Escribe César Morielli
Ilustra Veronique Pestoni
Trata de personas
De eso no se habla

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Todo parece reducirse a un circuito de diversión nocturna, pero el problema es más complejo y sus garras feroces alcanzan a las mujeres y niños más pobres e indefensos del país. En la superficie, la carne viva de estas personas es la plusvalía de un delito cruel y aberrante que encuentra en los hombres a un socio silencioso y necesario. La trata de personas aparece como un delito moderno. El eufemismo de la “profesión más antigua del mundo” mutó con la modernidad… hace rato. Pero si bien el reconocimiento a nivel social y político crece, la cobertura mediática no parece ir en la misma sintonía. Por definición, la trata de personas es “la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra con fines de explotación“, según el Protocolo de las Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, conocido como “Protocolo de Palermo”, aprobado en el año 2000. En otras palabras, se asemeja bastante a esclavitud moderna, con la prostitución como principal vía de explotación.
El consentimiento de la víctima para realizar determinadas tareas es irrelevante si se ha recurrido a los medios mencionados, y que “la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de un niño con fines de explotación” se considerará trata de personas “incluso cuando no se recurra a ninguno de los medios enunciados“. Con promesas falsas, engaños, o amenazas, existe una infraestructura gigante a lo largo del país, reclutando personas para su explotación. Algo similar sucede con extranjeros que trabajan de manera precaria en talleres que confeccionan los pantalones que usted tiene puesto. La trata representa una grave violación de los derechos de niños, niñas, adolescentes y mujeres, incluidos específicamente el derecho a la identidad, a crecer en una familia, a la salud, a la participación, al juego, a ser protegidos contra cualquier forma de violencia o de explotación. Evidentemente, las victimas involucradas no pueden ejercer estos derechos por la situación de sometimiento que generan las personas que los explotan. Son privados de ver y tener contacto con sus familiares, se les retienen sus documentos, son sometidas a todo tipo de vejaciones.
Entre algunos de los fines de la trata figuran la explotación sexual, la explotación laboral y los trabajos y servicios forzosos, la compra y venta de niños, niñas y adolescentes, los relacionados a la comisión de delitos y la extracción y comercialización de órganos. Los involucrados pueden terminar también trabajando en pequeñas fincas y plantaciones, en fábricas, bares o clubes, en las calles o en el trabajo doméstico.
La pobreza es una de las principales causas que unen a las victimas de trata de personas, pero es errado decir que es la única causa. Las diferencias culturales, el acceso a la salud y a la educación, las necesidades básicas insatisfechas, entre otras, son también elementos que ayudan a los explotadores a sacar ventaja. Las mujeres adultas, las niñas y las adolescentes son las más vulnerables a ser víctimas de la trata de personas. Son ellas las mayormente elegidas para las explotaciones tanto laboral como sexual. Pero también sucede con hombres negados y explotados en trabajos forzosos o niños y adolescentes que reciben ofertas para desarrollo de carreras deportivas que resultan ser un engaño. Muchas niñas de hogares humildes son obligadas a dejar sus estudios y son enviadas a realizar trabajo doméstico en hogares de desconocidos, y difícilmente puedan volver a encontrar a sus familias. El crecimiento tecnológico y el acceso del mismo a lugares en los que antes estaba ausente generó un elemento clave para el aumento de la trata. Luego del tráfico de armas y de drogas, la trata de personas es el tercer negocio más rentado del crimen organizado, según datos de las Naciones Unidas.
El término de “Trata de Blancas“ -sinónimo hoy de trata de personas- proviene del fenómeno que comenzó a fines del siglo XIX e inicios del XX que se refería al tráfico de mujeres blancas, europeas y americanas, para servir como prostitutas o concubinas en países árabes, africanos o asiáticos. El concepto ya no se usa actualmente puesto que perdió sentido, y fue reemplazado por el de trata de personas, que abarca a todas las víctimas de este fenómeno. El uso del término trata de blancas es además considerado peyorativo y discriminatorio.
La trata de personas comenzó a tornarse más pública en la década de los 80, cuando se incrementó la migración femenina transnacional, lo que produjo el aumento de denuncia de situaciones de vulneración de derechos en casi todas las regiones del mundo. Como es un fenómeno clandestino, resulta muy difícil establecer cifras o estadísticas. Sin embargo, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima que cada año aproximadamente un millón de hombres, mujeres, niños y niñas son víctimas de redes de trata en todo el mundo.
La Ley Palacios, sancionada en Argentina en 1913, constituyó un hito de reconocimiento mundial: fue la primera normativa en todo el continente americano destinado a proteger a las víctimas de la explotación sexual, combatiendo el flagelo y penalizando a los responsables. El autor y propulsor fue Alfredo Palacios, primer diputado nacional socialista de América Latina, quien a comienzos de siglo XX buscó acabar con la trata de mujeres en prostíbulos locales. Hoy, casi 100 años después, la Argentina cuenta con la Ley 26.364 -sancionada en 2008- que, retomando el espíritu protector de su predecesora, adecua las medidas destinadas a prevenir y sancionar el delito. El Ministerio de Justicia de la Nación es el organismo encargado de instrumentar la ley actual y garantizar su cumplimiento a través del programa “Las víctimas contra la violencia”. Desde su sanción en abril del año pasado, se han rescatado 390 víctimas.
Fuente: Informe de la Agencia Global de Noticias
Una condena en Argentina
Una mujer de 55 años fue la primera persona condenada por trata de personas en el país. El Tribunal Oral Federal (TOF) de la ciudad de Santa Fe la sentenció a 10 años de prisión. En el proceso se aplicó la nueva Ley de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas, que modificó el Código Penal y tipificó agravantes cuando las víctimas son menores de 18 años. La condenada es Julia Núñez, oriunda de la ciudad de Coronda, quien bajo la promesa de dar trabajo como empleadas domésticas, convencía a las chicas y a sus familiares para que las entreguen para luego ponerlas en manos de una red prostibularia que operaba en la localidad de América, en la provincia de Buenos Aires. La causa comenzó el 9 de enero de este año, en la ciudad de Coronda, a 45 kilómetros al sur de la capital santafesina, cuando una mujer identificada como Carmen, madre de Carolina F., de 13 años, denunció a la policía la ausencia del hogar y desconocimiento del paradero de su hija. La Fiscalía Federal había resaltado en la acusación que “en los dos casos en cuestión apareció la explotación de la víctima para ejercer la prostitución, la que generalmente se logra mediante amenazas hacia su persona o parientes”. La nueva ley considera a este ilícito como “delito federal”, lo que permitió a los jueces y fiscales federales transitar las diferentes jurisdicciones -sin pedidos formales en cada provincia- en busca de los responsables, lo que dio mayor celeridad al proceso penal.
Hay trata aunque no haya encierro
Otro caso en nuestro país indicó que la dueña de un cabaret en Córdoba debe continuar procesada por trata de personas a pesar de que no tenía encerradas bajo llave a las mujeres que trabajaban en el local. La Justicia consideró que las trabajadoras sexuales no habían “pactado” las tareas que realizaban. La causa tiene como principal procesada a Mónica Susana Gómez, alias “Fabiana”, propietaria de “Las Rejas”, en ruta nacional 9 en Río Segundo, y tiene como víctimas de trata a dos santafesinas, una de 18 años y madre de un niño de un año y medio, y otra chica de 17 años. Se comprobó que las trabajadoras sexuales vivían dentro del local y que incluso pernoctaban en las habitaciones en las que tenían sexo con sus clientes. Sólo se les brindaban alimentos para que se prepararan la cena y se les retenían el dinero que obtenían de los “pases” de los hombres. Dice el fallo de la Cámara que confirma el procesamiento que “si bien tienen la llave de ese boliche, cuando quieren salir, le tienen que avisar a la dueña“, quien les dice, según declaró una de las jóvenes, “si salen a tal hora, tienen que regresar a tal hora“. Además, la joven afirmó que “Fabiana” les guardaba el dinero “que ellas ganaban y que cuando necesitaban dinero para alguna compra, tenían que pedírselo y ella les entregaba la suma que pidieran. Que cuando iban a Santa Fe, recién les entregaba la totalidad del dinero que había recaudado“.







Gracias César por tus notas, siempre con datos precisos y planteos simples que me dejan pensando mucho. Seguí así y colga una foto tuya!!!
epa! qué levante Morielli…!!
El problema de fondo, de nuevo, es la hipocresía de la sociedad. Si a uno le preguntan qué hay que hacer con alguien que se dedica a la trata de personas para la prostitución (El Zalachenco de Stieg Larsson es todo un paradigma), o qué hay que hacer con una persona que recluta chicos en situación de vulnerabilidad para explotarlos laboralmente; la indignación es casi inmediata en todo el mundo. Inmediata y teatral.
En el caso de la explotación sexual, es mucho más claro. Los arquetipos de ideal sexual son cada vez más púberes; y los hombres entrados en años de la mano de jovencitas son sinónimo de éxito social: La mujer se cosifica, de la mano de los Tinellis y las campañas publicitarias de casi todos los productos de consumo masivo. Pareciera que determinados ejecutivos necesitan una Toyota 4×4, un traje de Etiqueta Negra y una novia de 20 años, para poder ¨pertenecer¨. El problema de ese tipo de oferta sexual, es, trágicamente, la demanda. Y la demanda no es casual; es producto de un bombardeo empírico permanente y perverso que indica que este mundo es para grandes billeteras y comportamientos (y aspectos) adolescentes. El terror al paso del tiempo, no tiene ya tanto que ver con la inminencia de la muerte, sino con el terror al paso del tiempo; con el pánico a quedarse afuera de un mundo que exige rostros tersos, culos parados y abdómenes chatos. A esto se suma la moda del autismo social que presuponen las falaces redes sociales, las vidas que se construyen desde un teclado. Gente que se masturba con la bisexualidad de Britney Spears, Megan Fox, o la preadolescente de turno; y que va rompiendo escrúpulos morales hasta terminar ejerciendo el poder que presupone la billetera para poder distender sus fantasías preconcebidas e hiperestimuladas. Y el marco legal no ayuda; una relación entre un pibe de 21 y una de 17, no es lo mismo que la relación entre un cincuentón y una preadolescente. Desde la óptica progresista uno piensa en primera instancia ¨que cada uno garche con quién quiera y cómo quiera, mientras sea una relación consentida¨; pero ¿Qué es consentida? Porque pareciera no bastar el asentimiento; hay algo más, no deberían haber factores de presión circunstancial que puedan forzar una voluntad. Y ahí se abre un nuevo debate: ¿A qué edad es una persona plenamente responsable de su sexualidad? No pueden dejarse de lado los cambios estadísticos respecto a la vida sexual de los jóvenes.
La pasividad social es cada vez más tenue en este sentido: a todo el mundo le fascina la Lolita de Nobokov y el Rodion de Dostoievski. Pero la gente se escandaliza y se paranoiquea con los asesinos productos de la opresión social, y sin embargo enaltece a los jovatos que se levantan pendejas. Hay una fascinación con el poder que se plasma trágicamente en fálicas prepotencias que disfrutan sometiendo. Y ese problema es primitivo; y en consecuencia, intelectual.
El problema es cuando nadie ve. La exposición es una arista fundamental del funcionamiento de las sociedades (Ensayo sobre la Ceguera, José Saramago). Y ahí juegan un rol siniestro y silencioso los medios de comunicación y su arista publicitaria. La perversidad, la violencia, la sexualidad; todo vende. Y los medios son empresas desesperadas por vender y despreocupadas por las consecuencias.
En la otra arista, en la laboral; la hipocresía es más sutil pero igual de terrible. La clase media especuladora y mezquina, y las clases altas; paran en los semáforos y miran con asco a los pibes que piden monedas y dicen que piden para comprar Paco; porque de una manera elemental esperan que eso sea así. Porque un pibe que se quema la cabeza es un problema irreversible, y las responsabilidades se mueren en cada puta pitada. En cambio un pibe que pide porque hay un inescrupuloso que lo manda; es mucho más complejo. Porque un pibe que roba un celular que esa misma clase media compra después en lugares donde el origen es dudoso, y en el fondo se sabe que se alimenta el axioma; es mucho más peligroso.
La justicia tiene que preocuparse por resolver las desigualdades que vienen dadas; porque a lo que debemos aspirar es a una igualdad de oportunidades. La naturaleza del mundo es injusta; y la responsabilidad intelectual que nos aúna, es la de resolverlas, la de no resignarnos a ellas.
Buenas a tod@s! que tema complejo este!! pensando en la nueva ley de trata con la que cuenta el país, hay un punto en el que considero que no sigue el espíritu de la ley Palacios…la nueva ley, planteando el tema del consentimiento, impone un obstáculo gigantesco a la lucha contra el delito y a la protección de derechos de las víctimas del mismo. Lo que me resulta interesante es el hecho de que el consentimiento apela a una autonomía que vaya a saber una donde se sostiene (pensando en personas que ven vulnerados sistemáticamente sus derechos)…pensando en los casos con fines de explotación sexual habrá que reflexionar sobre cuál es la concepción de autonomía que se piensa deben poseer las mujeres…¿cuando hablamos de explotación sexual puede consentirse la propia explotación y cuando hablamos de aborto no hay posibilidad de decisión alguna? ¿que concepción de autonomía subyace a la legislación nacional que habla sobre los cuerpos de las mujeres? Saludos!