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Escribe César Morielli

Tu casa es mi casa

Vivir como ratas

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Tranquilamente puede transformarse en aquel reconocido juego que Silvio Soldán utilizaba como filtro para la escalada final al cofre de la fortuna para regalar un viaje de egresados en el desaparecido “Feliz Domingo”. “Nombre villas de emergencia o asentamientos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Sin repetir y sin soplar. Tiempo en el aire… ya!:”

Los datos suelen actualizarse anualmente, así que habrá que esperar al 2010 para conocer cuánto crecieron estas cifras, si es que tenemos la suerte de que alguna ONG o institución del Estado se tome la molestia de contar cuanta gente vive para la mierda.

Tome aire y déle nomás. Lea de corrido lo publicado por diario Crítica a principios de este 2009: Morixe, el ex AU7, el de la Reserva Ecológica, Los Piletones, Calacita, calle Zabaleta, Av. Eva, Perón la Villa Dulce, y las villas 1-11-14, 3, 6, 13 bis, 15 Ciudad Oculta, 16, 17, 19, 20, 21-24, 26, 31 y 31 bis Saldías.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hay 21 villas de emergencia o asentamientos. El total de habitantes de villas en la Ciudad Autónoma ascendió de 108.056 en 2001 a 167.500 en 2008, según estadísticas de la Defensoría del Pueblo local. El 72 % se encuentran en el sur de la ciudad.

Para colmo, para 2006, se sumaron 24 nuevos asentamientos precarios con una población estimada en 12 mil personas.

Los asentamientos son un rasgo de emergencia habitacional, higiénica, sanitaria, (y siga enumerando) por excelencia. Pero desde Europa se exportó el fenómeno Ocupa, que se sumó a los autóctonos linyeras que viven en la calle, plaza o puente, a los que se acoplaron aquellos que deambulan de pensión en pensión. El escenario de la ocupación del espacio de los sectores relegados es cada vez más alarmante y preocupante. Desde el punto de vista humano y sensible, pero también para aquellos inescrupulosos que se preocupan por el valor de la tierra que ocupan.

Las primeras villas en la ciudad y el conurbano aparecieron con la proliferación del perfil industrializado que quiso adoptar nuestro país. Obreros del interior y países limítrofes se llegaron a la Reina del Plata a buscar salida laboral. Con suerte o sin ella, muchos terminaron asentándose en terrenos baldíos y alejados de la Capital. El fenómeno se acrecentó cada vez más y el tópico de aquel que se apostaba donde podía fue cambiando de tinte.

La evolución demográfica de las villas de emergencia marca un quiebre evidente durante los años de la dictadura. En 1976 había 28 villas y seis barrios precarios que albergaban a 220.753 personas, que fueron erradicados compulsivamente con el proyecto militar de “embellecer” la ciudad. En 1980, la Comisión Municipal de Vivienda sólo registraba 34.554 personas en situación de precariedad.

Según el último “Diagnóstico de la situación social en la Ciudad de Buenos Aires” elaborado por el Ministerio de Desarrollo Social del gobierno porteño, el 8,4% de la población es pobre (257.930 personas); el 3,6% vive en la indigencia (110.541 personas); el 14,6% de los menores es pobre (casi 100 mil).

Como es sabido, paradójicamente (o no) también se ha multiplicado el crecimiento de empleo y de la economía. En otras palabras, la famosa brecha entre los que más tienen y los que no. La manifestación más visible de esta diferencia es la situación habitacional y la ocupación del espacio público o privado.

Además existen los “centros transitorios, hoy devenidos en permanentes: el Núcleo Habitacional Zabaleta de Barracas, por ejemplo, nacido durante la dictadura de Onganía para relocalizar a los habitantes de diversas villas durante doce meses se transformó en cuarenta años. Allí viven ahora unas 3.000 personas. Algo similar ocurre en el Parque Roca, donde fueron mudados los habitantes de la Villa El Cartón después del incendio de febrero de 2007. Entonces se les prometió una solución definitiva en 120 días. Hoy viven allí más de 1.500 personas”, dice la nota de Diario Crítica.

LA VILLA 31 COMO CASO PARADIGMATICO

El informe de Lanata en Crítica es esclarecedor en relación al asentamiento más discutido por estos días, con cortes de ruta en la autopista y un crecimiento urbanístico sin precedentes.

“La Villa 31 nació en la década del treinta como Villa Desocupación y ya en el censo de 1934 registraba 2.903 habitantes buscando la cercanía del puerto y las terminales ferroviarias. Llegó a ser una de las villas más organizadas de la ciudad. Cada uno de sus seis barrios tenía una comisión vecinal (Saldías, Laprida, Comunicaciones, YPF, Güemes e Inmigrantes) y estaban organizados por manzanas y pasillos. La Villa 31 bis está asentada en suelo de Ferrocarriles Argentinos gestionado por el Onabe y la 31 tiene múltiples dueños: la Administración de Puertos, Repsol YPF y la Armada”.

“El debate Mauricio Macri-Aníbal Fernández comenzó con un espía: el arquitecto Juan Carlos Poli, quien se hizo pasar por fumigador y visitó 26 veces la Villa 31 para hacer un relevamiento y, eventualmente, frenar las construcciones en altura. Poli le cobró 40.000 pesos al ministro de Espacio Público por su trabajo y descubrió unos 600 casos de viviendas con varias construcciones en los pisos superiores. Muchas de ellas –dijo Poli en su informe– han crecido ocupando zonas de calles y hasta los postes de iluminación pública han quedado dentro de las viviendas. Aunque subrepticia, era la primera intervención del Estado en el caso después de décadas, pero no entraba para instalar servicios públicos, para proveerlos de gas, agua corriente o teléfonos, siquiera para mudarlos a un sitio más humano, sino para destruir su precariedad”.

DESALOJOS

En la revista “Hecho en Bs. As.” de febrero 2008 informa que “durante el 2007, unas 25 mil personas fueron desalojadas en Buenos Aires y se especula con que la cifra se triplique durante el 2008, en un contexto de un altísimo déficit habitacional, cuyos datos certeros tardan en llegar: desde 2001 que no se dispone de estadísticas oficiales que den cuenta de la crisis que se enfrenta, lo cual parece claramente plasmado en los programas con los que se pretende paliar dicha crisis. Es decir, si no hay datos, poco se sabrá de cómo abordar el tema, si la idea es paliar la crisis”.

En julio de 2004 la Legislatura decretó la Emergencia Habitacional y el decreto sigue hasta hoy. Se creó un Fondo de Emergencia Habitacional para asignar a los programas existentes que apuntaran a solucionar la carencia habitacional de las personas afectadas.

Desde la Campaña Internacional “Desalojos Cero”, explican que “el hecho de que no hayan datos sobre la crisis habitacional tiene que ver específicamente con que en Capital lo único que importa es la expansión del negocio inmobiliario, del que somos víctimas”.

Ante la emergencia habitacional dictada por la Legislatura, se implementó el Programa de Atención a Familias en Situación de Calle (PAFSIC) que depende del Ministerio de Derechos Humanos y Sociales del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El plan establece el otorgamiento de un subsidio (por única vez) a aquellas familias que se encuentren en inminente situación de desamparo habitacional, o se hallen transitoriamente sin vivienda o refugio por causa de desalojo, a las cuales se les da hasta $ 2.700, que se abonan en seis cuotas mensuales de  $450 a cada grupo familiar que demuestre con sentencia judicial de desalojo su situación de emergencia habitacional.

En el otro extremo aparece la polémica de las torres altísimas que son construidas en barrios residenciales. Gigantescas moles de cemento que muchas veces están deshabitadas y que aparecieron luego de la crisis del 2001 como inversión firme de capitalistas que ya no quisieron apostar al sistema financiero. Gran parte de esos lotes están sin vender, o alquilados a personas con poder adquisitivo.

En contraste, los planes de vivienda del gobierno no se llevan a cabo y son minúsculos al lado de la necesidad reinante.

“Las estrategias habitacionales alternativas en la ciudad van siendo cada vez más difíciles de acceder. Eso se debe también a la restricción cada vez mayor de acceso al mercado formal de tierras y de inmuebles, junto con la falta de políticas concretas de generación de hábitat social. El resultado: Las personas que carecen de oportunidades de inserción social y laboral, terminan ocupando terrenos que dan origen a los asentamientos informales que son totalmente precarios, incompatibles con la dignidad de la persona humana”, dice la revista “Hecho en Bs. As.”.

La vivienda es entendida como el alojamiento del núcleo familiar, primer eslabón de organización social. Así entonces no es tan difícil imaginar las repercusiones de alteración cultural que provoca esta crisis sin intenciones de ser resuelta.

Y ahí aparece una cuestión clave para entender el escenario caótico en el que vivimos: Miles de personas sin trabajo, creciendo, viviendo y sociabilizando en condiciones precarias, admirando con estupor las deferencias con los que viven entre altas murallas y piletas. ¿Qué otra cosa esperaban?

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