Editorial
La inseguridad
¨somos seis millones¨
Mariano Grondona en Hora Clave
La primera gran crisis del capitalismo se desencadenó en 1873 y encontró al país con déficit comercial. Caía el precio de la lana y para nivelar el déficit hubo que exportar oro, afectando el respaldo de la moneda nacional circulante. También hubo que contraer deudas, cuya cobertura tuvo a favor un oportuno crecimiento de la agricultura. Para alimentar ese crecimiento era necesaria más extensión de tierra, de llanura. Fue así como el ministro de guerra del Presidente Avellaneda, el señor Alsina, cien años antes del último golpe militar, creó un sistema de zanjas que permitió aislar la pampa húmeda de los indios y el malón. Se combatía el robo de ganado, se construía la tranquilidad necesaria para poblar esas zonas con ¨las familias¨ de ¨la civilización¨.
Camino al bicentenario
A de Narvaez no lo junaba nadie. Nadie sabía todavía ni si quiera que era el dueño de Casa Tía, un multimillonario colombiano nacionalizado argentino y relacionado al tráfico de efedrina.
Un día aparecieron afiches y una dirección web: mapadelainseguridad punto com, el cambio empieza un día.
Se compró un canal de televisión, América, y vendió inseguridad y antikirchnerismo por meses hasta instalar bien instalado un crimen que sólo se cometió una vez, pero que el noticiero ya lo pasó quince veces en un solo día.
Su aliado Macri, ya puso en la ciudad ciento setenta cámaras de seguridad en plazas y esquinas. Nadie las pidió. Nadie licitó tampoco la empresa que las colocó, pero en breve serán 300 cámaras. ¨es una respuesta frente a la gran preocupación que genera la inseguridad¨ No, no es la novela 1984 de Orwell, es la Argentina donde Macri dice que su principal línea de trabajo es ¨recuperar el espacio público para los vecinos¨.
Vivimos en una guerra: la casa es nuestra trinchera, el fuerte junto a otros fuertes, el intento de defenderse de lo oscuro de la calle. Afuera los justos combaten contra los salvajes, los exterminan, los ponen como ejemplo de lo indeseable. Nosotros en cambio, indefensos e inocentes de todo, esperamos: Acá hay una guerra. El punto es de qué lado poner el pecho y a qué lado apuntar el culo.
La contradicción que señaló genialmente sarmiento sigue latiendo en todos estos hechos: los civilizados y los bárbaros, nunca de acuerdo, siempre en beligerancia. Los civilizados quieren la casa y los bárbaros se obstinan en adueñarse de ella.
¿Cuántas veces en la historia se construyó la idea de un enemigo interno?, las mismas veces que fue necesario distraer nuestra mirada de la realidad. Porque, hay que decirlo, son hábiles.
Un enemigo interno, decía Roca: el indio bárbaro.
Un enemigo interno, decía la junta militar: la subversión.
Un enemigo interno, decía la iglesia: los comunistas.
Un enemigo interno, decía el turco: el estado.
Un enemigo solo, dicen: el marginal.
El joven drogadicto, el que usa esas gorritas con visera. Es, sí, ese. Usted sabe.
Entre los años 2002 y 2003, luego de la crisis económico-social, después del estallido del 2001 aparece el paco al módico precio de un peso. La resaca de la merca entró en los barrios y las villas, instaló sus cocinas de premoldeado junto a las casas de los humildes, de los que no tienen nada. Ahí está otra vez, el paradigma neoliberal de la Ley de la máxima ganancia, esa con la que ganaron los que dejaron el Estado vacío y que ahora pretenden recuperarlo para solucionar la crisis de sus mercados. Es que no se podían perder el negocio de vender hasta las sobras, aún a costas de construir una generación zombie con ese paco que provoca disfunciones del aparato respiratorio, afecciones dentarias, quemaduras de laringe, lesiones de lengua, trastornos neurológicos, anorexia, excitación psicomotriz, convulsiones, trastornos cardíacos y psiquiátricos. Lesiona todo el cerebro, especialmente el lóbulo frontal, que tiene que ver con la conducta.
Pero no se asombre, esa generación de zombies también será ganancia, pues justificando su muerte tienden el trampolín para ganar las elecciones, para volver por el estado.
¿Por que los desesperados siguen esperando algo de
los mismos que lo desesperaron?
El concepto de delito contra la propiedad nace cuando las relaciones capitalistas insertadas en el campo del escenario feudal, liberan y mandan a la calle, al desarraigo, a las masas campesinas, que ahora son libres, pero no tienen que comer.
Al mismo tiempo que nace el delito, nace la pobreza como fenómeno social, la vagancia, la mendicidad, el robo y el hurto.
A nivel político, la inseguridad es siempre una sensación. Testimonia la dificultad del Estado en garantizar a la población un riesgo aceptable en los espacios públicos y privados. Es mucho más que el hecho delictivo en sí, expone como una fractura la falta de educación, salud, alimentación, vivienda, trabajo, justicia. La inseguridad es la expresión de una demanda insatisfecha, es la ausencia de un Estado que proteja, que prevea, que posibilite. Allí donde falte el Estado y sus políticas públicas, nace la inseguridad, la privatización del deseo.
Es cierto que el capitalismo ha guardado como constante la extrema miseria de tres cuartas partes de la humanidad: demasiado pobres para la deuda, demasiado numerosos para el encierro; el control no sólo tendrá que enfrentarse con la disipación de las fronteras, sino también con la explosión de villas miserias y guetos.
La estigmatización que se advierte en los medios sobre los asentamientos precarios, las villas, que son considerados como sinónimo de lugares de concentración de delitos, es escandalosa. Durante un siglo y medio la burguesía le ha propuesto las siguientes alternativas: o vas a la cárcel o vas al ejército, o vas a la cárcel o vas a las colonias, o vas a la cárcel o entrás a la policía.
En Argentina se producen dos mil homicidios dolosos al año, de ese total en unos doscientos han participado menores de dieciocho años. Mientras tanto en la región, ochenta mil niños mueren por violencia intrafamiliar y hay 17 millones de chicos menores de catorce años que trabajan, pero no hay marketing para eso. Los problemas sociales se han trasladado a problemas policiales. ¨el que mata tiene que morir¨, es un castigo justo, se dice, que ahorra gastos en cárceles, ejerce un saludable efecto de intimidación y resuelve el problema de la reincidencia suprimiendo al delincuente. Muriendo se aprende.
Apenas se derrumbó el muro de Berlín, se derrumbó el comunismo del este, se precipitó la historia como un castillo de naipes que el viento empuja. En occidente, en el corazón del imperio, se cayó otro muro, The Wall Street, pero no el capitalismo.
Hará falta para esto no sólo una crisis de magnitudes gigantescas como esta; es y será necesario una alternativa real que perfore la idea de que el mercado puede satisfacer nuestras demandas. Será tarea de nuestra América (el nuestro, el continente más desigual del planeta donde el diez por ciento más rico gana cincuenta veces lo que el diez por ciento más pobre) la de poner nuevamente en el mundo la idea de que los pueblos hacen su historia y son ellos el único poder, la garantía humana sobre las injusticias infinitamente cometidas.
¨Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance. A mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad¨.
Rodolfo Walsh, Carta abierta de un escritor a la junta militar




Excelente trabajo, sigan adelante, acá estamos los del otro lado del muro.
Excelente reseña, Julián… cómo duele que la lógica del panorama de exclusión y marginalidad responda tan claramente a una planificación prolija y perversa del sistema que a su vez vende una lógica diametralmente opuesta… y gana.
Abrumadora es la cantidad de informacion brindada, seguramente muchos de nosotros estamos al tanto de esto. Mas abrumador aun ver esta informacion condensada. Hace falta. Sigan adelante, aca hay gente que los lee.
Otra vez con el circulo vicioso de los ricos y pobres, los gobiernos malos y buenos, el liberalismo y el comunismo etc. etc. etc. Pero, ¿cual es la causa mayor, en esta misma época, de los males que aquejan al hombre? Es el hombre mismo, el hombre que se reproduce en forma incontrolada y que ya desborda el mundo, que ya no puede producir mas alimentos infinitamente. Gente que engendra gente, gente que depreda la Tierra, gente miserable que trae al mundo mas miserables que no tienen mas futuro que el de morirse de hambre. Por favor!
La única solución es, urgentemente, controlar la natalidad en forma efectiva, por supuesto, sin matar a nadie, que los pobres dejen de engendrar pobres y repartir la producción en forma equitativa. Por supuesto, que estos idiotas que conducen el mundo, hacen y haran todo lo contrario. Y por suerte o por desgracia, está la naturaleza, que, como siempre se regulará sola cuando llege el momento, con una crueldad nunca vista, y quizas alguno quede para comentarse a si mismo como siempre:¿Que soy y adonde voy?