www.gastonvera.com.ar
La ciudad
Abarcar la ciudad de Buenos Aires supone desentrañar un escenario; espectáculo de la fluidez y la transitoriedad, de los templos del consumo y los grandes basurales. En ella –la otrora Europa latinoamericana- revive día a día y noche a noche un espectáculo infernal, donde el conglomerado de información ahoga la comunicación, donde los pasos apurados y las miradas que miran sin mirar, anulan el encuentro, donde la libre circulación encuentra sus propias barreras sociales.
Las luces alternan con las sombras, construyendo los mitos de la civilidad y del ser ciudadano. De un lado, los moldes del “ser en la ciudad” alentados por los grandes medios de comunicación. Del otro lado, las fauces del infierno con sus condenados, rémoras de la barbarie en la que perdura la noche, el reverso nocturno y asocial de la ciudad celeste. En efecto, la ciudad ofrece un reverso diurno y un reverso nocturno, en donde se juegan los resortes de una antinomia erigida a fuerza de sangre y fuego: la civilización y la barbarie.
Como en el infierno dantesco, la ciudad moderna es un sitio de saturación de los sentidos. Pero el sentido es capturado y, ya masticado, se entrega al ciudadano (anclado en el ensimismamiento que promueve el culto al individualismo) que lo recibe por medio de carteles luminosos que enceguecen la capacidad de ver. Ametrallada la posibilidad creadora y vaciada la mirada de la facultad de registrar críticamente su entorno, lo que restan son ojos que (a semejanza de los descriptos por Baudelaire) han perdido la facultad de ver.
Pero el infierno se nutre de una paradoja: alberga en su interior el cielo prometido. El cielo que se ostenta desde las grandes avenidas (claro está) contrasta con los callejones escondidos que las persiguen con ojos oscuros a dos o tres cuadras de distancia. De un lado, los templos del consumo, del otro, los despojos que el mismo templo genera y, luego, despedaza.
En efecto, la ciudad ejerce su propio dominio mágico desde los templos del consumo que se alzan por sobre la ruina ciudadanas. La ebriedad de y por la mercancía aglutina a los ciudadanos- clientes detrás de las vidrieras pobladas de oportunidades de ser.
Fotos: Gastón Vera
Texto: Mariana Sverlij




Muy buenas fotos, y el texto también….tal vez ya no es tan poética la cuidad y sus monstruosidades ya dejaron de ser pintorescas…