó a la oligarquía haciéndole entender que su “amada caridad” no era más que buscar un lugar en el reino de Dios y que esa “beneficencia” en realidad era un derecho social. Que ningún sujeto está predestinado a la miseria. Nomás que la “torta” está mal distribuida…
Durante esos tiempos, y años después, tanto la izquierda abstracta como sectores de derecha, se empecinaron en separar la figura de Perón de la de Eva, intentando así canalizar en ella los logros más importantes del peronismo y dejar en él las contradicciones; y negando la sociedad política más importante de nuestra historia. Algunos sectores políticos no pudieron (y algunos aún hoy no pueden) comprender estas contradicciones (lógicas en todo proceso que afecta las estructuras económicas y sociales dadas) y por esto forman dentro de Eva todo lo “revolucionario de la etapa”, levantándola como bandera. Y así a Perón le tocan todos los residuos. Pero mejor lo expresa el maestro Norberto Galasso, diciendo que “El evitismo es la fase superior al gorilismo”.
Cuando enferma de cáncer, los gorilas gritaban y pintaban las calles: “Viva el Cáncer”. Tanto odio se comprende cuando se entiende a la clase oligarca parasitaria, que nunca pudo aceptar a una actriz que les ubicaba sus intereses en su lugar o, por qué no, “le ponía los puntos a esa puta oligarquía”. Las mujeres del Jockey Club nunca van a perdonarle que entendiera como sujetos con derecho cívico a esos “cabecitas negras”. La sociedad machista la va a odiar eternamente. Pero qué importa, en el latido de las clases populares siempre va a resonar el mismo nombre: Evita. Y la historia, la escriben los pueblos.

Fuente imagen: http://iconoclasistas.com.ar/2010/01/10/mujeres-de-fierro/

Publicado el 27 Noviembre de 2009
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