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Escribe Silvana Jáuregui [+]

VISIONES DE LA TIERRA DESTERRADA

Saliendo de la tumba

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Evocar la tierra nos lleva a ese lugar de posesión, la tierra que supimos o debimos conseguir, mandato elocuente que atraviesa nuestra historia signada por devenires de golpes de estado,  saqueos, crisis económicas, antinomias y desafortunadas elecciones que nos privaron de esa tierra prometida… convirtiéndola en una constante contracara, puntualizando como valor de entendimiento tanto el exilio como  el destierro. Así es que fuimos aprehendiendo a despojarnos, empezando por Mariano Moreno, un exilio seguido de muerte, desde San Martín hasta Perón y sin lugar a dudas el exilio o autoexilio durante los años 70 por la criminal violencia de la triple A, mucho antes de la cruenta dictadura.
1976. Un visionario, un artista , un hombre sensible que imaginó el infierno por venir…” La noche entre el 23 y el 24 de marzo de 1976, nos encontrábamos reunidos en mi taller de la calle Esmeralda Hamlet Lima Quintana, Armando Tejada Gómez y el pintor Enrique Sobisch. Seguíamos por radio los acontecimientos del nuevo golpe de Estado. No imaginábamos esa noche cómo iban a cambiar nuestras vidas. Lo supimos a la mañana siguiente, cuando apareció muerto nuestro entrañable amigo, el editor Alberto Burnichón, que fue secuestrado por un grupo parapolicial junto a su hijo menor.”…“ yo venía haciendo ya desde el 72 y 73, una serie que se llamaba “ El ganado y lo perdido”. El ganado y lo perdido eran una especie de reflexiones plásticas que hacía sobre el por qué de la violencia en la Argentina. De por qué yo había ilustrado “El Matadero”, “La guerra del malón”. Ya veía ciertas reiteraciones de la sangre, de los carniceros, de los enfermeros, de la violencia. Y todo eso viviendo en Roma empezó a aparecer… a partir de unas manchas que hacía con una camiseta con la que golpeaba la tela…Y empezaron a aparecer ciertas imágenes de personas desaparecidas. Quiero decir encarceladas o con los ojos tapados, o familias desmembradas…en fin”.
 El 26 de abril de 1976, un mes después del golpe militar, Alonso inauguró la muestra “El ganado y lo perdido” (Art Gallery, en Florida al 600. En sus obras se puede ver la violencia del mercado y la muerte; los verdugos encaramados con el poder de ejecutar con la satisfacción de haber “ganado”, matones, milicos, carniceros, hombres de negocios, matarifes, enfermeros, camilleros… Personajes metafóricos de la violencia y también las víctimas los que “perdieron”, presagio de los desaparecidos, los ojos vendados, las figuras en blanco como borradas, los rostros ausentes y  las marcas de la violencia . Una amenaza de bomba obliga  a levantarla y define el exilio del artista a España.
Y NOS ROMPIERON la tierra , sembrando el terror,  llenando las grietas con el amor derramado, provocando la ruptura de los afectos y proyectos, estableciendo la salud del silencio y del olvido, por eso hoy ya no somos los mismos, nos invade la nostalgia, el dolor de lo perdido y la añoranza que nos queda cuando vemos los ojos de nuestros “hijos”.

“Esa mañana tomamos un taxi hacia el aeropuerto de Ezeiza. En la vereda de Esmeralda y Paraguay, quedó saludándonos, con los brazos en alto, mi hija Paloma.”
Fue la última vez que la vi.”
Carlos Alonso: Nació en 1929, en Mendoza, estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes. Es uno de los más notables artistas plásticos argentinos. Irrumpió con fuerza en el panorama artístico de los 60 por la potencia de su trabajo y su compromiso político. Estudió con Gómez Cornet y Spilimbergo. Su arte deriva rápidamente hacia formas cada vez más libres y expresivas -simultaneidad de la imagen, ruptura del plano, uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop- que lo llevan a adherir al movimiento conocido como Nuevo Realismo.  Entre sus obras más conocidas se encuentran los célebres dibujos de El Quijote y el Martín Fierro. En 1971, expuso en la Galería Esmeralda sus dibujos a lápiz donde da cuenta de la muerte del Che Guevara. ese mismo año desembarca con su obra en Italia, donde luego deberá exiliarse a partir de 1976. En Buenos Aires, la dictadura militar secuestra a su hija Paloma. De regreso al país, en 1981 se radica en Unquillo, donde vive en la actualidad, nunca ha dejado de denunciar con sus obras la injusticia social y el dolor en sus diversas formas.
 Lic Silvana Jauregui

Publicado el 1 Septiembre de 2009
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